de encontrarle otra explicacion a las extranas vueltas que daba su vida desde que habia conocido a Joe.
Finalmente, Joe suspiro con resignacion e hizo las presentaciones.
– Gabrielle -comenzo-, esta es mi madre, Joyce. -Apunto hacia una mujer mayor que llevaba una camiseta con la cabeza de Betty Boop sobre el cuerpo de Rambo. En la cinta de la cabeza de Betty estaba escrito Rambo Boop-. Estas son mis hermanas, Penny, Tammy, Tanya y Debby.
– Yo tambien estoy, tio Joey.
– Y yo.
– Y estos son la mayoria de mis sobrinos y sobrinas -dijo, senalandolos uno a uno con el dedo indice-. Eric, Tiffany, Sara, Jeremy, Little Pete y Christy. Hay cuatro mas en algun sitio.
– Estan o en la alameda o en la pista de baloncesto -aclaro una de sus hermanas.
Gabrielle miro a Joe, y de nuevo a su familia. ?Habia mas? El grupo ante ella era bastante abrumador.
– ?Cuantos sois en total?
– Tengo cinco hijos-contesto Joyce-. Y diez nietos. Por supuesto eso cambiara cuando Joey se case y me de alguno mas. -Se acerco y miro la mesa llena de frasquitos-. ?Que son?
– Gabrielle hace algun tipo de aceites -respondio Joe.
– Hago aceites esenciales y aromaterapias -corrigio ella-. Los vendo en mi tienda.
– ?Donde esta tu tienda?
– Es dificil de encontrar -repuso Joe antes de que ella pudiera abrir la boca, casi como si temiera lo que pudiera decir.
Una de sus hermanas cogio un frasco de jengibre y madera de cedro.
– ?Es afrodisiaco?
Gabrielle sonrio. Era el momento de que ella invitara al karma del detective Shanahan a probar su propia medicina.
– Algunos de mis aceites de masaje tienen propiedades afrodisiacas. El que tienes en la mano vuelve loco a Joe. -Le paso el brazo alrededor de la cintura y lo atrajo hacia ella. Esta vez, para variar, seria ella quien disfrutaria enormemente haciendolo rabiar-. ?No es verdad…, ricura?
Joe entorno los ojos y ella esbozo una amplia sonrisa.
Su hermana dejo el frasquito y le guino un ojo a Joe.
– ?Cuanto hace que os conoceis?
– Unos dias -dijo el dandole un leve tiron en el pelo, lo cual, supuso ella, era para recordarle que lo dejara hablar a el.
Sus hermanas los miraron alternativamente.
– Parece mas que unos dias. Me dio la impresion de que era un beso serio. ?No os parecio un beso serio, chicas?
Todas sus hermanas asintieron con la cabeza enfaticamente.
– Parecia como si estuviera tratando de comersela entera. Diria que es un beso que un hombre da por lo menos despues de tres semanas. Definitivamente mas que unos dias.
Gabrielle apoyo la cabeza en el hombre de Joe y confio:
– Bueno, puede que nos hayamos conocido en otra vida.
Las mujeres de su familia la miraron fijamente.
– Esta bromeando -les aseguro el.
– ?Ah!
– Cuando fuiste por casa el otro dia -comenzo su madre-, no mencionaste que tuvieras novia. No nos contaste nada.
– Gabrielle es simplemente una amiga -informo Joe a su familia. Le dio otro leve tiron en el pelo-. ?No es cierto?
Ella se recosto contra el y deliberadamente puso los ojos en blanco para decir:
– Oh, si. Claro que si.
Frunciendo el ceno, el advirtio a las mujeres de delante:
– Que no se os ocurran ideas raras.
– ?Ideas sobre que? -pregunto una de sus hermanas abriendo mucho los ojos.
– Sobre que me vaya a casar pronto.
– Tienes treinta y cinco anos.
– Por lo menos le gustan las chicas. Nos preocupaba que pudiera ser gay.
– Solia ponerse los tacones rojos de mama y fingir que era Dorothy en
– Recuerdo que salto el muro y tuvieron que ponerle puntos en la frente.
– Estaba histerico.
– Joder, tenia cinco anos. -El apreto los dientes-. Y fuisteis vosotras las que me hicisteis disfrazar de Dorothy.
– Pero si te encantaba.
– Chicas, estais avergonzando a vuestro hermano -amonesto Joyce.
Gabrielle se quito el brazo de Joe de la cintura y apoyo la muneca sobre su hombro. Bajo su piel bronceada, sus mejillas estaban sospechosamente rojas, por lo que Gabrielle intento no reirse.
– Y ahora que ya no te pones tacones rojos, ?eres un buen partido?
– Ahora ya no tiene que matar a nadie -anadio una de sus hermanas.
– Es un tipo genial.
– Adora los ninos.
– Y a las mascotas.
– Es realmente bueno con su loro.
– Y muy habil con las herramientas.
Como si tanta alabanza no pudiera quedar impune, una de las hermanas se enfrento a las demas y sacudio la cabeza.
– No, no lo es. ?Os acordais cuando cogio mi muneca Paula Pasitos para intentar que caminara?
– Es cierto. Jamas consiguio volver a ponerle la pierna. Siempre se caia de lado.
– Es verdad, Paula nunca volvio a dar pasitos.
– Bueno -dijo una hermana por encima del resto, recordando a las otras que tenian que hablar bien de Joe-, se lava la ropa.
– Es cierto, y ya no destine los calcetines.
– Se gana el sueldo honradamente.
– Y el…
– Tengo todos los dientes -interrumpio Joe, desgranando las palabras-. No se me cae el pelo y aun puedo ponerme duro si me lo propongo.
– Joseph Andrew Shanahan -dijo su madre escandalizada al tiempo que cubria las orejas del nino mas cercano.
– ?No teneis a otra persona a quien fastidiar? -pregunto.
– Mejor nos vamos. Ya se ha enfadado. -Como si sus hermanas no quisieran poner en evidencia su mal caracter, reunieron rapidamente a los ninos y se atropellaron mutuamente al decir adios.
– Encantada de conoceros -dijo Gabrielle poco antes de que se adentraran en el parque.
– Dile a Joe que te traiga a cenar la semana que viene -dijo Joyce antes de que se diese la vuelta para marcharse.
– ?De que iba todo eso? -pregunto Joe-. ?Estabas haciendome pagar por lo de ayer?
Ella dejo caer la mano de su hombro y se balanceo sobre los talones.
– Ah, puede que un poco.
– ?Como te sientes?
– Odio admitirlo, pero muy bien, Joe. De hecho, nunca pense que la venganza seria tan dulce.
– Bueno, disfrutalo mientras puedas -volvio a sonreir-. Pero quien rie el ultimo, rie mejor.
