– Hola. Gracias por invitarme.
Ella abrio la boca para hablar, pero descubrio que no podia. Esa misma oleada de atraccion, calor y lujuria que la habia consumido la primera vez que lo habia visto volvio a dominarla.
– Estas aqui -fue la frase redundante que se le ocurrio.
– Si -el cerr6 el telefono, se lo guardo en el bolsillo de la chaqueta y alzo la bolsa para menearla a la altura de los ojos de ella-. Los donuts y yo.
– ?Como?
– Avion. Y un poco de ayuda para encontrar tu direccion, cortesia de la guia de internet. Te dije que parecia que iba a tener que hacer otro viaje a Atlanta.
– ?Eso fue hace treinta segundos! ?Es obvio que tu viaje era una certeza!
– Cierto.
Bajo la vista a la maleta.
– Y es evidente que acabas de llegar del aeropuerto.
– Cierto otra vez. Supongo que primero podria haberme registrado en el hotel y llamarte luego, pero… - callo.
Y el deseo, que proyectaron sus ojos la lleno de un hormigueo caliente.
– ?Pero que?
– Pero queria sorprenderte.
– Lo has hecho.
– No desagradablemente, espero.
Santo cielo, no habia nada desagradable en ello, salvo quiza en el modo en que su corazon amenazaba con salirsele del pecho.
– No.
– Y tampoco queria esperar tanto para verte.
– ?Cuanto tiempo vas a quedarte en la ciudad?
– Definitivamente, el resto de la semana, y calculo que casi toda la siguiente -miro el apartamento por encima del hombro de ella-. ?Piensas cumplir con lo dicho y pedirme que pase?
La pregunta la saco del estupor en el que habia caido. Se aparto a un lado y abrio la puerta.
– Claro. Pasa.
– Gracias -aparco la maleta y dejo la bolsa encima.
Despues de que ella cerrara la puerta, Jackson le tomo las manos y entrelazo los dedos con los de ella. El calor subio, por sus brazos ante el contacto y apenas pudo contenerse de soltar un suspiro.
– Podria haber enviado a alguno de mis directores a ocuparse de este proyecto -dijo, acariciandole el dorso de la mano con los dedos, pulgares-. Pero deseaba mucho volver a verte -se las solto para tomarla en brazos-. Y ahora, acerca de ese beso que te prometi…
Le rozo los labios una, dos veces, en un beso delicado que reavivo su fuego. Riley le rodeo el cuello con los brazos y se pego a el hasta que entre ambos ni siquiera habria podido pasar una hoja de papel. Le acaricio el pelo mientras sus lenguas se encontraban y todo su cuerpo parecio suspirar aliviado.
Ese beso lento, profundo y humedo le arrebato los sentidos, habiendo que se preguntara si de verdad habia logrado convencerse de que la chispa que habia entre ambos no era pura y absoluta magia. Su control se evaporaba a un ritmo alarmante, acentuado por las imagenes vividas de que le arrancaba la ropa alli mismo. Cuando al final el alzo la cabeza, Riley encontro la fuerza necesaria para abrir los ojos. La mirada de el le provoco un torrente de fuego liquido por todo el cuerpo.
– No me sueltes todavia -pidio casi sin aliento-. Me parece que he perdido el dominio sobre mis rodillas.
– No me equivocaba -comento el divertido.
Riley dejo escapar una risa de sus labios.
– ?En que no te equivocabas?
– Tu beso. Tu sabor. La sensacion de tenerte en mis brazos. Habia empezado a pensar que habia imaginado… lo que sea que me haces, pero es tal como lo recuerdo. Incluso mejor, si es posible.
El mejor abogado del mundo no podria rebatir esa declaracion.
– ?Pero no estas seguro de que es mejor? -pregunto ella-. Estoy dispuesta a soportar otro beso si requieres mas pruebas…
Sus labios volvieron a capturar los suyos, cortandole las palabras, los pensamientos, todo menos la embrujadora friccion de su lengua contra la de ella, el calor sedoso de su boca, la fragancia fresca de su piel llenando todos los espacios vacios que le creaba en la cabeza, mientras bajaba las manos fuertes por la espalda para moldearla contra el. Cuando el poco control que habia logrado retener se torno casi inexistente, quebro el beso.
– Surtes un efecto realmente perjudicial en mi autocontrol -jadeo Riley-, y no se si me agrada.
– Lo mismo, digo.
– Como necesites alguna prueba mas, te desnudare aqui mismo para arrastrarte luego a mi madriguera para abusar de ti.
El gimio y se inclino para besar la union sensible entre el cuello y el hombro.
– Y eso estaria mal… ?por que, exactamente?
El aliento calido de Jackson le provoco un cosquilleo delicioso.
Probablemente, habia un motivo, pero ya lo habia olvidado. ?Como se suponia que podia pensar en algo con sus labios asaltando su cuello, las manos coronandole los pechos y sus dedos sabios despertandole los pezones a traves de la tela elastica del top? Ese hombre era un peligro. Un destructor de concentracion de primera magnitud.
Tambien ella se habia preguntado si su imaginacion habia agigantado lo que habian compartido. ?Tan bueno habia sido? Solo habia una manera de averiguarlo…
Apoyo las manos contra su torso y se aparto de el con el fin de mantenerlo a raya. Despues de respirar hondo, lo estudio.
– Ahora que lo mencionas, no se me ocurre ninguna razon para no aprovecharme de ti -adopto su expresion mas inocente-. Oh… a menos que prefieras ver la television. Probablemente den algun partido de tenis.
– Debes de estar bromeando.
– ?Quieres cenar algo? Me queda pasta.
– Quiza luego.
– ?Donuts?
– No; gracias.
– ?Una copa?
– Me estas matando.
– Supongo que eso es un «no» a la copa.
– Si. En cuanto a lo de desnudarme… -extendio los brazos-. Considerame a tu disposicion.
Capitulo 9
Riley apoyo el menton sobre el dedo indice y lo recorrio con la vista. Mmmm. Ahi tenia la oportunidad perfecta de retener el control y, en el proceso, hacer que el perdiera el suyo.
?Estaba a su disposicion? Una proposicion tentadora. Y que hacia que se sintiera muy atrevida.
Deslizo las manos por el interior de su chaqueta y lentamente se la quito.
– Lo unico que tienes que hacer es quedarte quieto.
– Quedarme quieto. Eso puedo hacerlo.
– Veamos -le bajo la chaqueta por los brazos, luego, la colgo en el galan. Despues apoyo las manos sobre el abdomen firme y subio los dedos por la camisa y la corbata. Sin dejar de mirarlo a los ojos, le deshizo el nudo y disfruto con el deseo que era capaz de crearle y que se manifestaba en su mirada.
Le saco la camisa de la cinturilla del pantalon y luego, lentamente, se la desabotono. Guio la tela por sus hombros, despues por sus brazos. Antes de colgarla en el galan, enterro la cara en el algodon suave, aun calido
