– Hayley, yo… -«?Dios!» Sabia que debia disculparse, pero se sentia incapaz de hacerlo. Habia sido demasiado hermoso. Ella era demasiado hermosa. Le embargo una profunda ternura. Trago saliva y lo volvio a intentar-. No podemos seguir asi, Hayley. No podemos seguir viendonos a solas. Echaras a perder completamente tu reputacion, y yo voy a acabar perdiendo la cabeza. No quiero comprometerte mas de lo que ya lo he hecho. -«?Maldita sea! En el fondo, me habria gustado llegar hasta el final. Me gustas demasiado, tanto que apenas puedo pensar con claridad.»
Las mejillas de Hayley se tineron de rojo carmesi, y ella hizo ademan de incorporarse.
– Por supuesto, tienes razon. Lo siento…
Stephen le puso un solo dedo en los labios, impidiendole acabar la frase.
– No tienes que disculparte por nada, Hayley. Yo asumo toda la responsabilidad de lo ocurrido. Pero no soy mas que un hombre, y no quiero poner en peligro tu reputacion. Y, si volvemos a quedarnos solos como hoy, lo hare. No creo que me pueda controlar otra vez.
Haciendo un gran esfuerzo para separarse de ella, Stephen se sento y luego ayudo a sentarse a Hayley. Se paso los temblorosos dedos por el pelo y emitio un largo suspiro. Las partes intimas le seguian palpitando y doliendo, pero el sabia que Hayley era la unica persona que le podria saciar, y era la unica que no podia tener. Menuda ironia que todas sus riquezas, haciendas y titulos no pudieran darle lo que realmente deseaba. El sabia que podria tomarlo sin mas, pero ?a que precio? «Me odiaria a mi mismo. Y, todavia peor, me odiaria ella. Tal vez no ahora, pero si mas adelante. Cuando me marchara.»
Al girarse hacia ella, vio que se estaba arreglando la ropa. Se veia vulnerable, confundida y mas hermosa que ninguna otra mujer en quien el habia posado los ojos. Tenia los labios enrojecidos e inflamados por los besos y los pomulos irritados por el roce con la barba. La melena castana le caia con un atractivo desorden sobre los hombros. El resplandor del fuego proyectaba un halo dorado a su alrededor. Era evidente que tenia que alejarse de ella. Ya.
Levantandose, le tendio la mano.
– Vamos. Te acompanare hasta tu alcoba.
Antes de que ella pudiera responder, la puerta de la biblioteca se abrio de par en par. Era Callie. Estaba de pie en el umbral, llorando como una magdalena.
– ?Hayley, Hayley! ?Por fin te encuentro!
Hayley fue corriendo hasta la pequena, se arrodillo ante ella y esta se le abrazo fuertemente.
– ?Que pasa, carino? ?Te duele algo?
Callie se aferro al cuerpo de su hermana mayor y sollozo en su cuello.
– He tenido una pesadilla, con monstruos peludos que se comen a las ninas pequenas. Te he buscado por todas partes, pero no te encontraba. Estaba muy asustada.
– Oh, mi preciosidad. Lo siento. Lo siento mucho. Ahora ya me has encontrado.
Hayley miro a Stephen con ojos afligidos. El casi podia leerle el pensamiento… «Mira lo que he hecho. Yo aqui, comportandome como una fresca mientras Callie me necesitaba. Le he fallado. ?Que tremenda equivocacion! ?Y si nos hubiera interrumpido hace cinco minutos?»
Hayley miro inequivocamente hacia la puerta y Stephen supo que ella queria que se fuera antes de que Callie se percatara de su presencia. Sin decir nada mas, Stephen se fue, cerrando la puerta silenciosamente detras de el y sabiendo que dejaba un trozo de su alma alla dentro.
Capitulo 16
– ?Interrumpo algo? -pregunto Justin al dia siguiente por la tarde. Entro en el patio de la casa de los Albright y enseguida se dibujo una mirada entre incredula y divertida en su rostro.
Stephen trato de mirar a su amigo con mala cara, pero era sumamente dificil parecer amenazante con una diminuta tacita de te entre los dedos. Todavia resultaba mas dificil teniendo en cuenta que estaba sentado a una mesa de tamano infantil, con el cuerpo replegado sobre si mismo, con las rodillas en contacto con el menton y las nalgas apretadas en una diminuta sillita. Dirigio a Justin la mirada mas seria que logro esbozar en tales circunstancias.
– ?Por que? No, que va, Justin. No interrumpes nada. De hecho, llegas justo a tiempo para unirte a nosotros. -Senalo una sillita vacia levantando levemente la barbilla-. Por favor, toma asiento.
Stephen casi se rie a carcajadas al ver la expresion de horror en el rostro de Justin.
– Oh, no -dijo Justin-. No es nece…
– No digas tonterias -le interrumpio Stephen-. Insistimos. Justin, permiteme que te presente a la senorita Callie Albright, la mejor anfitriona de todo Halstead. Callie, te presento al senor Justin Mallory, un buen amigo mio.
Callie miro a Justin desde debajo del ala de un inmenso sombrero adornado con plumas de colores.
– Encantada, senor Mallory -le dijo con una dulce sonrisa-. Sientese, por favor. Estabamos a punto de empezar a tomar el te. -Rodeo la mesa y saco una sillita para Justin-. Puede sentarse aqui, al lado de la senorita Josephine Chilton-Jones.
Stephen vio como la mirada de Justin deambulaba entre la minuscula silla, la muneca no demasiado limpia y la expresion expectante de la pequena Callie. Consciente de que habia perdido la batalla, Justin se acerco a la diminuta silla y se sento con suma cautela. Las caderas le chocaban con los brazos de madera y, al igual que Stephen, las rodillas le llegaban a la altura del menton.
– ?Maravilloso! -exclamo Callie, batiendo palmas entusiasmada-. Servire el te mientras esperamos a que Grimsley nos traiga las pastas. -Callie vertio el te ceremoniosamente en cuatro tazas y se las paso a sus cuatro invitados. Justin miro perplejo su taza, del tamano de un dedal, y contuvo la risa.
Grimsley llego con una bandeja de pastas y la dejo en el centro de la mesa.
– Buenas tardes, senor Mallory.
Justin miro hacia arriba desde su postura encorvada.
– Buenas tardes, Grimsley.
– ?Que suerte que haya llegado a tiempo para tomar el te! -dijo el lacayo con expresion de absoluta seriedad. Hizo una reverencia y salio del patio.
Callie paso la bandeja de pastas a los invitados, sin dejar de conversar, y fue rellenando las tacitas en cuanto se vaciaban -con un sorbo bastaba-, comportandose como una perfecta anfitriona. Cuando se dio cuenta de que la tetera estaba vacia, se excuso para volverla a llenar.
Solos en el patio, Justin miro a Stephen de soslayo.
– No lo digas, Justin.
– ?Que no diga que?
– Lo que estas pensando.
Justin miro a su amigo entornando los ojos.
– De hecho, me estaba preguntando que diablos te ha pasado en la cara.
Stephen lo fulmino con la mirada.
– Me he afeitado, por si te interesa.
Justin se quedo boquiabierto.
– ?Que te has afeitado? ?Con que diablos lo has hecho? ?Con un hacha oxidada?
– Con una navaja de afeitar. Y te dire una cosa, creo que he hecho un buen trabajo. No es nada facil afeitarse solo. Te recomiendo que valores mas a tu ayuda de camara. En cuanto llegue a Londres, pienso doblarle el sueldo a Sigfried.
– ?Y por que no te has limitado a dejarte barba? -pregunto Justin pasandoselo en grande.
Stephen suspiro para sus adentros y deseo que Justin se limitara a guardar silencio.
– Tia Olivia me prefiere recien afeitado -dijo entre dientes-. Y Callie tambien.
– Ah, ya entiendo -dijo Justin asintiendo con la cabeza. Luego miro la mano de Stephen-. ?Y ese rasguno en la mano? ?Otra marca de la batalla contra la barba?
– Es un recuerdo del dia que sali a pescar con los chicos.
Justin enarco las cejas.
