Incapaz de pronunciar palabra alguna con aquella angustia que se le clavaba en la garganta, Hayley asintio nerviosamente con la cabeza y desaparecio corriendo a toda velocidad hacia el establo. Cuando llego, ensillo rapidamente a Pericles y, sin pensar ni por un momento en lo poco femenino de su comportamiento, se levanto la falda hasta los muslos, salto sobre el caballo y lo monto a horcajadas.

Apreto las rodillas contra los flancos de Pericles, y galoparon hacia el pueblo como alma que lleva el diablo.

Capitulo 14

Media hora despues, Hayley entraba como un rayo en casa de los Albright con el doctor Marshall Wentbridge pisandole los talones.

– ?Donde estan? -pregunto a Grimsley jadeando.

– En la alcoba del senorito Nathan -dijo Grimsley retorciendose las nudosas manos, visiblemente preocupado.

Hayley subio las escaleras de tres en tres, seguida de Marshall. Cuando llegaron a la puerta de la alcoba, entro Marshall y ordeno que saliera todo el mundo.

– Les dire algo en cuanto le haya examinado -dijo con firmeza, y luego les cerro la puerta en las narices, dejandolos angustiados en el pasillo.

– ?Ha recuperado la conciencia mientras yo estaba fuera? -pregunto Hayley mirando alternativamente a Stephen y a Pamela, temiendose la respuesta que se reflejaba en la expresion de ambos.

Stephen nego repetidamente con la cabeza.

– No. Se ha quejado un par de veces, pero no ha llegado a abrir los ojos.

– ?Se va a morir? -pregunto Callie con un hilillo de voz y expresion asustada. Apreto a la senorita Josephine contra su pecho y miro a Hayley con los ojos como platos.

Intentando desterrar sus propios miedos, Hayley se arrodillo y abrazo a la pequena.

– No, carino, Nathan no se va a morir -le contesto, intentando con todas sus fuerzas que no le temblara la voz. «Me niego a dejarle morir.» Le dio un beso en la frente y anadio-: El doctor Wentbridge va a dejar a Nathan como nuevo. De hecho, estoy segura de que va a despertarse pronto, ?y que te apuestas a que lo primero que querra hacer sera comerse una de las galletas de azucar de Pierre?

– Seguro que si, Callie -intervino Pamela-. ?Por que no nos vamos las dos a la cocina y preparamos una merienda con todas las pastas preferidas de Nathan?

Callie inspiro haciendo ruido por la nariz y luego se la froto con el dorso de la mano.

– ?Una merienda con pastas? -pregunto, mirando a todos los presentes.

– La merienda mas maravillosa del mundo -le prometio Hayley con una sonrisa.

– De acuerdo -dijo Callie, dandole la mano a Pamela y dejandose guiar hacia la cocina.

Hayley se volvio hacia Andrew.

– ?Por favor, te importaria ir a ver como estan Pericles y el caballo del doctor Wentbridge? Los hemos dejado atados en la entrada. Los dos necesitan agua y pienso, y Pericles que lo cepillen.

Andrew miro de soslayo la puerta cerrada.

– ?Me explicareis lo que diga el medico? -pregunto, visiblemente reacio a marcharse.

– En cuanto salga de la habitacion -le prometio Hayley. Dio a Andrew lo que intentaba ser una palmadita tranquilizadora en el hombro y luego observo como se alejaba. En cuanto su hermano estuvo fuera del alcance de su vista, a Hayley se le desplomaron los hombros y hundio el rostro en las manos.

Stephen sabia que estaba luchando por no perder el control, y eso le encogio el corazon. Estaba intentando con todas sus fuerzas parecer entera ante todo el mundo, pero el sabia que estaba aterrada. ?Maldita sea! Nunca se habia sentido tan impotente en toda su vida. No lograba recordar la ultima vez que habia pedido algo a Dios, pero desde que habian encontrado a Nathan no habia dejado de rezar para que el nino estuviera bien. Alargo el brazo y toco la manga de Hayley.

– Hayley -le dijo con dulzura, sufriendo por ella.

Ella levanto la cabeza de las manos y lo miro, mientras le resbalaban por las mejillas todas las lagrimas que llevaba rato intentando contener.

– Por Dios, Hayley, no llores, por favor. -A Stephen, la vision de aquellos ojos acuosos, anegados de lagrimas, y de aquel rostro palido de miedo le partia el corazon. Abrio los brazos y ella, con un sollozo entrecortado, se refugio en ellos.

Stephen la apreto contra su pecho y sus brazos la rodearon como dos barras de metal. Ella lo cogio por la cintura y se apreto contra su torso, hundiendo la cara en su hombro y mojandole la camisa con las lagrimas. Dandole delicados besos en el pelo, Stephen le susurro palabras dulces con el afan de consolarla. No sabia como ayudarla mas que abrazandola. Las lagrimas de Hayley atravesaron a Stephen, calandole primero la camisa y mojandole luego la piel hasta llegarle al centro del alma. Escuchando sus sollozos amortiguados, Stephen penso que el corazon le iba a estallar en mil pedazos.

Cuando los sollozos acabaron y dieron paso a una serie de hipidos, Stephen se dio cuenta de que habia pasado lo peor y se le escapo un suspiro de profundo alivio.

Rebuscando en el bolsillo del vestido, Hayley extrajo un panuelo. Se reclino hacia atras apoyandose en los brazos de Stephen y se sono sonora y nada femeninamente.

– ?Mejor? -le pregunto Stephen mientras una leve sonrisa tiraba de la comisura de sus labios. Cuando ella levanto la cabeza y lo miro, la sonrisa de Stephen se desvanecio completamente. Tenia los ojos enrojecidos y todavia se leia el miedo en su mirada.

– Estoy tan asustada, Stephen -susurro-. Primero mi madre, luego mi padre… -Se le escapo un sollozo-. No podria soportar si Nathan…

– Va a ponerse bien, Hayley -dijo Stephen con firmeza, y el sabia que habria dado cualquier cosa para que sus palabras se hicieran realidad. Vio como una lagrima solitaria se escapaba de las pestanas de Hayley y le resbalaba por la mejilla. Alargo el brazo y la capturo con un dedo. «No sabia que los angeles lloraran.»

Hayley hizo ruido con la nariz y se volvio a secar los ojos con el panuelo.

– Siento haber perdido el control de esta manera. No suelo hacerlo. Gracias por estar aqui. Por ser mi amigo. Por ayudar a Nathan. Por consolarme.

– No se merecen. – ?Dios! Parecia tan asustada, tan vulnerable, mirandole fijamente con aquellos inmensos ojos de agua.

Hayley alargo la mano y acaricio la mejilla de Stephen.

– Eres un hombre maravilloso, Stephen -le susurro.

Un fuerte impulso de proteccion se adueno de el. Sintio la abrumadora necesidad de derribar la puerta de la alcoba y sacudir al medico hasta que les asegurara que Nathan iba a ponerse bien.

Queria talar el odioso arbol que habia derribado a Nathan de sus ramas. Le invadieron emociones completamente desconocidas para el… emociones que le hacian querer destruir a cualquier persona o cualquier cosa que osara lastimar a aquella mujer que le estaba mirando como si el fuera una especie de heroe. Como si el importara. Como si tuviera algo mas que un titulo y un monton de dinero. «Eres un hombre maravilloso, Stephen», repitio para sus adentros.

Cerro momentaneamente los ojos y dejo que aquellas palabras resonaran en su interior. «Eres un hombre maravilloso, Stephen.» Nadie, ni siquiera su hermana, le habia dicho nada parecido en toda su vida. Y el sabia perfectamente que no tenia nada de maravilloso. Despues de todo, habia alguien que le odiaba lo suficiente como para querer verle muerto.

A Stephen se le hizo un nudo en la garganta. Queria decirle algo a Hayley, desenganarla, explicarle que lo que ella creia no era verdad, pero no le salian las palabras.

– Si, lo eres -le dijo ella con dulzura, como si le hubiera leido el pensamiento-. Tal vez no lo creas, pero lo eres. No solo eres maravilloso, eres noble, generoso y bueno. -Le puso la mano justo encima del corazon-. Lo que hay aqui dentro, en lo mas hondo de tu corazon, en tu alma, eso es lo que cuenta. -En sus labios se dibujo una tremula sonrisa-. Yo nunca te mentiria. Confia en mi. Lo se.

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