Stephen apestaba a pescado-. Esta ha sido la primera vez que he ido de pesca.

– Se ha caido dos veces al agua -intervino inesperadamente Andrew, mientras entraba, junto con Nathan, en el jardin.

La mirada de Hayley se centro en las costillas de Stephen.

– ?Te… se ha hecho dano?

– Unas pequenas punzadas, nada mas. Y no me cai, sino que me empujaron esos gamberros -informo Stephen a Hayley senalando con dedo acusador a los dos chicos, que se estaban riendo-. Tiene que ensenarle buenos modales -anadio mientras le guinaba un ojo exageradamente.

– ?Nunca habia ido de pesca hasta hoy? -pregunto Hayley sorprendida.

– Nunca. Yo soy tutor, no pescador. No se me habia presentado la ocasion, hasta hoy. Y he de admitir que, para ser la primera vez, lo he hecho francamente bien. -Levanto su hilo de pescar y dirigio una mirada de admiracion a su exigua captura.

Hayley los miro a los tres y sacudio la cabeza. No estaba segura de que habia ocurrido exactamente en aquella salida de pesca, pero era evidente que los tres se lo habian pasado en grande. Y Stephen era quien tenia la sonrisa mas grande de todos.

– Venga, senor Barrettson -insto Nathan a Stephen estirandole del brazo-. Entreguemosle lo que hemos pescado a Pierre para que pueda empezar a preparar la cena.

– Ahora tengo que irme -informo Stephen a Hayley con una sonrisa de suficiencia-. Ya sabe, Pierre nos espera en la cocina. -Le dedico otra radiante sonrisa y dejo que Nathan le guiara.

Hayley observo al trio y se tapo la boca con la mano para evitar estallar en carcajadas mientras se alejaban.

Stephen tenia una raja en los pantalones de montar justo a la altura de las nalgas.

– ?Que plan teneis para esta manana, chicos? -pregunto Hayley a sus hermanos al dia siguiente a la hora del desayuno-. Tenemos algunas clases pendientes.

Andrew y Nathan dirigieron sendas miradas anhelantes y suplicantes a Hayley.

– El senor Barrettson se ha ofrecido a darnos clase hoy. Habiamos pensado ir al prado. ?Te parece bien?

Hayley miro a Stephen sorprendida.

– ?Clases al aire libre? ?He oido bien?

Stephen la miro por encima del borde de la taza de cafe.

– Si. Debo zanjar una deuda de honor con los chicos y he pensado que podria darles clase al mismo tiempo. Si usted no ve ningun inconveniente, claro.

– No. No veo ningun inconveniente -musito Hayley, extranada-. ?Que tipo de deuda de honor debe zanjar con los chicos?

– Andrew y yo hicimos una apuesta antes de ayer por la noche y perdi.

Hayley enarco las cejas.

– ?Aposto… con Andrew? ?Y perdio?

– Por lo visto, no era mi noche para las apuestas -dijo esbozando una sonrisa.

Hayley se ruborizo hasta las raices del cabello cuando recordo en que habia desembocado su apuesta con Stephen.

Sin hacer ningun otro comentario, observo como los tres salian de la habitacion. No tenia la mas remota idea de que hacer con Stephen. Desde la discusion que habian tenido hacia dos dias y la posterior partida de ajedrez, lo encontraba cambiado. Menos reservado. Con todo el mundo, salvo con ella. A pesar de que habia sido educado y atento con ella en todo momento, de algun modo, habia erigido un muro invisible entre ambos.

Contrariamente, Stephen estaba mostrando un gran interes por Andrew y Nathan, primero acompanandoles a pescar y ahora embarcandose con ellos en una extrana aventura.

En la cena del dia anterior Hayley se habia sentado a la mesa dominada por los nervios anticipatorios, preguntandose si se volveria a encontrar a solas con Stephen. La cabeza le decia que se mantuviera alejada de el, pero su corazon le imploraba con la misma insistencia que lo buscara.

No tuvo que tomar ninguna decision al respecto porque Stephen se excuso poco despues de cenar y se retiro a su alcoba. Ella paso todo el tiempo comprendido entre la cena y la hora de acostarse trabajando en el despacho, intentando con todas sus fuerzas no sentirse decepcionada o confundida. Seguro que era mejor asi.

– Andrew y Nathan parecen haberle cogido mucho carino al senor Barrettson -comento tia Olivia, interrumpiendo los pensamientos de Hayley.

– Si, es verdad.

– Y el senor Barrettson tambien parece haberse encarinado con ellos -anadio Pamela, volviendole a llenar a Hayley la taza.

– ?Que me aten al travesano del puerto y me golpeen con el sextante! -dijo Winston a voz en cuello-. ?Por que no iban a gustarle los muchachos? Son buenos chicos, como su padre, que en paz descanse. Porque, si a ese asqueroso gorron no le gustaran los chicos, le obligaria a andar por el tablon de cubierta. -Luego dirigio una mirada fulminante a Grimsley-. ?Acaso estas buscando la forma de llevarme la contraria, enano escualido?

Grimsley se arreglo la chaqueta.

– Desde luego que no, aunque no me puedo imaginar donde vas a encontrar un tablon de cubierta donde hacerle andar.

– Tu no verias un tablon de cubierta aunque te golpearas la cabeza con uno -mascullo Winston.

– Yo se donde hay una tabla -intervino inesperadamente Callie mientras acunaba a la senorita Josephine en sus brazos-. Hay una tabla grande ahi fuera, cerca del corral de las gallinas. -Se volvio hacia Winston-. La vimos el otro dia, Winston. Usted se tropezo con ella y se cayo de morros sobre las cacas de las gallinas, ?no se acuerda? Y entonces grito: «?Asquerosamente condenado trozo de madera! Menudo hijo de…»

– ?Callie! -se apresuro a interrumpir Hayley-. Estoy segura de que Winston no queria decir unas palabras tan inapropiadas. -Lo miro con seriedad- ?Verdad que no, Winston?

El ceno de Winston indicaba claramente que queria decir cada una de las palabras que dijo y algunas mas, pero suavizo su expresion cuando miro a Callie.

– Lo siento -susurro-. Me olvide de que la chiquilla andaba cerca.

Grimsley murmuro algo entre dientes y empezo a quitar la mesa. Hayley solto un profundo suspiro, rogo a Dios que le diera paciencia y cambio de tema.

– ?Que creen que tienen pensado hacer hoy? -pregunto-. Espero que Andrew y Nathan no hayan pensado en nada demasiado cansado desde el punto de vista fisico. Estoy segura de que a Ste… al senor Barrettson todavia le duelen las costillas, y el hombro aun no se le ha curado por completo.

– El senor Barrettson parece un ejemplar de lo mas saludable -dijo Pamela con una risita guasona-. Estoy segura de que puede seguir el ritmo de Andrew y Nathan.

– Ya lo creo que si -anadio tia Olivia-. El senor Barrettson es realmente un buen ejemplar. Tan viril, tan apuesto y tan ancho de hombros. ?No te parece, Hayley, querida?

En los pomulos de Hayley empezaron a arder las llamas del infierno.

– Bueno… si. Es bastante… eso, un buen ejemplar.

– Y es muy simpatico; encantador, de hecho -prosiguio tia Olivia, obviamente sin darse cuenta de lo violenta que se sentia Hayley.

– No sabia que usted hubiera pasado tanto rato con el, tia Olivia -dijo Hayley levantando un poco la voz.

Tia Olivia cogio sus agujas de hacer punto para proseguir con su labor.

– Oh, si. Pasamos un rato muy agradable ayer por la tarde. Mientras tu estabas en el establo con los ninos, el senor Barrettson me ayudo con mis tareas domesticas.

Hayley y Pamela intercambiaron una mirada de extraneza.

– Pero a usted le tocaba sacar el polvo de la biblioteca -dijo Pamela.

Una sonrisa de oreja a oreja ilumino el rostro de tia Olivia.

– Exactamente. Y el senor Barrettson utiliza el plumero bastante bien, y llega mucho mas alto que yo. Bueno, he de admitir que al principio se mostro algo reacio, horrorizado, en realidad, pero el muchacho enseguida le cogio el tranquillo.

– ?Como consiguio convencerle para que sacara el polvo? -le pregunto Hayley entre risas.

– Bueno, me limite a pasarle el plumero y a pedirle que me ayudara. -Tia Olivia dirigio una mirada directa a

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