– ?Una escoba? ?Para que?
– Para barrer al bastardo de Darnell y a sus amigos del porche de lady Catherine.
– Excelente idea. Como hermano, mentiria si dijera que me gusta la forma en que Darnell la esta mirando.
Andrew logro con gran esfuerzo apartar la mirada del grupo situado alrededor de la ponchera y miro a Philip.
– Tampoco a mi me gusta.
– Bueno, puesto que eres perfectamente capaz de comportarte con la debida correccion, me marchare para que puedas proceder. Te enviare una carta cuando me convierta en papa para comunicarte si el retono es nino o nina.
Andrew sonrio.
– Si, te lo ruego. Estare ansioso por saber si me has hecho tio o tia.
Philip se rio.
– Buena suerte con tu plan por ganarte el corazon de mi desinteresada hermana. -En los ojos de Philip destello una chispa divertida cuando volvio a mirar al grupo congregado alrededor de la ponchera-. Siento no poder ser testigo del cortejo, pues no me cabe duda de que resultara realmente entretenido. Y que gane el mejor.
Despues de haber salido a despedir a Philip, Andrew subio por el sendero de ladrillo para volver a entrar en la casa, previendo el encuentro con Catherine. Esperaba que no se produjera ninguna otra interrupcion…
La puerta principal se abrio y un grupo de caballeros salio de la casa. Andrew apreto los dientes al reconocer a lord Avenbury y a lord Ferrymouth. Ambos jovenes lores iban impecablemente vestidos: complicadas corbatas de nudo adornaban sus cuellos y lucian un artistico peinado de rizos sueltos y descuidados. Cada uno de ellos llevaba enjoyados anillos que brillaban a la luz de la luna al tiempo que disfrutaban del placer de un poco de rape. Andrew decidio que no tendrian tan buen aspecto con las mandibulas inflamadas y los ojos morados.
Y aquel reprobo Kingsly iba con ellos. Con su barriga, sus labios arrugados y sus pequenos ojos, Kingsly era un tipo carente de atractivo, aunque Andrew estaba mas que dispuesto a hacer de el un hombre aun mas feo si persistia en perseguir a lady Catherine.
El delgado lord Borthrasher miro desde detras de sus anteojos a Andrew por encima de su larga nariz. A Andrew le recordaba un buitre con su puntiaguda barbilla y esos afilados ojos de mirada fria e inquebrantable. Dos caballeros a los que no reconocio cerraban el grupo. Lo ultimo que Andrew deseaba era hablar con ninguno de ellos, pero, desafortunadamente, no hubo forma de evitarlos.
– Ah, Stanton, ?le apetece unirse a fumar con nosotros? -pregunto lord Kingsly, escudrinandole de tal modo que Andrew apreto los dientes hasta el limite de sus posibilidades.
– No fumo.
– ?Ha dicho Stanton? -Uno de los caballeros a los que Andrew no conocia levanto unos impertinentes y le miro. Al igual que sus companeros, el hombre en cuestion llevaba un traje de corte perfecto, una complicada corbata y un anillo enjoyado. A pesar de ser claramente mayor que todos sus companeros, era de complexion sorprendentemente atletica y ancho de hombros. Andrew se pregunto si su fisico estaria reforzado debido a la practica del remo-. Hace tiempo que queria conocerle, Stanton. He oido hablar mucho sobre ese museo.
– Permitame que le presente a su gracia, el duque de Kelby -dijo Kingsly.
Ah, el pretendiente cuya propiedad lindaba con la de Catherine. Andrew le ofrecio una breve inclinacion de cabeza, tranquilizado en parte por el hecho de que el duque, por muy cordial que pareciera, tenia todo el aspecto de una carpa.
– Tambien yo esperaba conocerle. -El otro caballero al que Andrew no conocia se adelanto y le tendio la mano-. Sidney Carmichael.
Andrew reconocio el nombre que Philip habia mencionado como potencial inversor de cinco mil libras. De altura y constitucion medias, Andrew calculo que rondaria los sesenta anos y, cansado, se pregunto si seria tambien otro de los pretendientes de Catherine. Estrecho la mano del hombre, notando el firme apreton que clavo el anillo contra sus dedos.
– Lord Greybourne me ha informado de que es usted norteamericano -dijo el senor Carmichael al tiempo que evaluaba a Andrew con su mirada calculadora, favor que este le devolvio.
– En cuanto abre la boca nadie se atreve a dudar de que procede de las malditas colonias -dijo lord Kingsly con una sonora carcajada que arranco las risas del grupo-. Aunque tampoco es que hable mucho. Hombre de pocas palabras, ?eh, Stanton?
Haciendo caso omiso de Kingsly, Andrew respondio:
– Si, soy americano.
– He pasado algun tiempo en su pais durante mis viajes -dijo Carmichael-. Sobre todo en la zona de Boston. ?De donde es usted?
Andrew vacilo apenas una decima de segundo. No le hacia mucha gracia responder preguntas sobre si mismo.
– De Filadelfia.
– Nunca he estado alli -dijo Carmichael con aire apesadumbrado-. Soy un amante de las antiguedades. Avenbury, Ferrymouth y Borthrasher me han estado cantando las alabanzas del museo que van a abrir lord Greybourne y usted. Me gustaria hablar con usted de una posible inversion. -Cogio una tarjeta del bolsillo del chaleco y se la dio a Andrew-. Mi direccion. Espero que venga a visitarme pronto.
Andrew se metio la tarjeta en el bolsillo y asintio.
– Lo hare.
– A mi tambien me gustaria hablar con usted de cierta inversion, Stanton -intervino el duque-. Siempre busco buenas oportunidades.
– Siempre busco inversores -dijo Andrew, con la esperanza de que su sonrisa no resultara tan tensa como el la sentia-. Y ahora, si me excusan, caballeros… -Asintio y los rodeo.
Al pasar junto a lord Avenbury, el joven lord dijo al grupo:
– Ferrymouth y yo nos vamos a las mesas de juego. Me habria gustado bailar con lady Catherine, pero supongo que siempre hay una proxima vez.
Andrew se quedo helado y lanzo una mirada glacial al perfil del joven.
– Es un delicioso bocado -dijo lord Avenbury. Se humedecio los labios y el grupo se rio. Andrew tuvo que apretar las manos para contenerse y no ceder al impulso de ver que aspecto tendria Avenbury sin labios.
– Como sabeis, su propiedad esta situada junto a la mia -dijo el duque, levantando sus impertinentes y haciendo destellar su anillo enjoyado-. De lo mas comodo.
– ?En serio? -pregunto lord Kingsly con un evidente brillo lascivo en sus ojillos-. En ese caso quiza precise de una invitacion para visitarte, Kelby. Si, creo que siento un repentino apremio por ir a visitarte para tomar las aguas.
– Excelente idea -secundo lord Ferrymouth-. Borthrasher, ?no eras tu victima de ocasionales ataques de gota? Las aguas te sentarian de maravilla, estoy convencido. -Borthrasher asintio y Ferrymouth resplandecio al mirar al duque-. Creo que se impone un encuentro en su casa, Kelby. -Su mano barrio al grupo en un ademan en el que incluyo a todos los presentes-. Nos encantaria ir. Unos dias de caza, remojandonos en las aguas -arqueo las cejas-, visitando a los vecinos.
– Puede ser un divertido descanso de las habituales rondas de fiestas -concedio el duque-. Vayamos a las mesas de juego y hablemos.
Se alejaron por el sendero, riendose y sacando puros y cajas de rape. Andrew apreto los dientes hasta sentir dolor, dio media vuelta y entro en la casa a grandes zancadas. Maldicion, la noche no estaba transcurriendo de ningun modo como la habia previsto. Aunque, al menos, ahora que aquel grupo se habia marchado, las cosas no podian ponerse peor.
De pie entre las sombras del rincon mas alejado del salon, Catherine suspiro hondo, por fin aliviada al encontrarse sola durante un instante y poder asi calmar sus turbulentos pensamientos. Consciente de que aquel puerto le ofreceria solo un breve receso de la multitud, paseo la mirada por la habitacion en busca de otro santuario en el que encontrar refugio.
– ?A quien busca con tanta concentracion, lady Catherine? -pregunto una profunda voz que hablo
