hermanos nuestros y a que travesura han arrastrado al pobre senor Barrettson?
Todas estuvieron de acuerdo y se dispusieron a buscar a Andrew, Nathan y Stephen.
– Aqui faltan mas piedras -grito Nathan mientras colocaba una piedra inmensa encima del muro que crecia rapidamente.
– ?Cuantas? -pregunto Andrew, tambien gritando.
– Tres o cuatro.
– De acuerdo.
Andrew levanto una piedra pesada y la transporto con un gran esfuerzo hasta donde estaba Nathan. Stephen levanto una piedra todavia mas pesada, con una mueca de dolor e ignorando sus magulladas costillas. La transporto hasta donde estaban los ninos y la coloco en lo alto del muro.
– ?Como va eso? -pregunto Stephen mientras se secaba el sudor de la frente con el antebrazo.
Llevaban toda la manana trabajando en el «castillo» del rey Arturo, apilando piedras de todos los tamanos. El resultado de tantas horas de trabajo era el muro de una fortaleza bastante respetable.
– Es magnifico -dijo Nathan entusiasmado mientras rodeaba la estructura. Media aproximadamente un metro y medio de alto por tres y medio de largo.
– Y nos ha costado lo nuestro -dijo Stephen dejandose caer sobre la hierba-. Entre el hombro y las costillas, creo que necesito un merecido descanso. -Se tumbo boca arriba y se protegio los ojos de los rayos del sol con el antebrazo.
– Pero ahora toca jugar a los Caballeros de la tabla redonda -protesto Nathan-. Tenemos que ponernos las armaduras.
Stephen emitio un leve quejido y dirigio una mirada furtiva por debajo del brazo a los dos chicos, que le miraban expectantes.
– Bueno, esta bien, pero primero los caballeros necesitan descansar un poco. -Hizo una mueca cuando una punzada de dolor le atenazo el hombro, que habia forzado demasiado-. Creo que se tercian unos refrescos.
– Iremos a coger agua al lago -se ofrecio Andrew.
Los dos chicos se fueron corriendo a toda prisa y Stephen suspiro aliviado, disfrutando de aquella breve tregua. El sol le calentaba la piel, y la suave brisa veraniega le traia el perfume de las flores silvestres.
Se le acerco un insecto y el lo espanto con un perezoso movimiento de la mano. A pesar de lo agotado que estaba, habia disfrutado mucho de aquella manana en compania de Andrew y Nathan, igual que el dia anterior. Al principio habia procurado la compania de los chicos en un intento desesperado de evitar a Hayley, pero enseguida habia descubierto que eran unos muchachos alegres, inteligentes y sorprendentemente educados y que, a pesar de su tendencia a discutir, tenian buen corazon. Le habian ensenado a pescar, y se habian reido a carcajadas ante su reticencia a ensartar la pringosa y escurridiza lombriz en el anzuelo.
Pero, tras varios intentos, Stephen habia acabado dominando la parte mas truculenta de la pesca y se lo habia pasado en grande. No podia recordar haberse reido tanto en toda su vida. «Los chicos -penso Stephen- no son ni de lejos lo dificiles que yo creia que eran. De hecho, es un verdadero placer hablar y pasar el rato con ellos.»
Hoy les habia estado ayudando a construir su «castillo». Ya habian construido varios «edificios» mas, y Stephen no podia por menos de admirar el tiempo y esfuerzo que obviamente habian invertido en su Camelot. Durante su infancia, Stephen tuvo muy pocas oportunidades para jugar. Paso la mayor parte del tiempo aprendiendo todo lo que su padre consideraba necesario para que en el dia de manana su hijo mayor pudiera heredar su ducado.
Gregory y Victoria habian tenido mucho mas tiempo libre para jugar. Su padre era mucho menos estricto con su hija y con su segundo hijo varon. Les permitia correr por toda la finca y jugar -cualquier cosa que los mantuviera ocupados y alejados de el-, pero Stephen muy pocas veces podia unirse a ellos. Se pasaba la mayoria de los dias encerrado en el cuarto de estudio bajo la estricta mirada de sus incontables tutores. «Y aqui estoy, con veintiocho anos cumplidos, corriendo por el bosque como un chiquillo y pasandomelo condenadamente bien.»
En aquel preciso momento, los dos chicos llegaron con un cubo lleno de agua fresca. Stephen bebio con fruicion y se seco la boca con el dorso de la mano. Los pelos de la barba le pincharon la piel de la mano y se dio cuenta de que llevaba varios dias sin afeitarse. Se paso las palmas por la recia mandibula y recordo la sensacion de los suaves senos de Hayley apretados contra su brazo mientras ella se inclinaba sobre el para rasurarle la cara. Pedirle que le volviera a afeitar probablemente no era una buena idea.
Andrew y Nathan se tumbaron en el suelo al lado de Stephen, y el se fijo en ellos. Reprimio una sonrisa cuando se dio cuenta de que los chicos se habian remangado las camisas y desabrochado los botones de una forma similar a la suya. Era evidente que le estaban imitando. Inesperadamente, sintio que una oleada de orgullo masculino le hinchaba el pecho.
Stephen observo como Andrew se pasaba las manos por la cara como acababa de hacer el.
– Supongo que pronto tendre que empezar a afeitarme -dijo el chico como quien no quiere la cosa.
Antes de que Stephen pudiera contestar, Nathan estallo en carcajadas.
– ?Estas tonto o que? -Miro la cara de su hermano mayor con atento y exagerado interes-. Ni un solo pelo. Eres mas imberbe que un huevo.
Andrew se sonrojo.
– No es verdad. Ya tengo bastante bigote. -Se giro hacia Stephen-. ?Verdad que si, senor Barrettson?
A Stephen le vino inmediatamente a la mente la imagen de si mismo cuando tenia la edad de Andrew. Todavia un nino, tambaleandose en la delicada antesala de convertirse en hombre, impaciente y al mismo tiempo aterrado por cruzar esa frontera. Entonces habria necesitado y deseaba desesperadamente tener una charla de tu a tu con un hombre, pero su padre no tenia el tiempo ni la disposicion necesarios para dedicarle unos minutos. El sabia muy bien que era crecer sin el amor y la atencion de un padre; se le encogio el corazon y sintio una gran complicidad acompanada de una sincera compasion por aquellos dos chicos que habian perdido a su padre.
Con fingida concentracion, Stephen inspecciono atentamente el rostro de Andrew. Era tan imberbe como un bebe.
– Hummm. Es verdad, Andrew. Creo que te esta empezando a salir bigote. Predigo que tendras que empezar a afeitarte muy pronto. -Casi se le escapa una sonrisa ante el evidente alivio del chico-. Por supuesto -prosiguio Stephen-, cuando un hombre empieza a afeitarse, todo cambia drasticamente.
Los dos chicos se sentaron y enderezaron la espalda, con los ojos como platos.
– ?Todo cambia? -repitieron al unisono-. ?En que sentido?
Stephen dudo, intentando encontrar las palabras adecuadas, y maldijo para sus adentros su falta de experiencia para impartir algun tipo de sabiduria masculina a su entregado publico. Sabiendo que se habia metido en camisa de once varas, pero decidido a intentarlo, inspiro profundamente y se lanzo.
– Una vez que te haces hombre, la vida se vuelve… complicada. Hay innumerables normas que seguir y te asaltan muchas obligaciones y responsabilidades. Tienes que aprender a confiar en ti mismo. El mundo esta lleno de gente de la que no te puedes fiar, que intentara aprovecharse de ti o hacerte dano. -«O matarte.»
Nathan se acerco rapidamente a Stephen hasta que chocaron sus rodillas y le dijo:
– Pero Hayley nunca permitiria que nadie nos hiciera dano. Ella nos protege y cuida de nosotros.
– Si, es verdad -asintio Stephen-, pero, cuando te conviertas en un hombre, seras tu quien tendra que cuidar de ella. Y tambien de Pamela y de Callie.
Andrew se puso serio de repente.
– Pero no tendre que asistir a las aburridas meriendas de Callie, ?verdad que no?
– Cuando digo «cuidar de ellas», me refiero a ser considerado con ellas -aclaro Stephen-, respetarlas, hacer cosas por ellas sin protestar. Protegerlas de todo mal y de la gente mala. Creedme, no todo el mundo es tan bueno y generoso como vuestra familia, de modo que teneis que estar atentos para protegeros y proteger a los vuestros. -Dudo un momento y luego anadio-: Y, por supuesto, luego esta el tema de… las chicas.
Nathan solto un bufido.
– ?Chicas? ?Menuda lata! Yo no soporto a las chicas. Solo quieren jugar con munecas y no soportan ensuciarse.
Stephen le despeino.
– Lo veras diferente dentro de unos anos.
– ?Cuando necesite afeitarme?
