– Estas gordo. -Se mantuvo firme durante la cena y no le dio de comer, pero cuando el loro imito una de las frases favoritas de Joe de la pelicula de Clint Eastwood, se ablando y le dio trocitos de la tarta de queso de Ann Cameron. Era tan buena como habia afirmado, asi que suponia que le debia un cafe. Trato de recordar a Ann de nina y le vino la imagen de una chica con gafas sentada sobre uno de aquellos sofas de terciopelo verde esmeralda de la casa de sus padres, mirandolo fijamente mientras esperaba a su hermana Sherry. Por entonces debia de tener diez anos, seis menos que el. La misma edad de Gabrielle.

Pensar en Gabrielle le produjo un agudo dolor de cabeza. Se pellizco el puente de la nariz e hizo un gran esfuerzo mental para resolver que hacer con ella. No tenia ni idea.

Mientras el sol recorria el valle en su camino hacia el crepusculo, Joe puso a Sam en el aviario e introdujo la cinta de Harry el Sucio en el video. Junto al show de Jerry Springer, «Too Hot For Television», era la pelicula que mas le gustaba a Sam. En el pasado, habia tratado de animarlo a ver algun video de Disney o «Barrio Sesamo», o cualquiera de las cintas educativas que habia comprado. Pero Sam era adicto a Jerry y, como la mayoria de los padres con sus chicos, Joe no podia negarle nada.

Condujo hacia la pequena casa de ladrillo a traves de la ciudad y aparco el Bronco junto al bordillo. Una luz rosada resplandecia en el porche encima de la puerta principal. Algunas noches antes, la bombilla habia sido verde. Joe se pregunto si el cambio de iluminacion tendria algun significado, pero supuso que era mejor no preguntar.

Un par de ardillas corrieron velozmente por el cesped y la acera, y subieron raudas por la corteza de un roble antiguo. A media altura, hicieron un alto para mirarlo, con las puntas de sus colas ocultas entre las ramas. Su parloteo inquieto lleno sus oidos, como si lo acusaran de pretender robar su escondite. Le gustaban las ardillas menos aun que los gatos.

Joe golpeo la puerta de Gabrielle tres veces antes de que se abriera. Estaba parada delante de el con una gran camisa blanca que se abotonaba por delante. Sus ojos verdes se agrandaron y la cara se le puso del color de la grana.

– ?Joe! ?Que haces aqui?

Antes de responder a la pregunta, dejo que su mirada la recorriera, desde los rizos cobrizos que caian de la coleta de su cabeza a la cinta con abalorios de canamo que llevaba atada alrededor del tobillo. Llevaba la camisa remangada por los codos y le llegaba dos centimetros por encima de las rodillas desnudas. Por lo que podia ver, no llevaba puesto nada mas a excepcion de las pequenas manchas de pintura que salpicaban la piel y la camisa.

– Necesito hablar contigo -dijo el, volviendo a mirar sus mejillas cada vez mas coloradas.

– ?Ahora? -Ella miro hacia otro lado como si la hubiera atrapado haciendo algo ilegal.

– Si, ?que andas haciendo?

– ?Nada! -Parecia tan culpable como el pecado.

– La otra noche te dije que no interfirieras en la investigacion, pero por si acaso no me entendiste, te lo dire de nuevo. Deja de proteger a Kevin.

– No lo hago. -La luz del interior de la casa quedo atrapada en su pelo e ilumino la camisa blanca desde atras, perfilandole los senos y las delgadas caderas.

– Rechazaste una invitacion para ir a la fiesta que da manana por la noche. Yo la acepte.

– No quiero ir. Kevin y yo somos amigos y socios, pero no hacemos vida social. Siempre he pensado que era mas conveniente que no nos vieramos fuera del trabajo.

– Es una pena. -Joe espero a que lo invitara a pasar, pero no lo hizo. En lugar de eso se cruzo de brazos llamando la atencion sobre la mancha negra de su pecho izquierdo.

– Los amigos de Kevin son superficiales. No lo pasaremos bien.

– No vamos para pasarlo bien.

– ?Vas a buscar el Monet?

– Si.

– De acuerdo, pero nada de besos.

El se balanceo sobre los talones y la miro con los ojos entornados. La peticion era perfectamente razonable pero lo irritaba mas de lo que se atrevia a admitir.

– Te dije que no te lo tomaras como algo personal.

– Y no lo hago, pero no me gusta.

– ?No te gusta que? ?Besarme o tomartelo como algo personal?

– Besarte.

– Tauro, intenso y ardiente.

– Estas equivocado.

El sacudio la cabeza y dijo con una sonrisa:

– Creo que no.

Ella suspiro.

– ?Es eso todo lo que querias, detective?

– Te recogere a las ocho. -Se volvio para marcharse, pero se paro y la miro por encima del hombro-. Y, Gabrielle…

– ?Si?

– Ponte algo sexy.

Gabrielle cerro la puerta y se recosio contra ella. Se sintio aturdida y excitada como si hubiera conjurado a Joe de alguna manera. Inspiro profundamente y se llevo una mano a su corazon desbocado. La aparicion de Joe en el porche justo en ese momento debia de ser por alguna clase de suceso fortuito.

Desde que el se habia ido de la caseta aquella tarde, Gabrielle habia sentido un abrumador deseo de pintarle otra vez. Esta vez de pie dentro del aura roja. Desnudo. Despues de regresar a casa tras un exitoso dia en el Coeur Festival, habia entrado inmediatamente en el estudio para preparar una tela. Esbozo y pinto su cara y los duros musculos de su cuerpo inspirandose en el David de Miguel Angel. Acababa de empezar a pintar las partes privadas de Joe cuando llamo. Habia abierto la puerta y alli estaba el. Durante unos angustiosos segundos habia temido que de alguna manera supiera lo que estaba haciendo. Se habia sentido culpable, exactamente igual que si la hubiera pillado mirandolo desnudo.

No creia en el destino. Creia en la libertad de eleccion, pero no podia ignorar que aquella coincidencia le habia puesto los pelos de punta.

Gabrielle se aparto de la puerta y se encamino al estudio. Estaba convencida de lo que le habia dicho a Joe, nada de besos. Pero aunque encontraba que mentir le resultaba mucho mas facil que hacia una semana, no se podia mentir a si misma. Por razones que no podia explicar, estar cerca de Joe con el aliento rozandole la mejilla y sus labios acariciando los suyos no era tan desagradable. No, no era desagradable en absoluto.

Gabrielle creia que el amor se debia expresar honesta y abiertamente, pero no en un parque abarrotado y mucho menos con el detective Joe Shanahan. A el no le importaba ella y le habia dejado completamente claro que consideraba que besarla era parte de su trabajo. Habia pensado en su reaccion al beso de Joe y habia llegado a la conclusion logica de que su contacto habia alterado sus biorritmos y puesto todo del reves. Como un ataque de hipo o una interferencia en la energia vital que conectaba cuerpo, mente y alma.

Si Kevin los descubria discutiendo otra vez, o si a Joe lo veia alguien que le conociera, iba a tener que improvisar. Pero nada de estrecharse contra el, llenandose los sentidos con el perfume de su piel. No mas besos impersonales que le llegaban a lo mas hondo y la dejaban sin aliento. Y de ninguna manera pensaba ponerse algo sexy para el.

Cuando a la tarde siguiente sono el timbre de la puerta, Gabrielle creia que estaba absolutamente preparada para Joe. Ninguna sorpresa mas. Tenia todo bajo control y si el hubiera llevado vaqueros y una camiseta, habria conservado la calma. Pero fue echarle una mirada y su equilibrio interior se esfumo a algun lugar del cosmos.

Se habia afeitado la sombra de barba que le oscurecia las mejillas a ultima hora de la tarde y los pomulos bronceados estaban suaves. Su polo era de seda negra y se ajustaba perfectamente al ancho pecho y al estomago plano. Un cinturon cenia los pantalones grises de vestir. En lugar de viejas zapatillas de deporte o botas de trabajo, llevaba mocasines de ante. Olia maravillosamente bien y lucia aun mejor.

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