Stephen miro fijamente a Justin.

– ?Muerto?

Justin asintio.

– Suicidio. Lo encontraron en su despacho hace un par de dias. Aparentemente, se metio una pistola en la boca y apreto el gatillo. El magistrado estaba a punto de levantar cargos contra el por el asunto del cargamento ilegal. Eso, junto con su ruina financiera, aparentemente le llevo al limite.

Stephen entorno los ojos.

– ?Y como sabes que no fue un asesinato?

– Al parecer, varios testigos le vieron la noche de su muerte. Estaba como una cuba, divagando sobre sus perdidas financieras y profundamente abatido. Segun explico su mayordomo, Lawrence llego a su casa a medianoche y se fue directo al despacho. El mayordomo oyo el disparo varios minutos despues.

– ?Y si habia entrado alguien por una ventana? -pregunto Stephen.

Justin nego con la cabeza.

– Imposible. Solo habia una ventana y estaba cerrada por dentro. Ademas dejo una breve nota a su mujer, pidiendole perdon. Sin lugar a dudas, fue un suicidio.

– O sea que, en el caso de que Lawrence fuera nuestro hombre -reflexiono Stephen en voz alta-, entonces ya no estoy en peligro.

– En el caso de que Lawrence fuera nuestro hombre -asintio Justin.

Stephen miro a su amigo y una oleada de complicidad fluyo entre ambos sin mediar palabra.

– Siguiendo nuestro plan, explique a tu personal y a tu familia que te habias ido de viaje al continente - informo Justin-. Nadie cuestiono mi relato, pero Gregory me ha preguntado varias veces por tu paradero exacto. Yo le he dicho que preferias mantenerlo en secreto porque estabas disfrutando de unas vacaciones intimas con tu nueva amante.

Al oir las palabras de Justin, a Stephen le subio por el cuello una oleada de calor. Se aclaro la garganta y dijo:

– Con Lawrence muerto, Gregory es nuestro principal sospechoso.

– Heredar varios millones de libras, junto con numerosas propiedades y titulos nobiliarios es un buen motivo para asesinar a alguien -afirmo Justin.

– Pero Gregory no necesita dinero.

– Yo no estaria tan seguro de eso, Stephen. He oido que debe una cantidad considerable en el club White, y ha estado frecuentando algunos locales de juego de mala reputacion. Pero, de todos modos, creo que ya va siendo hora de que vuelvas a Londres. Si Lawrence era nuestro hombre, tu vida ha dejado de estar en peligro. Si el culpable es Gregory, necesitamos desenmascararlo. -Miro el torso de Stephen-. ?Como tienes las costillas para montar a caballo?

Stephen asintio con mirada ausente.

– Supongo que bien. Pero ?y si nuestro hombre no es ni Lawrence ni Gregory?

– Pues tambien debemos desenmascararlo -contesto Justin-. Aunque no es mi intencion ponerte en peligro, no vamos a conseguir nada si te quedas aqui. Es hora de volver a casa, Stephen.

«Casa.» La realidad golpeo a Stephen como una descarga electrica. Durante las dos ultimas semanas se habia involucrado tanto con Hayley y su familia que casi se habia olvidado de su vida en Londres, una vida que incluia a un asesino a sangre fria.

«Casa.» Una inmensa casa de ciudad en la avenida Park Lane de Londres, una casa que funcionaba a la perfeccion. El paradigma de la elegancia, con un personal perfectamente formado que satisfacia todas sus necesidades. Sin ninos revoltosos, perros indomitos, tias sordas ni sirvientes irreverentes.

Stephen asintio lentamente.

– Si, supongo que ha llegado el momento de volver a casa. -Aquellas palabras le produjeron una dolorosa sensacion de vacio.

– Excelente. ?Te espero mientras recoges tus cosas? ?O prefieres que te eche una mano con la maleta? -le pregunto Justin mientras se levantaba.

Stephen lo miro sin entender nada.

– ?Que has dicho?

– Que si necesitas ayuda para preparar el equipaje.

Stephen se levanto lentamente mientras arrugaba la frente.

– No puedo irme hoy contigo, Justin.

Justin levanto las cajas en senal de sorpresa.

– ?Por que no?

– Tengo un par de cosas pendientes antes de marcharme -dijo Stephen vagamente, molesto al darse cuenta de que se estaba empezando a sonrojar.

– ?Como por ejemplo? -Justin lo miro intrigado-. ?Caramba, chico! Pero… ?si se te han subido los colores!

– No es verdad -dijo Stephen irritado, mientras caminaba hacia la casa-. Sencillamente no puedo marcharme hoy.

– Esta bien. Entonces manana.

– No puedo irme hasta pasado manana.

– ?Porque?

– No es de tu incumbencia -contesto Stephen de malos modos, pero luego se retracto-. Prometi a Hayley y a su hermana acompanarlas a una fiesta manana por la noche, de ahi que te pidiera que me trajeras el vestido. No puedo faltar a mi promesa.

– Ya entiendo -dijo Justin repasandolo con la mirada-. ?Y que tal te llevas con la senorita Albright?

– Pamela Albright es una joven encantadora -dijo Stephen simulando haber interpretado erroneamente la pregunta de Justin mientras aceleraba el paso.

– Pamela no es la senorita Albright a quien me referia, como tu muy bien sabes -dijo Justin, siguiendole al mismo paso.

– Hayley y yo nos llevamos bien -contesto Stephen con una brusquedad que habria disuadido a cualquiera de seguir haciendole preguntas.

Pero Justin ignoro completamente aquel tono.

– Siento no haber podido verla esta vez.

– Ella no sabia que venias.

– ?Ah, si? ?Por que no se lo dijiste? ?Lo hiciste a proposito para que no me cruzara con ella? ?Acaso temias que notara algo raro en su comportamiento? ?O tal vez en el tuyo?

Stephen se paro de golpe y dirigio una mirada pretendidamente imperturbable a su amigo. «?Maldito seas, tu y tu condenada perspicacia!»

– No tengo ninguna intencion de hablar contigo sobre Hayley, Justin.

Justin se detuvo y analizo atentamente a Stephen. Stephen intento poner cara de poquer. Si ni tan siquiera el entendia lo que sentia por Hayley, ?como iba a intentar explicarselo a Justin?.

– Como quieras, Stephen -dijo bajando la cabeza. Reanudaron la marcha-. Pero, como no quieres hablar conmigo sobre la senorita Albright, supongo que no te interesara conocer una curiosidad que he averiguado sobre ella.

– ?Sobre Hayley? -pregunto Stephen incapaz de ocultar la sorpresa en su voz.

– Aja -dijo Justin paseandose pausadamente delante de Stephen como si tuviera todo el tiempo del mundo.

– ?Y bien? -pregunto Stephen impacientemente cuando comprobo que su amigo guardaba silencio.

– Creia que no querias hablar sobre ella.

– He cambiado de opinion-espeto Stephen. «?Maldita sea! A veces Justin sabe sacarme de quicio.»

– Ah, bueno. En tal caso, te lo contare. He hecho algunas indagaciones, con suma discrecion, descuida, y he descubierto que el padre de Hayley los dejo en la ruina cuando murio.

Stephen fruncio el ceno y miro a Justin con rostro preocupado.

– ?Eso hizo?

– Si. Al parecer, vendiendo su barco consiguieron reunir suficiente dinero para pagar las deudas de Tripp Albright. La herencia de la familia ascendia a menos de cien dolares en total.

Вы читаете Rosas Rojas
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату