– Excelente, querido muchacho.

– Gracias por el te -dijo Marshall, uniendose al grupo sentado junto al fuego-. He disfrutado mucho de la merienda -su mirada se centro en Pamela-, pero realmente tengo que irme.

Hayley se levanto y estrecho la mano de Marshall.

– Gracias por todo lo que ha hecho por Nathan. ?Le veremos este viernes en la fiesta que da la senora Smythe?

– Oh, por supuesto. Tengo muchisimas ganas de ir. -Marshall le dio la mano a Stephen, hizo una reverencia a tia Olivia y dijo adios con la mano a Callie y a Andrew, que estaban jugando a las cartas.

– ?Pamela, te importaria acompanar a Marshall? -le pregunto Hayley con una sonrisa-. Estoy terriblemente cansada despues de tantas emociones.

– Por supuesto que no. -Pamela cogio timidamente a Marshall del brazo y lo guio hacia la puerta.

– Preguntarle a Pamela si le importa acompanar al doctor Wentbridge a la puerta es como preguntarle a Callie si le gusta invitar a la gente a tomar el te, ?no crees? -pregunto tia Olivia con los ojos abiertos de par en par en senal de inocencia.

Hayley sonrio y movio repetidamente la cabeza en gesto de negacion. Al parecer, tia Olivia se enteraba de mucho mas de lo que todo el mundo creia.

Mas tarde aquella misma noche, despues de que todo el mundo se hubiera retirado a su alcoba, Hayley se dirigio al despacho de su padre. Aquella era una magnifica oportunidad para adelantar el trabajo atrasado. Habia escrito muy poco desde la llegada de Stephen. Si no escribia, no venderia sus relatos. Y sin ventas, no habia dinero.

Cuando paso junto a la biblioteca de camino al despacho, miro hacia abajo y vio el suave resplandor de la luz colandose por debajo de la puerta. Empujo la puerta y entro en la habitacion. La escena que vieron sus ojos la lleno de ternura.

Habia estado tan ocupada acostando a los ninos y controlando el estado de Nathan que habia supuesto que Stephen se habia retirado pronto a su alcoba como la noche anterior. Pero era obvio que no lo habia hecho porque estaba tumbado en el largo sofa acolchado que habia delante de la chimenea. El fuego estaba encendido y el calido resplandor de las llamas proyectaba sombras suaves y una luz parpadeante por toda la habitacion.

Tras cerrar la puerta, Hayley se acerco al sofa sin hacer ruido, se detuvo delante de Stephen y se quedo mirando fijamente como dormia. Su chaqueta y su chaleco estaban pulcramente doblados en una silla que habia al otro lado de la chimenea. Se habia alzado las mangas de la camisa, dejando al descubierto sus musculosos brazos, y tenia la camisa desabrochada casi hasta la cintura.

Hayley miro fijamente la piel bronceada que brillaba entre ambos lados del cuello de lino. Stephen se habia quitado el vendaje que le cubria las costillas, lo que permitia ver su musculoso torso sin impedimentos. El remolino de vello rizado del torax se convertia en una fina veta oscura que partia en dos su terso y plano estomago antes de desaparecer de nuevo bajo la camisa. En el suelo habia un numero de Gentleman's Weekly. Hayley se dio cuenta de que la revista estaba abierta por la pagina de Las aventuras de un capitan de barco, de H. Tripp.

La mirada de Hayley se detuvo en la cara de Stephen. «?Que rostro tan perfecto! ?Como puede ser tan atractivo?», se dijo para sus adentros. Relajados por el sueno, sus rasgos se suavizaban y casi parecia un muchacho, con un mechon oscuro cayendole sobre la frente.

A Hayley le embargo una ternura abrumadora e indescriptible por aquel hombre que, a pesar de sus heridas, se habia agotado construyendo un muro de piedra para hacer felices a dos muchachos, habia cargado a Nathan y la habia consolado como nadie mas podria haberlo hecho.

Le queria.

«?Que Dios me ayude! ?Como le quiero!»

Incapaz de detenerse, se arrodillo junto al sofa mientras devoraba con los ojos a aquel hombre que le habia robado el corazon, un corazon que ella nunca habia pensado entregar a nadie, ni creido que ningun hombre quisiera aceptar. Dudaba que Stephen lo quisiera, pero, de todos modos, ya era suyo.

La cabeza le decia que se marchara, no tenia ningun sentido alargar mas aquella dulce agonia de desear lo que no podia tener, pero sus deseos se rebelaron contra la razon y ganaron la batalla. Por una vez en la vida, Hayley escucho a su cuerpo, y lo que su cuerpo le pedia era que tocara a Stephen. No como lo habia tocado cuando habia cuidado de el mientras estaba herido, con el tacto impersonal de una enfermera, sino como una mujer toca a un hombre, a un hombre a quien ama.

Sin apenas atreverse a respirar, alargo el brazo y le aparto suavemente el mechon de pelo de la frente. Las pestanas proyectaban sombras crecientes sobre sus pomulos. Tenia los labios ligeramente abiertos, la respiracion lenta y profunda. Hayley deslizo con suma delicadeza la yema de un dedo por la mejilla de Stephen, cubierta por una recia barba de tres dias, disfrutando de aquel aspero roce en su piel.

Se quedo inmovil durante varios maravillosos minutos, arrodillada, extasiada, mientras su mirada deambulaba entre el pecho de bronce y el perfecto rostro de Stephen. «Tengo que parar. Tengo que detener esto. No quiero arriesgarme a que se despierte y me encuentre aqui arrodillada, como una esclava adorando a su amo.» Segura de lo que tenia que hacer, aunque reticente a hacerlo, Hayley se empezo a levantar.

– No pares.

Hayley se quedo helada ante aquellas palabras dichas en un suave susurro. Su asustada mirada se detuvo en el rostro de Stephen. Tenia los ojos medio abiertos y la estaba mirando con una expresion insondable, impenetrable. De repente, sintio una oleada de calor por todo el cuerpo, acompanada de una profunda verguenza, que la dejo sin habla.

Stephen alargo el brazo, cogio la mano de Hayley con delicadeza y se la llevo al pecho, cubriendola con la suya. Ella noto el vello suave y ensortijado bajo la palma de la mano, y el calor de aquella piel palpitante la atraveso por completo hasta llegarle al alma.

– No pares -volvio a susurrar el, dirigiendole una mirada intensa y penetrante-. Tocame. -Apreto fuertemente la mano de Hayley contra su pecho y luego la deslizo sobre la densa mata de vello pectoral-. Asi.

Hayley lo miro fijamente, hipnotizada por las llamas que se reflejaban en sus ojos. Su ardiente mirada se fundio con la de ella, suplicandole que hiciera lo que le pedia. El sentido comun de Hayley, que nunca le habia fallado, la voz interior que deberia estar diciendole que se detuviera, que pensara en su reputacion, que considerara las consecuencias de sus actos, se empenaba en guardar silencio. La mujer que tenia dentro, a quien habia sepultado y olvidado durante tanto tiempo, habia emergido del olvido, pletorica de amor y necesidades y deseos; deseos por aquel hombre cuyo corazon latia fuertemente bajo las yemas de sus dedos.

Hayley observo su mano sobre el torax de Stephen y luego la deslizo con inseguridad sobre su calida piel, mientras el vello ensortijado que la cubria le hacia cosquillas en la palma.

A el se le escapo un grave gemido y ella, alarmada, volvio a buscar su mirada.

– ?Te he hecho dano? -le susurro preocupada.

El nego lentamente con la cabeza.

– No.

– ?Entonces por que has gemido?

– Porque… porque me ha gustado… muchisimo. Hazlo otra vez.

A Hayley se le seco la boca. Volvio a acariciarle el torax delicadamente, con la mirada clavada en la de el. Lo observo entre aturdida y asombrada mientras los ojos de Stephen, nublados por el deseo, se iban oscureciendo a verde ahumado.

Se envalentono y volvio a deslizar la mano lentamente sobre el torso de Stephen, palpando con los dedos sus tersos musculos. Cuando las yemas de Hayley rozaron uno de los pequenos pezones de Stephen, el inspiro sonoramente, pero ella sabia que no le habia hecho dano.

Fascinada, le puso la otra mano sobre el torso y dejo que sus dedos curiosos fueran explorandolo, deslizandose entre la oscura mata de pelo que cubria la ardiente piel de Stephen. Observo gratamente sorprendida como el iba tensando y contrayendo los musculos ante sus delicadas caricias.

Hayley siguio acariciandolo, con movimientos amplios y lentos. Pronto la camisa, a pesar de estar abierta, se revelo como un impedimento para las avidas manos de Hayley. Sin mediar palabra, Stephen se desabrocho los ultimos botones, estiro del faldon de la camisa apresado bajo los pantalones y volvio a guiar las manos de Hayley hacia su cuerpo.

Вы читаете Rosas Rojas
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату