– Entonces, ?como se las han arreglado para sobrevivir? -pregunto Stephen sumido en la confusion-. Deben de recibir dinero de alguna parte. ?Tal vez de la familia materna? ?O de algun abuelo? ?Quiza de tia Olivia?
– No lo creo -dijo Justin negando con la cabeza-. En ninguna de mis indagaciones averigue nada semejante.
– Se que no nadan en la abundancia, pero reciben dinero de algun sitio. Se te debe de haber escapado algo, Justin.
– Tal vez.
Paseando, los dos amigos habian llegado al establo. Tras desatar su caballo, un magnifico ejemplar castrado, Justin se subio a la silla de montar.
– Te espero de vuelta pasado manana, Stephen. -Justin se ladeo el sombrero y guino el ojo a Stephen exageradamente-. Pasatelo bien en la fiesta.
Stephen observo como Justin se alejaba galopando y luego se encamino hacia la casa, apretandose contra el pecho el paquete que le habia traido Justin.
Estaria en Londres dentro de solo dos dias.
Deberia estar ilusionado. Entonces… ?por que se sentia tan abatido?
Capitulo 17
Hayley entro en su alcoba mas tarde aquel mismo dia, y una expresion de confusion se dibujo en su rostro. «?De donde diablos ha salido este paquete?»
Cogiendo el paquete, que estaba envuelto con un sencillo papel de regalo, estiro de una tarjetita que habia debajo de la cinta del paquete. Rompio el precinto lacrado del sobrecito y leyo la nota: «Para Hayley, con mi mas profunda gratitud, Stephen.»
Stephen le habia hecho un regalo.
Llevaba todo el dia intentando quitarselo de la cabeza, a el y el apasionado encuentro de la noche anterior, pero el llenaba todos y cada uno de los rincones de su mente. Su sonrisa, sus ojos, maliciosos y juguetones en un momento, nublados por el deseo en el momento siguiente. El tacto de sus manos, el sabor de su boca… Hayley cerro fuertemente los ojos. Tenia que dejar de pensar en el. Pero ?como?
Apreto el paquete contra su pecho, soltando un profundo suspiro. Volvio a dejar el paquete sobre la cama y desato la cinta con dedos temblorosos. Retiro el envoltorio, miro con admiracion el contenido del paquete y luego levanto el vestido mas bonito que habia visto jamas. Metros y metros de una muselina del matiz mas claro de azul imaginable caian sobre el suelo. El vestido tenia las mangas cortas y abullonadas, adornadas con cintas de color crema. El corpino tenia un generoso escote y estaba adornado con una cinta color marfil justo debajo del busto, con un ribete de flores color crema y violeta oscuro.
Las flores eran pensamientos.
El mismo ribete de pensamientos adornaba el dobladillo del vestido, y habia enredaderas de color verde claro bordadas a lo largo de los pliegues de la falda. Hayley se puso el vestido a la altura del cuello y miro hacia abajo sin creer lo que veian sus ojos. Parecia justo de su talla, la linea del dobladillo le rozaba la parte superior de sus sufridos zapatos marrones de piel.
Se deshizo rapidamente de su polvoriento vestido marron y deslizo con reverencia aquella creacion azul sobre su cabeza. El vestido le iba como anillo al dedo, como si se lo hubieran hecho a medida. Sin apenas poder respirar, Hayley se acerco al espejo de cuerpo entero que habia en la esquina de la habitacion.
El generoso escote dejaba al descubierto una considerable extension de piel que la hizo sonrojar. El fino material le caia sobre los pies desde la cinta color marfil que habia bajo el busto. Hayley resiguio con un dedo uno de los pensamientos bordados en el corpino, todavia sin creerse que llevara puesto un vestido tan bonito. Se sentia como una princesa.
Alguien llamo a la puerta.
– Adelante -dijo aturdida, sin poder apartar la vista del espejo.
– Hayley, podrias… -Pamela se paro en seco en cuanto vio a su hermana delante del espejo-. ?Hayley! ?Que vestido tan exquisito! ?De donde lo has sacado?
Hayley se dio la vuelta y miro fijamente a su hermana.
– Es un regalo.
– ?Un regalo? ?De quien? -Pamela toco la fina muselina con un dedo.
– De Stephen -dijo Hayley con un hilo de voz-. Me lo ha regalado Stephen.
Pamela abrio la boca de par en par.
– ?De donde diablos lo ha sacado? ?Y como ha podido pagar un vestido asi? Ha debido de costarle una pequena fortuna.
Hayley sacudio repetidamente la cabeza.
– No tengo ni idea. Lo unico que se es que me he encontrado este paquete encima de la cama al regresar del pueblo. Llevaba una tarjeta. Esta ahi, sobre la cama.
Pamela se acerco a la cama, cogio la tarjeta y leyo lo que habia escrito. Luego observo el paquete y volvio a quedarse boquiabierta.
– ?Has visto el resto?
– ?El resto? ?Que resto? -pregunto Hayley ausente. No podia dejar de pensar en el vestido el tiempo suficiente para atender a cualquier otra cosa.
– Mira esto -dijo Pamela sofocada-. ?Has visto alguna vez una cosa tan preciosa?
Hayley se giro y miro boquiabierta la combinacion que le mostraba su hermana. Aquella prenda de ropa interior era de un blanco resplandeciente y estaba tejida con tal delicadeza que casi parecia transparente.
– ?Santo Dios! -exclamo Hayley acercandose a su hermana. Juntas fueron extrayendo uno a uno los demas articulos que habia en el paquete. Unas medias de pierna entera de pura seda, un liguero de raso color marfil adornado con una cinta azul claro, y un par de zapatos azules satinados. Hayley deslizo un pie en uno de ellos. Eran justo de su numero.
– ?Oh, Hayley! -exclamo Pamela con voz entrecortada-. Debe de habertelo comprado para que te lo pongas en la fiesta de manana. ?Que increiblemente romantico!
– No me lo puedo creer -dijo Hayley aturdida-. ?Como lo ha hecho? ?De donde lo ha sacado? ?Como ha sabido exactamente que talla comprar? -Se sonrojo al recordar que Stephen habia tocado practicamente todos los rincones de su cuerpo. El, mejor que nadie, podia estimar con bastante exactitud sus medidas.
– Tienes que importarle mucho -dijo Pamela con dulzura. Cogio las manos de Hayley y se las apreto con fuerza-. Estoy tan contenta por ti. El senor Barrettson me cae de maravilla y, si te hace feliz, yo le recibire con los brazos abiertos.
Hayley levanto la cabeza y desplazo su anonadada mirada de los preciosos zapatos al radiante rostro de Pamela.
– ?De verdad crees que le importo?
– Por supuesto -dijo Pamela sin asomo de duda-. Un hombre no le regalaria algo asi a una mujer a menos que le importara muchisimo. -Su mirada se detuvo en la ropa interior desparramada sobre la cama-. Tienes que importarle mucho.
Hayley cerro los ojos e inspiro profundamente.
– Oh, Pamela. Ojala tengas razon. ?Dios! Ojala la tengas.
– Por descontado que la tengo. -Pamela le dio un breve abrazo-. Ahora vamos a quitarte el vestido antes de que se estropee. -Ayudo a Hayley a quitarse la prenda y a colgarla en el armario.
– Espera a que el senor Barrettson te vea con este vestido. Se arrodillara ante ti y te declarara amor eterno -predijo Pamela, alargandole la ropa interior, que Hayley guardo con sumo cuidado en el cajon de la comoda.
– Espero que la conmocion de verme con algo distinto que un vestido de estar por casa no haga que se le pare el corazon -dijo Hayley con una risa.
– Creo que el corazon del senor Barrettson va a estar demasiado ocupado latiendo desbocadamente para plantearse siquiera la posibilidad de pararse.
Hayley no pudo borrar la radiante sonrisa que sabia habia iluminado su rostro al oir las palabras de Pamela.
