manos a los brazos de sendos acompanantes-. Caballeros, volvamos al pueblo antes de que regresen esos salvajes perros.
Los dos hombres se despidieron y a Stephen le hizo gracia que Marshall Wentbridge no apartara la vista de Pamela hasta el ultimo segundo. Sin embargo, no le hizo ninguna gracia que Jeremy Popplemore no apartara la vista de Hayley hasta el ultimo segundo.
Ni la mas minima.
– Hayley, espera.
Stephen no queria que su peticion sonara como una orden, pero fue incapaz de ocultar su irritacion.
Hayley se giro hacia el con las cejas levantadas en senal de interrogacion. El resto del desalinado grupo continuo por el camino hacia la casa.
– ?Que ocurre, Stephen?
Stephen repaso con la mirada el empapado vestido de Hayley, que se pegaba a su voluptuoso cuerpo como un guante de saten, y el mas puro deseo masculino se adueno de el. En vez de sangre, le corria fuego por las venas, y perdio completamente la calma.
– Tenemos que hablar sobre tu falta de… decencia.
A Hayley se le levantaron todavia mas las cejas.
– ?Que acabas de decir?
– Ese hombre, ese tal Popplecart [7]…
– Popplemore.
– Eso. Le ha faltado poco para ponerse a babear cuando te ha visto el vestido pegado al cuerpo de una forma que solo se puede describir como indecente.
A Hayley se le encendio el rostro.
– Seguro que le has malinterpretado. Jeremy nunca me ha faltado al respeto.
– Ya lo creo que lo ha hecho. Te ha desnudado con los ojos hace apenas cinco minutos. -«Y, maldita sea, yo tambien lo he hecho.» Su irritacion dio paso a la ira-. Tu forma de vestir dista poco de lo escandaloso. Si no te exhibes en pantalones de montar hipercenidos…
– ?Exhibirme! -exclamo Hayley irritada.
– … vas calada hasta los huesos y… -indico su estado con un movimiento de mano- bueno, calada. Tu comportamiento dista muy poco de lo escandaloso.
Los ojos de Hayley echaban chispas azules.
– ?Ah, si? Entonces, dime, ?que es exactamente lo que encuentras tan ofensivo?
– ?Todo! -dijo furioso. Toda la frustracion que habia ido acumulando en su interior exploto y salio a bocajarro-. La forma en que montas a caballo, a horcajadas. Que leas revistas de hombres. Que siempre lleves el pelo suelto. Por el amor de Dios, solo las ninas y las cortesanas llevan el pelo de ese modo. -Empezo a dar vueltas nerviosamente delante de ella-. Siempre estas tocando a la gente. ?Tienes alguna idea de lo inapropiado que fue que me afeitaras? ?Pasear a solas conmigo por el jardin? ?Dejar que te besara?
Stephen hizo una breve pausa para tomar aire y prosiguio:
– Y luego esta la forma en que llevas la casa. Tus hermanos deberian estar en un internado, Callie necesita una institutriz y a todos les iria bien un poco mas de disciplina y unas normas estrictas a seguir. Las clases se dan entre cuatro paredes, no sobre una colcha apolillada. Los ninos y el personal de servicio no comen en el comedor ni en la misma mesa que los adultos. -Hizo una pausa en su invectiva y se paso los dedos por el pelo mojado-. Winston necesita pulir su lenguaje y Pierre controlar su genio. Tu casa esta a un paso del caos, y el comportamiento de toda tu familia a menudo roza los limites de la decencia.
Hayley seguia echando fuego azul por los ojos.
– ?Ya ha acabado el senor?
Stephen asintio tensamente.
– Si, creo que eso lo abarca practicamente todo.
– Excelente. -En vez de amedrentarse en vista del enfado de Stephen, como el esperaba, Hayley dio un paso hacia el y le golpeo fuertemente con el indice en el pecho. Stephen retrocedio sorprendido-. Ahora es usted quien me va a escuchar y a entender, senor Barrettson. Puede decir cuanto quiera sobre mi, pero no ose insultar a mi familia. -Volvio a golpearle en el pecho, esta vez mas fuerte-. Tal vez nos salgamos un poco de lo habitual, pero sugerir que no somos decentes es un grave error. Todos y cada uno de los miembros de mi «caotica» familia, desde Winston hasta la pequena Callie, son acogedores, afectuosos, amables y generosos, y yo estoy sumamente orgullosa de todos ellos. No permitire que ni usted ni nadie digan una sola palabra en su contra.
»Y en lo que se refiere a sus otras quejas, no tuve otra eleccion que montar a
Hayley hizo ademan de volver a golpear a Stephen en el pecho, pero el se apresuro a dar un paso atras. Ella seguia echando fuego por los ojos.
– Y, cuando me ofreci a afeitarle, solo estaba pensando en su comodidad. Segun recuerdo, usted tambien participo en lo que ocurrio en el jardin. Estoy de acuerdo en que cometi un grave error al permitir que me besara, pero tenga por seguro que no se volvera a repetir, sobre todo teniendo en cuenta que usted lo encontro tan detestable.
– Hayley, yo…
– Todavia no he acabado -dijo, y su mirada sumio a Stephen en el mas sepulcral de los silencios-. No dispongo de suficiente dinero ni para contratar a una institutriz ni para enviar a los chicos a un internado, pero quiero dejarle algo muy claro, aunque lo tuviera, jamas se me ocurriria enviar a Andrew y a Nathan lejos de casa.
»Tenemos muchas normas sobre las tareas domesticas y el comportamiento. Tal vez no esten a la altura de sus elevados estandares, pero eso no las convierte en inadecuadas. Imparto disciplina a mis hermanos con firmeza y afecto al mismo tiempo, y creo que son unos chicos estupendos. Revoltosos, si, pero a mi me preocuparia mucho mas que se estuvieran sentados, con la boca cerrada y las manos quietas.
Hayley fruncio los labios y se golpeo el menton con los dedos.
– Hummm… ?Que mas ha encontrado ofensivo el senor?
Antes de que Stephen pudiera abrir la boca, ella se apresuro a anadir.
– Ah, si. Nuestra colcha apolillada. Nos gusta hacer clase al aire libre. Me sorprende que, siendo usted tutor como es, no lo haga tambien con sus alumnos, pero es obvio que discrepamos bastante en la mayoria de las cuestiones. Los ninos y los «sirvientes» comen en el comedor porque forman parte de la familia, un concepto sobre el que es obvio que usted no sabe absolutamente nada. Y, si Pierre despotrica de vez en cuando y a veces Winston habla de una forma un tanto grosera, yo los acepto tal y como son porque les quiero, otro tema del que usted parece saber bien poco, y por eso me da lastima.
Stephen la miro fijamente. Lo habia dejado sin palabras. No le habian echado semejante rapapolvo en toda su vida. Hacia cinco minutos, se sentia dominado por una ira que el consideraba plenamente justificada. Ahora se sentia como un chiquillo ruborizado en pantalones cortos despues de haber recibido un duro sermon.
Se sentia como un imbecil. Al dejarse dominar por el enfado, la frustracion y, ?maldita sea!, los celos, solo habia conseguido enfadar a Hayley, aparte de un pecho dolorido. Se froto la piel que le palpitaba bajo la camisa. Desde luego, Hayley tenia fuerza en el dedo.
Dirigiendole una ultima mirada que a Stephen se le clavo como una espada, Hayley empezo a subir el camino que llevaba a la casa. Stephen sintio una tremenda verguenza, junto con una desazon que le agarroto las entranas.
Acelero el paso para alcanzarla y la cogio por el brazo.
