casi exclusiva de espaguetis y que preparo una cena congelada en la chimenea.

Riley movio la cabeza y rio entre dientes.

– ?Que te impulsaba a hacer eso?

– De hecho, fue idea de mi madre. En esa epoca estaba en el instituto y la electricidad se habia ido, de modo que no disponiamos de horno. Sacamos un plato precocinado del congelador y arreglamos la noche asi. Lo peor, que he comido jamas… medio calcinado, medio congelado, pero tambien una de las cenas mas divertidas que he tenido -rio con ganas-. Durante semanas, la casa tuvo un olor extrano.

Le hubiera gustado haber compartido esa velada con el.

– Suena divertido.

– Lo fue.

– Entonces… me cabe conjeturar que prefieres la pizza con cosas que atasquen las arterias, como las salchichas y el beicon.

– Si. Y para no desentonar, una racion extra de mozzarella. Aunque yo prefiero considerarlo como mi dosis diaria de proteinas y productos lacteos.

No pudo evitar sonreir.

– Apuesto a que si. Bueno, doy por hecho que esta llamada se debe a que vas a poner el partido y dejar que me regodee con la paliza que los Braves van a darle a los Mets.

– Ni lo suenes. Mientras como la pizza veo el tenis. Esta a punto de empezar el segundo set del partido masculino.

– Hurra.

– Al menos no es aburrido. Ver el beisbol es como esperar que se seque la pintura. Un grupo de tipos con sueldos excesivos de pie alrededor de un campo a la espera de que la pelota vaya a ellos.

– Oh, claro, en el tenis ganan sueldos miseros. Al menos en el beisbol hacen algo mas que golpear la pelota.

– Al menos el tenis representa movimiento. Podrias quedarte dormido esperando que suceda algo en un partido de beisbol.

– Al menos no necesitas un quiropractico despues de ver un partido de beisbol. No hay nada de ese monotono derecha, izquierda, derecha, izquierda.

– Supongo que necesitamos acordar que estamos en desacuerdo en esto. De hecho, te llamaba porque ahora mismo pensaba en ti.

Apreto el auricular con fuerza.

– ?Oh? ?En que pensabas?

Siguieron unos momentos de silencio a su pregunta. Luego el pregunto con Voz baja y seria:

– ?De verdad quieres saberlo?

No.

– Si.

– Pensaba en tu sonrisa. En tu risa. En la forma decadente y sexy en que comes los donuts. En la deliciosa fragancia a vainilla de tu piel. En la sensacion de nuestras manos y bocas en los cuerpos del otro.

Ella cerro los ojos, evocando el desfile de imagenes sensuales de los dos juntos que ya habian quedado grabadas de forma indeleble en su cerebro. Agradecio estar sentada; de lo contrario, se deslizaria al suelo en una masa gelatinosa.

– De hecho -continuo Jackson con el mismo tono de voz-, no es exacto decir, que ahora estaba pensando en ti. La verdad es que no he dejado de hacerlo en ningun momento. No desde que entre en tu tienda de adivina.

A Riley el corazon le latia tan deprisa, que podia oir el martilleo en los oidos. Aunque habia querido oir esas palabras, no habia esperado que el las dijera. Al decidir desprenderse del manto de aburrimiento, habia estado dispuesta a hacer algo atrevido. Pero con Jackson habia obtenido mas de lo pactado. No habia imaginado lanzarse a una relacion plena, y menos con un hombre al que hasta hacia poco tiempo llamaba Azote de su Existencia. Pero habia cosechado un fracaso rotundo en su intento de olvidarlo. Su sinceridad la movio a responder con lo que sentia.

– Yo… yo tambien he pensado en ti.

– Bien. Odiaria pensar que sufro solo.

– ?Que te hace pensar que estoy sufriendo?

– Si no es asi, dimelo. Hace que me sienta mejor pensar que eres tan desdichada como yo.

– Vaya. ?Conquistas a muchas mujeres con frases seductoras de ese tipo?

– No me van mucho las frases…

– Es evidente.

– … porque solo son eso… frases. Juegos. He dicho y me han dicho las suficientes como para haber desarrollado un verdadero rechazo hacia ellas. Prefiero pronunciar la cruda verdad y que la suelte caiga donde deba. Al menos de esa manera, no habre hecho nada para manchar mi integridad.

– Valoro la sinceridad y no queria dar a entender lo contrario. Mi unica defensa es que me ha resultado… sorprendente.

– ?Que fuera sincero? Cielos, gracias.

Capto el dolor subyacente en la voz.

– Lo siento -repuso con sinceridad-. Lo estoy expresando mal. Es que hasta que no te conoci de verdad, he de reconocer que me caias francamente mal.

– Comprendo. Bueno, supongo que tambien soy culpable de lo mismo contigo. Pero ya no me caes mal, Riley. Y soy el primero en reconocer que hay ocasiones en las que me expreso incorrectamente, asi que deja que vuelva a intentarlo. Lo que queria decir es que me anima que hayas pensado en mi, y espero que haya sido de la misma manera que yo he estado pensando en ti -tras una breve pausa, musito-: ?Ha sido asi?

Queria mentir, y tal vez si solo hubiera pensado una o dos veces en el, lo habria hecho.

– No puedo negar que he pensado en la noche que pasamos juntos -entonces, con la necesidad de desviar la conversacion a un terreno mas seguro, adopto un tono ligero y anadio-: Pero tambien he pensado en lo poco que tenemos en comun.

– Apuesto a que, si nos esforzamos, podriamos encontrar algo en comun.

Sintiendose en terreno solido, se puso de pie, activo el manos libres del telefono y fue a comprobar la pizza.

– Creo que deberiamos ahondar mucho.

– No -la voz profunda de Jackson lleno la habitacion-. Eh, aqui va una… los dos tenemos dos orejas, dos ojos y una nariz.

– Eso es ridiculo -saco la pizza del horno-. Los dos tambien tenemos diez dedos en las manos y diez dedos en los pies y…

– Lenguas -intervino el-. Ambos tenemos lenguas.

– Yo iba a decir una boca -corrigio con su mejor tono severo.

– Y tu sabes como usar la tuya muy bien, me permito anadir.

Tuvo que cerrar los labios con fuerza para no soltar una carcajada.

– Basta de partes corporales -dijo Riley-. Me referia a cosas reales.

– Mmmm. Has cambiado las reglas en mitad del juego, pero lo acepto. ?Que te parece esto? Los dos tenemos carreras empresariales.

– Cierto. Pero en campos diferentes.

– Ah, no seas quisquillosa -dijo.

Y ella pudo visualizar con claridad su sonrisa de triunfo.

Se sirvio en el plato una generosa porcion de pizza a rebosar de queso, saco una botella de agua de la nevera y se sento ante la encimera.

– No -contradijo-. Solo senalo que la contabilidad no tiene nada que ver con el marketing -en broma, pronuncio la palabra como si oliera mal.

– Tienes razon. El marketing no es aburrido -imito su tono.

– Otra cosa que no tenemos en comun, la contabilidad a mi me resulta fascinante.

– Si, bueno, eso es algo que tenemos en comun, porque a mi hay cosas que me resultan fascinantes. Como el

Вы читаете Vestida De Rojo
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату