– ?A pescar?

– Si, pesque ocho peces y solo me cai dos veces al rio.

A Justin casi se le salen los ojos de las orbitas. Luego estallo en carcajadas. Rio hasta que empezaron a caerle lagrimas por las mejillas.

– ?Santo Dios, Stephen! -dijo por fin, secandose las mejillas con una servilleta de lino-. Pero… ?que demonios te esta pasando? Tomas el te con ninas pequenas. Te vas de pesca con muchachos. Te destrozas la cara. ?Dios mio! Pero si no tienes ni idea de afeitarte, ni de pescar. Aun tienes suerte de no haberte rebanado el cuello. O de haberte ahogado en el rio. ?Acaso sabes nadar?

Sintiendose insultado, Stephen contesto:

– Por supuesto que se nadar.

Justin volvio a estallar en carcajadas.

– Justin -el tono de aviso de la voz de Stephen era inconfundible.

– ?Si?

– La unica razon de que no te haya lanzado de bruces contra el suelo es que tengo el culo permanentemente pegado a esta maldita sillita de munecas. Tal vez no pueda volverme a levantar nunca mas. Pero, si lo hago, ten por seguro que hare que te arrepientas de tu falta de respeto.

Justin dio un mordisco a una pasta, haciendo caso omiso de las amenazas de su amigo.

– Lo dudo. Podria sacarte hasta la ultima libra que posees haciendote chantaje con lo que he visto hoy. A proposito, estas pastas estan para chuparse los dedos -anadio guinando exageradamente el ojo a Stephen.

Callie regreso con una tetera humeante, y el grupo se pulio una taza tras otra, o un sorbo tras otro, del caliente brebaje y otra bandeja de pastas. Cuando se acabo la segunda tetera, Callie se levanto.

– Muchisimas gracias por acompanarme a tomar el te -dijo con una reverencia. Cogio a la senorita Josephine Chilton-Jones de la silla y la abrazo fuertemente-. Ahora debo acostar a la senorita Josephine. Buenas tardes, caballeros. -Y, asintiendo educadamente, salio del patio.

Stephen y Justin se miraron mutuamente. Al final, Stephen suspiro y dijo:

– Necesito levantarme de esta silla. Tengo todo el cuerpo agarrotado.

Justin intento incorporarse, en vano.

– Me temo que el culo se me ha quedado enganchado entre los brazos de la silla.

Stephen intento levantarse, pero no lo consiguio.

– Bueno, esto es un verdadero toston -comento entre dientes-. Y, encima, necesito aliviarme desesperadamente. He debido de beber por lo menos cuarenta y tres tazas de te.

Justin rio.

– Cuarenta y siete. Pero, ?para que contarlas?

– ?Por que estan ahi sentados? -pregunto Andrew mientras entraba en el patio.

Miro boquiabierto a los dos hombres y se dibujo una expresion de horror en su rostro.

– ?Ah, ya! Dejenme que lo adivine. ?Callie les ha invitado a tomar el te! ?Verdad?

Stephen esbozo una mueca de arrepentimiento.

– Eso me temo.

Justin se inclino y se quedo mirando fijamente al chico.

– Pero… Andrew, ?que diablos te ha pasado en la cara?

Andrew se palpo la mejilla y dirigio una timida sonrisa de complicidad a Stephen.

– El senor Barrettson me ha ensenado a afeitarme.

– ?Que el senor Barrettson te ha ensenado…? -Justin sacudio energicamente la cabeza-. Ya puedes darle las gracias a Dios, chico. Tienes mucha suerte de poderlo contar. Stephen no tiene ni idea de…

– ?Ejem! -Stephen dirigio a su amigo una mirada asesina para hacerle callar y luego se volvio hacia Andrew.

– ?Y si nos echaras una mano para levantarnos?

– Con mucho gusto -dijo Andrew. Se inclino hacia delante y primero ayudo a Stephen y luego a Justin a desencajar las caderas de las diminutas sillas, intentando no romper estas.

Justin levanto una de las sillas despues de liberar las nalgas y dijo:

– Resistente, para ser tan pequena. Es increible que haya podido soportar mi peso.

– Gracias, Andrew -dijo Stephen frotandose los agarrotados muslos.

Andrew dirigio a los dos amigos una sonrisa de complicidad.

– No hay de que. He tenido que soportar mas de una de las dichosas meriendas de Callie y estoy bastante familiarizado con esas horribles sillitas. -Cogio una pasta de la bandeja practicamente vacia, se la llevo a la boca y entro en la casa a paso lento.

Justin recogio del suelo el paquete que habia traido y apremio a Stephen:

– Vamos, Stephen. Salgamos de aqui antes de que nos ocurra algo mas.

Stephen asintio, y tomaron un sendero de piedra que se alejaba de la casa. Tras andar durante un rato, se detuvieron y se sentaron en un banco de piedra.

– ?Donde esta el resto de los Albright? -pregunto Justin, apoyandose en el respaldo del banco y estirando las piernas.

– Hayley, Pamela y tia Olivia estan en el pueblo, y Nathan guardando cama. Ayer se cayo de un arbol.

– ?Esta bien? -pregunto Justin.

– Si, pero el medico le recomendo guardar cama durante todo el dia de hoy. -A Stephen se le escapo una risita-. Creo que tanto encierro esta matando al pobre muchacho.

Justin miro a su amigo con curiosidad.

– Pareces estar adaptandote bastante bien a la familia -dijo como quien no quiere la cosa-. Cuando hablamos por ultima vez parecias opinar de los hermanos Albright que eran unos gamberros ruidosos e ingobernables.

– Son unos gamberros ruidosos e ingobernables. Sencillamente, en cierto modo, me he acostumbrado a ellos. -Sonrio para sus adentros, pensando en la radiante y encantadora sonrisa de Callie cuando el le dijo que aceptaba su invitacion para tomar el te. A pesar de las diminutas sillas, habia disfrutado, y la alegria de la pequena le habia enternecido de una forma hasta entonces desconocida para el-. A los muchachos les falta pulir un poco los modales -comento Stephen-, pero todos tienen un gran corazon. -«De hecho, son maravillosos.» Deslizo la mirada hasta el paquete que Justin habia dejado en el suelo-. ?Son esas las cosas que te pedi?

Justin asintio con la cabeza y alargo el paquete a Stephen.

– Si.

– Excelente. Necesitaba desesperadamente varias mudas de ropa mas. -Se lamento en silencio de la raja que se habia hecho en uno de sus pantalones.

Justin arqueo una ceja.

– ?Ah, si? ?Por eso me pediste que te trajera un vestido? ?Un vestido de muselina azul claro? ?Con zapatos y complementos a juego?

Stephen dirigio a Justin una gelida mirada.

– El vestido es para la senorita Albright.

– ?Ah, si? ?Cual de ellas? Hay varias, como tu bien sabes.

– Es para Hayley -dijo Stephen con voz tirante.

– Ah. Un regalo que se sale de lo corriente. Muy personal. Y bastante caro, para venir de un tutor. Has de saber que necesite una cantidad considerable de tiempo, esfuerzo, dinero e inteligencia para conseguir ese vestido. De hecho, casi necesito un acta parlamentaria para traertelo.

– Por descontado, te lo pagare, hasta el ultimo penique -dijo Stephen gelidamente.

– Preferiria que satisficieras mi curiosidad.

– Olvidalo, Justin -le aviso Stephen.

– Como quieras -dijo Justin sonriendo-. Solo espero que Victoria no se entere de mi compra. Si llegara a enterarse, podria tener graves problemas. ?Como demonios quieres que le explique que compre el vestido para ti? Seguro que cree que tengo una amante.

– Eres un hombre de recursos. Seguro que se te ocurre alguna excusa plausible. Ten por seguro que nunca oira la verdad de mis labios. Ahora, cuentame. ?Como van las cosas por Londres?

– Ha habido bastante movimiento -contesto Justin-. De hecho, aunque no me hubieras pedido que viniera, tenia pensado venir. Uno de nuestros sospechosos, Marcus Lawrence, esta muerto.

Вы читаете Rosas Rojas
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату