plata. Un joven de aspecto ansioso, presumiblemente lord Nordnick, estaba dando a una atractiva joven, presumiblemente lady Ofelia, una copa de ponche.

– Ejem, ?existe acaso una forma incorrecta de dar un refresco a una mujer? -pregunto Andrew.

– No solo le esta dando un refresco, senor Stanton. La esta cortejando. Y me temo que no se esta luciendo demasiado.

Andrew estudio a la pareja durante varios segundos mas y luego sacudio la cabeza, perplejo.

– No veo nada extrano.

Catherine se acerco a el unos centimetros mas. Un embriagador aroma de flores le lleno la cabeza y Andrew tuvo que apretar los dientes para seguir concentrado en sus palabras.

– Fijese en sus modales exageradamente entusiastas.

– ?Exageradamente entusiastas? Esta claro que el joven esta encaprichado y que desea complacerla. ?No creera que deberia haber permitido que lady Ofelia se sirviera el ponche ella misma?

– No, pero sin duda el no le ha consultado cual es su preferencia. A juzgar por su expresion, es obvio que lady Ofelia no deseaba una copa de ponche… sin duda porque el ya le habia servido una hace menos de cinco minutos.

– Quiza lord Nordnick este simplemente nervioso. Segun creo, la cordura suele abandonar la cabeza de un hombre cuando esta en compania de una dama a la que considera atractiva.

Catherine respondio con un leve chasqueo de la lengua.

– Y eso me parece de lo mas desafortunado. Observe lo aburrida que esta ella con sus ineptas atenciones.

Humm. Lady Ofelia parecia sin duda aburrida. Demonios. ?Cuando habia empezado el arte del cortejo a ser tan condenadamente complicado? Con la esperanza de parecer mas un conspirador que un hombre deseoso de obtener informacion, pregunto:

– ?Que deberia hacer lord Nordnick?

– Deberia colmarla de romanticismo. Descubrir cual es su flor favorita. Su comida preferida.

– ?Deberia pues enviarle rosas y dulces?

– Como amiga suya, senor Stanton, debo apuntar que esa es precisamente una suposicion masculina tristemente tipica. Quiza lady Ofelia prefiera las costillas de cerdo a los dulces. ?Y como sabe que la rosa es su flor favorita?

– Como amigo suyo, lady Catherine, debo apuntar que resultaria muy extrano que un pretendiente apareciera de visita con una caja de regalo llena de costillas de cerdo. ?Y acaso las rosas no gustan a todas las mujeres?

– No sabria decirle. A mi me gustan. Sin embargo, no son mis favoritas.

– ?Y cuales son entonces sus favoritas?

– Las dicentra spectabilis.

– Lamento reconocer que el latin no es mi fuerte.

– ?Lo ve?

– De hecho, no.

– Ahi tiene usted otro problema con los metodos poco originales de lord Nordnick. Deberia recitar a lady Ofelia algo romantico en otra lengua. Pero estoy cayendo en una mera digresion. Dicentra spectabilis significa «corazon sangrante».

Andrew aparto los ojos de la pareja y se volvio a mirarla.

– ?Una flor llamada «corazon sangrante» es su flor favorita? No me parece que haya mucho romanticismo en ese nombre.

– Aun asi, es mi favorita, y eso es precisamente lo que la hace romantica. Resulta que se que a lady Ofelia le gustan especialmente los tulipanes. Pero ?cree usted que lord Nordnick se molestara en averiguarlo? No lo creo. Despues de ver la cantidad de veces que ha ido a buscar copas de ponche que ella no deseaba, estoy segura de que enviara rosas a lady Ofelia porque eso es lo que el cree que a ella le gusta. Y, precisamente por eso, esta condenado al fracaso.

– ?Y todo porque ha ido a buscar ponche y porque le enviara las flores inadecuadas? -Andrew volvio a mirar a la pareja y fue presa de una oleada de pena por lord Nordnick. Pobre diablo. Anoto mentalmente pasar la informacion sobre los tulipanes al desventurado joven. En esos peligrosos empenos del cortejo, los hombres tenian que permanecer unidos.

– Quiza esos torpes intentos habrian ganado el favor de una dama en el pasado, pero ya no. La mujer moderna actual prefiere a un caballero que tome en consideracion sus preferencias, en oposicion a un hombre que en su arrogancia crea saber lo que es mejor para ella.

Andrew se rio por lo bajo.

– ?La mujer moderna actual? Suena como si lo hubiera sacado de esa ridicula Guia femenina de la que habla todo el mundo.

– ?Por que «ridicula»?

– Humm, si, quiza me haya equivocado en la eleccion de la palabra. «Escandalosos y espantosos disparates llenos de basura» se acerca mas a lo que quiero decir.

Andrew siguio estudiando a la pareja durante unos segundos mas, intentando descifrar los errores del aparentemente equivocado lord Nordnick para no cometerlos el mismo, aunque lo cierto es que no alcanzaba a ver lo que el hombre no estaba haciendo bien. Se mostraba cortes y atento, dos estrategias que el propio Andrew consideraba importantes para su plan para cortejar a lady Catherine.

Se volvio de nuevo hacia ella.

– Me temo que no veo…

Se interrumpio bruscamente al ver que ella le miraba con las cejas arqueadas y una expresion de frialdad.

– ?Me he perdido algo?

– No sabia que hubiera leido la Guia femenina para la consecucion de la felicidad personal y la satisfaccion intima, senor Stanton.

– ?Yo? ?Una Guia femenina? -Andrew se rio de nuevo entre dientes, intentando decidir si estaba mas perplejo o divertido por sus palabras-. Naturalmente que no la he leido.

– En ese caso, ?como puede calificarla de «escandalosos y espantosos disparates llenos de basura»?

– No necesito leer las palabras para conocer su contenido. La Guia se ha convertido en el tema principal de conversacion de la ciudad. -Sonrio, pero la expresion de Catherine permanecio inmutable-. Como usted ha pasado los ultimos meses en Little Longstone, no puede estar al corriente del escandalo que ese libro ha provocado con las disparatadas ideas propuestas por el autor. No tiene mas que escuchar a los caballeros que hay en el salon para darse cuenta de que no solo el libro esta plagado de estupideces, sino que al parecer esta ademas precariamente escrito. Charles Brightmore es un renegado y posee poco talento literario, en caso de que posea algo.

Dos banderas gemelas de color asomaron a las mejillas de Catherine y a traves de sus ojos entrecerrados su mirada se torno claramente glacial. Sonaron campanadas de advertencia en la cabeza de Andrew que le sugirieron (desgraciadamente con unas cuantas palabras de retraso) que habia cometido un grave error tactico. Ella alzo la barbilla y le lanzo una mirada con la que de algun modo logro dar la sensacion de estar mirandole por encima del hombro, lo cual era toda una hazana, teniendo en cuenta que el era unos veinticinco centimetros mas alto que ella.

– Debo decir que estoy sorprendida, por no decir decepcionada, al descubrir que es usted muy estrecho de miras, senor Stanton. Habria dicho que un hombre de su vasta inteligencia viajera se mostraria mas abierto a las ideas nuevas y modernas, y que, como minimo, era un hombre que se tomaria el tiempo de examinar todos los hechos y formarse su propia opinion sobre un tema, en vez de confiar en los chismes que oye en bocas ajenas, sobre todo cuando esas bocas ajenas con toda probabilidad no han leido el libro.

Andrew arqueo las cejas al percibir su tono.

– No soy en absoluto estrecho de miras, lady Catherine. Sin embargo, no creo necesario experimentar algo para saber que no es de mi agrado o que no coincide con mis creencias -dijo suavemente, preguntandose que habia ocurrido para que la conversacion se hubiera desviado de aquel modo-. Si alguien me dice que el pescado podrido apesta, me conformo con creer en su palabra. No siento la necesidad de meter la nariz en el barril para

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