Stephen ahueco las manos en torno al rostro de Hayley y la miro con ojos sombrios. Su mirada sondeo la de Hayley, buscando no sabia muy bien que, pero, de repente, se sintio confundido y, en cierto modo, vulnerable. «Yo nunca te mentiria.» Todo lo que el le habia contado sobre su vida era mentira. Se sentia como un verdadero canalla.
– Hayley, yo…
Se abrio la puerta de la alcoba y Marshall Wentbridge salio al pasillo. Si le sorprendio encontrarse a Hayley y Stephen tan cerca el uno del otro, las palmas de Hayley sobre el torax de Stephen y el rodeandole el rostro con ambas manos, no lo demostro.
– ?Como esta Nathan? -pregunto Hayley separandose de Stephen-. ?Esta bien?
– Si. Esta bien -la tranquilizo Marshall con una sonrisa.
Stephen la vio frotarse los ojos durante varios segundos. El mismo sintio como si le hubieran quitado un enorme peso de encima.
– ?Gracias a Dios! -dijo ella, tomando la mano de Stephen y apretandosela fuertemente.
– No tiene ningun hueso roto, y se ha despertado mientras le estaba examinando -prosiguio Marshall-. Es un chico muy afortunado. Le he curado el corte de la frente, que, a proposito, era poco mas que un rasguno, y le he prohibido con toda la dureza de que soy capaz que se vuelva a subir a un arbol.
– Quizas a usted le haga caso -dijo Hayley con una risita tremula-. Desde luego, a mi no me lo ha hecho.
– Si quieren verle, ahora esta despierto. Le he dado un poco de laudano, de modo que no lo estara por mucho tiempo. Necesita guardar cama un dia o dos, y luego estara como nuevo.
Hayley tomo las manos de Marshall entre las suyas.
– Gracias, Marshall, de todo corazon. Muchisimas gracias. ?Puede explicarle a los demas que Nathan esta bien? Y tal vez le apetezca quedarse a tomar el te.
– Me encantaria. Ambas cosas -dijo Marshall con una sonrisa de oreja a oreja, y luego se dirigio hacia las escaleras.
Hayley abrio la puerta y miro a Stephen al verle dudar.
– Vamos -le insto. Cuando vio que seguia igual de dubitativo, le cogio de la mano y tiro de el-. Has ayudado a rescatar a Nathan. Eres parte de la familia, Stephen. Entra conmigo.
«Eres parte de la familia.» Stephen observo la mano que le habia cogido Hayley, sus dedos estaban entrelazados con los de ella, y dejo que lo arrastrara al interior de la alcoba de Nathan.
«Eres parte de la familia», se repitio.
Capitulo 15
Hayley vio la preocupacion reflejada en el rostro de Winston en cuanto este se unio al grupo en el salon tras visitar la alcoba de Nathan.
– ?Que me encierren en el camarote de proa y me golpeen con una copa de ron! -mascullo entre dientes y luego se sono la nariz en un inmenso panuelo-. A quien se le ocurre trepar a un arbol como un estupido mono, caerse y casi romperse la crisma… -Se giro y miro a Hayley con solemnidad-. Su padre, que en paz descanse, me daria una buena reprimenda por permitir que los chicos tuvieran un escondite tan estupido e inseguro si se enterara de lo ocurrido.
Hayley se levanto para tranquilizar al alterado marinero, pero se detuvo cuando Grimsley puso su endeble brazo sobre los fornidos hombros de Winston.
– Vamos, vamos, Winston -dijo Grimsley dandole palmaditas delicadamente en la espalda-. El capitan Albright sabia que los muchachos hacen travesuras. ?No recuerdas cuando a Andrew le dio por ponerse encima una sabana y hacer ver que era un fantasma?
Winston solto una carcajada.
– No levantaba dos palmos del suelo, segun creo recordar, pero tu te asustaste tanto que casi te cagas en los pantalones -se volvio a sonar-, cobarde saco de huesos.
– Creo que se tercia un traguito de oporto -dijo Grimsley, instando amablemente a Winston a salir del salon-. Para celebrar la recuperacion del senorito Nathan.
Winston asintio y olfateo.
– Me parece una buena idea, Grimmy. Tu primero.
Los dos hombres salieron del salon y los presentes reanudaron la conversacion y siguieron tomando el te.
– ?Esos dos se aprecian de verdad? -pregunto Stephen a Hayley-. No me lo puedo creer.
– Haz ver que no te das cuenta. Ademas, jamas lo reconocerian. -Hayley tomo un sorbo de te y observo disimuladamente a Pamela y a Marshall, que conversaban en el otro extremo de la habitacion. Por lo menos ella creia que lo hacia disimuladamente pero, por lo visto, estaba equivocada, porque, al cabo de un par de minutos, Stephen le comento:
– Parece ser que Wentbridge tiene a tu hermana en gran estima, algo que a ti parece agradarte mucho, deberia anadir.
– ?Vaya! ?Tanto se me nota? -le pregunto ella, consternada.
Stephen asintio, con un brillo malicioso en los ojos.
– Me temo que si, querida. Tus ojos son sumamente expresivos.
Hayley lo miro fijamente, sin estar segura de haber oido correctamente la palabra carinosa que habia salido de la boca de Stephen. ?La habia llamado querida? No podia ser. Probablemente acababa de tener una ilusion auditiva.
– Marshall Wentbridge es un joven encantador -dijo Hayley en voz baja, sin quitar ojo a la pareja-. Hace bastante tiempo que tiene debilidad por Pamela, y ella esta encantada con el. No me extranaria que en breve anunciaran su compromiso.
– ?Y eso te haria feliz?
Ella asintio.
– Ya lo creo que si. Que Pamela se enamore y forme su propia familia es uno de mis mayores deseos.
– Lo puedo entender.
– ?Que? Si. Quiero mas te -interrumpio subitamente tia Olivia, acercando su taza a Stephen-. Es muy amable de su parte preguntarmelo, senor Barrettson.
Hayley observo como Stephen servia el te galante pero torpemente a tia Olivia. Cogio la tetera como si fuera la primera vez que lo hacia en toda su vida. Evidentemente servir el te no era una tarea en la que se supone que debe destacar un tutor.
Tia Olivia clavo la mirada en el rostro de Stephen.
– ?Acaso esta intentando dejarse barba, senor Barrettson?
Stephen se paso la mano por el rostro hirsuto.
– No, no particularmente, aunque lo pueda parecer.
– Bueno, si le interesa conocer mi opinion… -Dejo la frase a medias y miro directamente a Stephen.
– Me sentiria muy honrado de escuchar su opinion sobre el tema, querida dama -le aseguro Stephen inclinando la cabeza hacia delante.
Tia Olivia le dedico una sonrisa de oreja a oreja.
– En tal caso, debo decir que, aunque estoy bastante segura de que estaria bastante imponente con barba, su rostro es demasiado atractivo para ocultarlo tras una capa de vello facial. -Hizo un coqueto movimiento de pestanas mientras miraba a Stephen y luego anadio-. ?No crees, Hayley, querida?
Hayley casi se atraganta con el te. Si no la conociera mejor, juraria que su tia estaba coqueteando con Stephen.
– Bueno… yo, eh… Si, supongo que si. -Noto que una oleada de calor le subia por el cuello.
Stephen se recosto en el respaldo de la silla y dirigio una sonrisa devastadora a tia Olivia.
– Bueno, entonces, si me prefiere recien afeitado, tia Olivia, tendre que deshacerme de estos repugnantes pelos.
Tia Olivia parecia que se iba a derretir como un cubito de hielo bajo el recio sol de verano.
