– ?A que hora?
La sonrisa le ilumino de nuevo los ojos y aparecieron unos hoyuelos en sus mejillas.
– A las diez y media -contesto ella mientras le daba el cambio.
El entraba a trabajar a las diez.
– Que sea a las nueve.
– Vale. -Ella abrio el expositor, corto dos trozos de tarta de queso y los envolvio en papel encerado-. Es una cita.
Tampoco era para tanto. Pero era simpatica y obviamente sabia cocinar. Y lo cierto era que no lo miraba como si la unica cosa que lo salvara de tener un calcetin en el intestino fuera que creia en la no violencia. La observo poner la tarta y dos tenedores de plastico encima de los bocadillos, despues le dio la bolsa.
– Hasta manana, Joe.
Tal vez Ann fuera justo lo que necesitaba.
Capitulo 9
Treinta carpas a rayas se alineaban en una zona del Julia Davis Park cerca del escenario. Un grupo de musicos improvisados se sentaba con las piernas cruzadas bajo un roble de imponente altura tamborileando los dedos contra la piel tensa de los bongos. Tambien habia varios flautistas y un pequeno grupo de nomadas tocando diversos instrumentos hechos a mano. Unas bailarinas descalzas con largas faldas de gasa giraban con un ritmo hipnotico, mientras la raza blanca de America observaba todo un poco perpleja.
En el
La caseta de Gabrielle estaba entre la de Madre Alma, sanadora espiritual, y Dan Organico, experto en hierbas medicinales. El festival era una mezcla de espiritualidad New Age y fines comerciales. Gabrielle se habia vestido para la ocasion con una blusa de campesina blanca sin mangas con unicornios bordados y ribetes dorados que anudaba por debajo de los senos. La falda a juego era de cadera baja y se abotonaba por el frente; la llevaba abierta desde las rodillas a los tobillos. Estaba calzada con unas sandalias planas de cuero hechas a mano. Se habia dejado el pelo suelto, y unos finos aros de oro colgaban de sus orejas a juego con el aro del ombligo. Todo el conjunto le recordaba a uno que habia llevado hacia tiempo cuando bailaba la danza del vientre.
Los aceites esenciales y aromaterapias se estaban vendiendo mejor de lo que esperaba. Hasta ese momento, las mejores ventas habian sido los aceites medicinales seguidos de cerca por los aceites de masaje. Justo enfrente de la caseta de Gabrielle habia una mujer meditando y junto a ella, estaba la caseta Doug Tano, el
Lamentablemente para Gabrielle, Doug no estaba en su puesto, sino en el de ella explicandole los beneficios de la hidroterapia del colon. Gabrielle estaba muy orgullosa de tener una mentalidad abierta. Se consideraba culta. Entendia y aceptaba otras creencias con planos metafisicos diferentes. Apoyaba las artes curativas poco ortodoxas y las terapias alternativas, pero, Senor, discutir sobre material de desecho era superior a sus fuerzas.
– Deberias venir y hacerte una limpieza -le dijo mientras ella colocaba los frasquitos de aceites de bano y productos de belleza.
– No creo que tenga tiempo. -Ni tampoco pensaba buscarlo. Consideraba que dedicarse a la limpieza de colon era tan divertido como ser directora de pompas funebres. Uno de esos trabajos que obviamente tenia que hacer alguien, pero que agradecia profundamente a su karma que no le hubiese tocado a ella.
– No puedes dejar para mas adelante algo tan importante -dijo el, recordandole tambien un poco a un director de pompas funebres. Tenia la voz demasiado calmada, las unas demasiado pulidas y la piel demasiado palida-. De verdad, te sentiras mucho mas ligera en cuanto expulses todas esas toxinas.
Ella no pensaba comprobarlo personalmente.
– ?Ah, si? -fue todo lo que logro decir, despues fingio gran interes por los frascos de aromaterapias-. Creo que tienes gente en la caseta -dijo, tan desesperada por deshacerse de el que incluso mintio a proposito.
– No, solo pasan por delante.
Por el rabillo del ojo, vio como alguien colocaba una bolsa de papel al lado de los vaporizadores de cristal.
– Traje el almuerzo -dijo una voz profunda que jamas hubiera pensado que se alegraria de oir-. ?Tienes hambre?
Ella dejo que su mirada vagara desde la inmaculada camiseta blanca de Joe al hueco de su garganta bronceada y, de ahi, a la profunda curva del labio superior. La sombra de una gorra de beisbol roja y azul le cubria la mitad superior de la cara, acentuando las lineas sensuales de su boca. Despues de su conversacion con Doug, la sorprendio sentirse hambrienta.
– Estoy muerta de hambre -respondio girandose hacia el hombre parado a su lado-. Joe, este es Doug Tano. Doug tiene una caseta alli -dijo senalando al otro lado del pasillo mientras notaba las obvias diferencias entre los dos hombres. Doug era un alma tranquila en contacto con su naturaleza espiritual. Joe, por el contrario, irradiaba pura energia masculina y era casi tan tranquilizador como una explosion nuclear.
Joe miro por encima del hombro, luego centro la atencion en Doug.
– ?Hidroterapia del colon? ?Es la tuya?
– Si. Tengo la consulta en la Sexta. Trato la perdida de peso, la desintoxicacion del cuerpo, los problemas de digestion y el aumento de niveles de energia. La hidroterapia tiene un efecto muy calmante en el cuerpo.
– Aja. ?Y para conseguir todo eso tienes que meter una manguera por el culo?
– Bueno, esto… -tartamudeo Doug-. Meter una manguera es una manera bastante fuerte de decirlo. Utilizamos un tubo muy suave, maleable…
– Vas a tener que dejarlo, amigo -interrumpio Joe levantando una mano-. Estoy a punto de tomar el almuerzo y quiero disfrutar del jamon.
Doug torcio el gesto en senal de desaprobacion.
– ?Sabes lo que provoca la carne en tu colon?
– No -replico Joe rebuscando dentro de la bolsa-. Creo que la unica manera de saber lo que le pasa a mi colon es metiendo la cabeza en el culo. ?Y sabes que? Eso no ocurrira nunca.
Gabrielle se quedo boquiabierta. Eso habia sido muy rudo… incluso siendo Joe…, pero tremendamente efectivo. Doug se giro y, practicamente, huyo a su caseta. Y aunque odiaba admitirlo se sintio agradecida, incluso un poco envidiosa.
– Jesus, creia que no se iba a ir nunca.
– Gracias, supongo -dijo ella-. No dejaba de hablarme de mi colon y no sabia como deshacerme de el.
– Eso es porque quiere verte el culo al aire. -Joe le agarro la mano para colocarle un bocadillo envuelto en papel encerado sobre la palma-. Y no puedo culparle.
Entro en la caseta y se sento en una de las sillas de director que ella habia traido de casa. Aunque no estaba totalmente segura, creia que Joe acababa de lanzarle un piropo.
– ?Mara se pasara hoy por aqui para ayudarte? -pregunto.
– Vendra solo un rato. -Gabrielle miro el bocadillo que le habia dado-. ?De que es?
– Pavo con pan integral.
Ella se sento en la silla de al lado y lo miro.
– Supongo que no lo sabes -dijo casi en un susurro-, pero en el
– Creia que no eras practicante.
– Y no lo soy. -Abrio el papel encerado y contemplo el enorme trozo de pavo con brotes de soja entre las dos mitades de pan. Su estomago gruno y se le hizo la boca agua, pero su conciencia la acuso como si fuera una hereje.
Joe le golpeo ligeramente el brazo con el codo.
