– Por supuesto que lo haria. -Deslizo la mirada por la hilera de botones, se detuvo en el ombligo y luego siguio bajando por la abertura de la falda-. Hice un juramento solemne. Mi deber es proteger, servir y cachear a fondo en busca de pruebas. Es mi trabajo.
Las mariposas en su estomago se volvieron ardientes.
Ella nunca habia sido buena flirteando, pero no pudo evitar preguntar:
– ?Y eres habil en tu trabajo?
– Mucho.
– Suenas bastante pretencioso.
– Dejame decirte que me tomo mis deberes muy en serio.
Gabrielle podia sentir como se estaba derritiendo y no tenia nada que ver con la temperatura en el exterior de la caseta.
– ?Cual de ellos?
El se inclino hacia ella para decirle en un tono susurrante que le atraveso la piel aumentando la temperatura de su cuerpo unos grados mas:
– El que te hace jadear hasta perder la cabeza, carino.
Ella se levanto rapidamente y se aliso las arrugas de la falda.
– Tengo que… -Senalo hacia el frente de la caseta, confusa. Su cuerpo estaba en guerra con su mente y su espiritu. El deseo luchaba por imponerse a la razon. Era la anarquia total-. Voy a… -Se dirigio a la mesa de aceites de masaje y ordeno innecesariamente la hilera de frascos azules. No queria la anarquia. Que una emocion predominara sobre las demas no era bueno. No, era malo. Muy malo. No queria que le ardiera la piel, ni mariposas en el estomago, ni quedarse sin aliento. No ahora. No en mitad del parque. No con el.
Varias universitarias se detuvieron en la mesa y le preguntaron sobre los aceites. Ella contesto, explicandoles las propiedades, mientras trataba de fingir que no sentia la presencia de Joe tan intensamente que parecia que la estaba tocando. Vendio dos frascos de esencia de jazmin y noto que el se detenia a sus espaldas.
– ?Quieres que te deje la tarta de queso?
Ella nego con la cabeza.
– La metere en la nevera de la tienda.
Creyo que luego el se iria, pero no lo hizo. En vez de eso le deslizo una mano alrededor de la cintura, por el estomago desnudo y la apreto contra su pecho. Gabrielle se quedo helada.
Joe escondio la cara entre su pelo para decirle al oido:
– ?Ves a ese tio con una sudadera roja y pantalones cortos verdes?
Ella miro al otro lado del pasillo, a la caseta de Madre Alma. El hombre en cuestion parecia igual a otros muchos del festival. Limpio. Normal.
– Si.
– Ese es Ray Klotz. Tiene una tienda de articulos de segunda mano en la calle principal. Lo arreste el ano pasado por comprar y vender videos robados. -Extendio los dedos sobre su abdomen y el pulgar acaricio el nudo de la blusa bajo los senos-. Ray y yo nos conocemos desde hace tiempo y seria mejor que no me viera contigo.
Ella trato de pensar a pesar del roce de sus dedos contra su piel desnuda, pero lo encontro dificil.
– ?Por que? ?Crees que conoce a Kevin?
– Probablemente.
Ella se volvio hacia el y, al estar descalza, la coronilla le quedo justo debajo de la visera de la gorra. Joe le deslizo los brazos por la espalda y la atrajo hacia su cuerpo hasta que los senos le rozaron el pecho.
– ?Estas seguro de que se acordara de ti?
El deslizo la mano libre por su brazo hasta el codo.
– Cuando trabajaba para narcoticos lo arreste por posesion de drogas. Tuve que meterle los dedos en la garganta para hacerle vomitar los condones llenos de cocaina que se habia tragado -dijo, con sus dedos acariciandole la espalda de arriba abajo.
– Ah -susurro-. Eso es asqueroso.
– Era la prueba -susurro contra su boca-. No podia dejar que se saliera con la suya y destruyera mi prueba.
Con el tan cerca, oliendo su piel, con el timbre profundo de su voz llenandole la cabeza, lo que decia sonaba casi razonable, como si todo eso fuera normal. Como si la calida palma de su mano sobre la piel desnuda de Gabrielle no tuviese ningun efecto sobre el.
– ?Se fue?
– No.
Lo miro a los ojos y pregunto:
– ?Que piensas hacer?
En lugar de responder, retrocedio hacia la sombra de la caseta arrastrandola con el. Despues levanto la mirada de su pelo.
– ?Que voy a hacer sobre que?
– Sobre Ray.
– Ya pasara de largo. -El escruto sus ojos y sus dedos le acariciaron la piel de la espalda-. Si te beso, ?lo tomaras como algo personal?
– Si. ?Y tu?
– No. -El sacudio la cabeza y sus labios acariciaron los de ella-. Es mi trabajo.
Ella se quedo quieta mientras sentia el muro calido y solido de su pecho.
– ?Besarme es tu trabajo?
– Si.
– ?Como lo es cachear a fondo?
– Aja.
– ?No llamara la atencion de Ray?
– Depende -dijo el contra su boca-. ?Vas a gemir?
– No. -El corazon de Joe latia con fuerza contra el pecho y ella coloco las manos en sus hombros sintiendo los duros musculos bajos las palmas. Su equilibrio espiritual se tambaleo y se dejo llevar por la voragine del deseo que la despojo de cualquier tipo de autocontrol-. ?Vas a gemir tu?
– Podria -suavemente la beso en la boca, luego dijo-: sabes muy bien, Gabrielle Breedlove.
Ella tuvo que recordarse que el hombre que la envolvia entre sus brazos era un autentico troglodita. No era el companero de su alma. Ni siquiera se acercaba. Pero sabia bien.
Amoldo su boca a la suya y deslizo la lengua en su interior. Ella no gimio, pero quiso hacerlo. Curvo los dedos sobre la camiseta y la piel, aferrandose a el. Joe ladeo la cabeza y profundizo mas el beso, deslizando la palma de la mano hacia un lado para acariciar sus costillas desnudas y hundiendo el pulgar en el ombligo. Y cuando ella estaba a punto de perderse en el beso y rendirse por completo, el se echo hacia atras y dejo caer las manos.
– Oh, mierda -susurro al lado del oido izquierdo de Gabrielle.
– Joey, ?eres tu?
– ?Que estas haciendo, Joey? -pregunto una voz de mujer en alguna parte detras de Gabrielle.
– Parece que esta haciendoselo con una chica.
– ?Con quien?
– No sabia que tenia novia. ?Lo sabias, mama?
– No. No me ha dicho nada.
Joe susurro en el oido de Gabrielle.
– Haz todo lo que te diga y con suerte tal vez podamos impedir que nos organicen la boda.
Gabrielle se giro y observo cinco pares de ojos castanos que le devolvian la mirada con obvio interes. Las mujeres estaban rodeadas por un grupo de ninos sonrientes y no supo si echarse a reir o esconderse.
– ?Quien es tu novia, Joey?
Lo miro por encima del hombro. ?Joey? Profundos surcos rodeaban su boca, mientras un extrano
