directamente a su espalda.
Lady Catherine contuvo el aliento y se volvio apresuradamente para encontrarse mirando fijamente a los conocidos ojos oscuros del senor Stanton. Unos ojos firmes, amigables. La recorrio una sensacion de alivio. Ahi tenia, por fin, un amigo con quien hablar. Un aliado que no pretendia hacerle ningun dano. Un caballero que no tenia la menor intencion de cortejarla.
– Senor Stanton, me ha asustado usted.
– Le ruego que me perdone. La he visto aqui de pie y he querido venir a saludarla. -Andrew la saludo con una formal inclinacion de cabeza y luego sonrio-. Hola.
Ella hizo a un lado sus preocupaciones con energico ademan y sonrio a su vez, consciente de que el captaria cualquier desconcierto que pudiera revelar.
– Hola. No le veia desde la ultima vez que vine a Londres, hace dos meses. Supongo que habra estado usted bien… y tambien ocupado con el museo.
– Si a ambas cosas. Tambien yo veo que usted ha estado bien. -Su mirada se poso brevemente en su vestido-. Esta preciosa.
– Gracias. -Lady Catherine estuvo tentada de admitir ante el el alivio que sentia al haber podido poner fin al luto, aunque, sabiamente, prefirio guardar silencio. Hacerlo originaria otra conversacion sobre Bertrand, conversacion similar a la que ya habia mantenido con otros invitados desde su aparicion esa noche, y no tenia ningun deseo de hablar de su difunto marido.
– ?Puedo ayudarla a encontrar a alguien, lady Catherine?
– De hecho, estaba buscandole a usted. -No era exactamente cierto, pero Andrew si representaba lo que ella habia estado buscando: una ensenada en la que encontrar refugio entre las aguas turbulentas de la velada.
Un jubilo inconfundible destello en los ojos del senor Stanton.
– Que oportuno, pues aqui me tiene.
– Si. Aqui… le tengo. -De aspecto fuerte y solido, familiar aunque imponente… el candidato perfecto para distraer su atencion de sus preocupaciones y desanimar a los molestos caballeros que llevaban zumbando a su alrededor toda la noche como revoloteadores insectos.
Arrugo los labios.
– ?Piensa decirme por que me buscaba o tendremos que jugar a las charadas?
– ?A las charadas?
– Es un juego divertido en el que una persona escenifica palabras, como quien escenifica una pantomima, mientras otros adivinan que es lo que esta intentando representar.
– Entiendo. -Lady Catherine fruncio los labios y dio exageradas muestras de estudiarle-. Humm. Su corbata claramente retocada, en combinacion con esa ligera sombra de ceno entre sus cejas, indica que esta intentando decir que desearia que Philip se hubiera quedado a hablar con todos esos potenciales inversores de su museo.
– Una observacion muy astuta, lady Catherine. Philip es mucho mas apto que yo para navegar por estas aguas. Me contento con no asustar a ninguno de nuestros apoyos financieros antes de que Meredith de a luz y Philip regrese a Londres.
– Le he visto hablar con varias personas esta noche y ninguna me ha parecido demasiado asustada. En cuanto a Philip, me ha encantado que haya venido a la fiesta, aunque es una lastima que haya estado con nosotros tan poco tiempo.
– Me ha dicho que Meredith ha insistido en que viniera, a pesar de sus objeciones.
– Tengo la certeza de que asi ha sido.
– Bastante raro, teniendo en cuenta la delicadeza de su estado, ?no le parece?
– En absoluto -respondio Catherine con una sonrisa-. Ayer recibi una carta de Meredith en la que me escribia que mi normalmente tranquilo y contenido hermano ha empezado a alternar la practica de freneticos paseos de un lado a otro de la casa con el repetido refunfuno de: «?ya es la hora?». Despues de una semana soportando semejante comportamiento, estaba a punto de sacudirle. Antes de exponerse al peligro de herir al padre de su hijo, mi cunada se aferro a la excusa de esta fiesta para empujarle literalmente por la puerta.
El senor Stanton se rio entre dientes.
– Ah, ahora lo entiendo. Si, puedo imaginar a Philip revoloteando alrededor de Meredith, con el pelo de punta, la corbata desanudada…
– … sin rastro de la corbata -le corrigio Catherine con una carcajada.
– Los anteojos torcidos.
– La camisa espantosamente arrugada…
– …arremangado. -Andrew sacudio la cabeza-. No puedo por mas que compadecer a la pobre Meredith. Casi diria que me tienta estar presente en la casa de campo de Greybourne para disfrutar del espectaculo.
Catherine agito la mano, desestimando la cuestion.
– Vamos. Usted simplemente desearia estar en cualquier otro sitio que no fuera este, intentando convencer a posibles inversores.
Algo brillo en los ojos de Andrew y a continuacion una atractiva sonrisa se extendio sobre su rostro, dibujando dos hoyuelos identicos en sus mejillas, una sonrisa a la que a ella le resulto imposible no responder con otra semejante. Andrew se inclino hacia ella y Catherine percibio un agradable olor a sandalo. Un inexplicable estremecimiento le recorrio la columna, sorprendiendola debido al calor que reinaba en el salon.
– Debo reconocer que solicitar fondos no es mi pasatiempo favorito, lady Catherine. Le debo un favor por haberme concedido este momento de paz.
A punto estuvo de decirle que tambien ella le debia un favor por una razon similar, pero se contuvo.
– Le he visto hablando con lord Borthrasher y con lord Kingsly, y tambien con la senora Warrenfield -dijo ella-. ?Han tenido exito sus esfuerzos?
– Eso creo, sobre todo en el caso de la senora Warrenfield. Su marido le ha dejado una cuantiosa fortuna y siente un gran amor por las antiguedades. Una buena combinacion, en lo que nos concierne a Philip y a mi.
Catherine sonrio y Andrew se quedo sin aliento. Maldicion. Era una preciosidad. Todo el hilo de su conversacion se desintegro en su mente mientras seguia mirandola. Por fin, su voz interior le devolvio la vida de golpe. «Deja de mirarla como un idiota y habla, cabeza de chorlito, antes de que lord-como-se-llame vuelva con un enorme ramo de flores y sus declamados sonetos.»
Se aclaro la garganta.
– ?Y como esta su hijo, lady Catherine?
Una mezcla de orgullo y de tristeza asomo a su rostro.
– En general, Spencer esta bien de salud, gracias, pero el pie y la pierna le causan dolor.
– ?No ha venido con usted a Londres?
– No. -La mirada de Catherine recorrio a los invitados congregados en el salon y se le helo la expresion del rostro-. No le gusta viajar y siente especial animadversion hacia Londres, sentimiento que comparto con el. Tampoco le gustan las fiestas. Si no hubiera sido por la fiesta de cumpleanos de mi padre, yo no me habria aventurado a venir a la ciudad. Tengo planeado regresar a Little Longstone manana mismo despues del desayuno.
Sintio una oleada de desilusion. Habia esperado que ella se quedara en Londres al menos unos dias, concediendole asi la oportunidad de pasar un tiempo en su compania. Invitarla a la opera. Mostrarle los progresos en el museo. Montar en Hyde Park y pasear por Vauxhall. Maldicion, ?como iba a llevar a cabo su plan para cortejarla si ella insistia en ocultarse en el campo? Sin duda se imponia una visita a Little Longstone, aunque, como ella no le habia extendido ninguna invitacion, tendria que pensar en alguna excusa plausible para aparecer por alli. Sin embargo, mientras tanto, necesitaba dejar de desperdiciar un tiempo precioso y aprovechar al maximo la oportunidad presente. Los acordes de un vals flotaban en el aire y todo su cuerpo se altero ante la perspectiva de bailar con ella, de sostenerla entre sus brazos por primera vez.
Justo cuando abrio la boca para pedirle que le concediera ese baile, ella se inclino hacia el y le susurro:
– Oh, Dios. Mire eso. Esta actuando de forma absolutamente erronea.
– ?Como dice?
Catherine senalo con la cabeza hacia la ponchera.
– Lord Nordnick. Esta intentando seducir a lady Ofelia y esta cayendo en el mas absoluto ridiculo.
Andrew volvio su atencion hacia la pareja que estaba de pie junto a la profusamente adornada ponchera de
