Capitulo 10
Joe observo como su madre y sus hermanas desaparecian rapidamente entre la gente y fruncio el ceno. Habian desistido demasiado rapido. Normalmente cuando el se enfadaba tiraban a matar. No sabia por que no habian sacado a relucir mas historias de cuando eran pequenos, pero sospechaba que tenia que ver con la mujer que tenia al lado. Su familia creia, obviamente, que Gabrielle era su novia de verdad sin importar lo que dijera; la situacion en la que los habian pillado un rato antes hacia que, ante sus ojos, todo pareciera real. Lo que no dejaba de asombrarle; creia que simplemente con echar un vistazo a Gabrielle seria suficiente para convencer a su familia de que no era su tipo de mujer.
La recorrio con la mirada: la bella cara, el pelo alborotado y el estomago desnudo y suave, que lo hacia querer caer de rodillas y apretar su boca abierta contra el vientre plano. Vestia un conjunto provocador que delineaba su precioso cuerpo, un conjunto que sus manos no tendrian ningun problema en hacer trizas. Se pregunto si se lo habia puesto simplemente con intencion de volverlo loco.
– Tienes una familia agradable.
– No son agradables. -El sacudio la cabeza-. Mis hermanas te hicieron creer que lo son por si te conviertes en su cunada.
– ?Yo?
– No te sientas halagada. Son felices con tal de que tenga cerca una mujer. ?Por que crees que dijeron todas esas cosas de que soy carinoso con los ninos y las mascotas?
– ?Ah! -Gabrielle abrio sus grandes ojos verdes con sorpresa-. ?Hablaban de ti? Menos por la parte humoristica, no sabia a quien se referian.
El cogio la bolsa de papel que habia traido del bar.
– Se buena o le dire a Doug que quieres que te limpie el colon.
La risa suave que surgio de sus labios lo cogio por sorpresa. Nunca le habia oido antes una risa genuina y el sonido femenino fue tan dulce y placentero que provoco que sus propios labios se curvaran en una sonrisa inesperada.
– Te vere manana por la manana.
– Aqui estare.
Joe giro y se abrio camino entre el gentio del festival hasta el lugar donde habia aparcado el coche. Si no tenia cuidado, ella acabaria por gustarle mas de lo que deberia. La veria como mucho mas que un medio para conseguir un fin y no podia permitir que ella se convirtiese en algo mas que su colaboradora. No podia permitirse el lujo de verla como una mujer deseable, alguien a quien querria tener desnuda para recorrerla con la lengua a placer. De ninguna manera podia permitirse estropear aquel caso mas de lo que ya estaba.
Su mirada recorrio la multitud, buscando inconscientemente a los drogadictos: adictos al crack, fumadores de marihuana de ojos hinchados o cocainomanos nerviosos buscando su proxima dosis. Todos pensaban que tenian el control, que controlaban el vicio cuando estaba claro que era al reves. Llevaba casi un ano sin trabajar en narcoticos, pero habia momentos -especialmente cuando estaba en medio de la gente- que aun miraba el mundo a traves de los ojos de un agente de narcoticos. Era para lo que habia sido entrenado, y se pregunto durante cuanto tiempo pesaria sobre el el adiestramiento que habia recibido. Sabia de policias de homicidios que llevaban diez anos retirados y aun miraban a las personas como si fueran victimas o asesinos en potencia.
El Chevy Caprice color beis estaba aparcado en una calle lateral al lado de la biblioteca publica de Boise. Se sento tras el volante del coche patrulla camuflado y espero antes de incorporarse al trafico. Penso en la sonrisa de Gabrielle, en el sabor de su boca, en la textura de su piel bajo las palmas de sus manos y en el suave muslo que habia vislumbrado por la abertura del vestido. El peso del deseo tiro de su ingle e intento no pensar mas en ella. Incluso aunque no fuera tan rara, era un problema. El tipo de problema que le haria patear las calles en un coche patrulla. El tipo de problema que no necesitaba cuando apenas habia sobrevivido a la ultima investigacion de asuntos internos. No queria pasar por aquello otra vez. No valia la pena. De ninguna manera.
Hacia menos de un ano, pero sabia que nunca olvidaria la investigacion judicial del Departamento de Justicia, las entrevistas y por que se habia visto forzado a contestar a sus preguntas. Nunca olvidaria como tuvo que perseguir a Robby Martin hasta un callejon oscuro, la explosion de fuego anaranjado de la pistola de Robby y sus propios disparos en respuesta. Durante el resto de su vida recordaria lo que era yacer en aquel callejon sintiendo el tacto frio de la Colt 45 en la mano; recordaria el silencioso aire de la noche roto por las sirenas, y el destello de las luces blancas, rojas y azules asomando entre los arboles y las casas. La calida sangre que salia por el orificio del muslo y el cuerpo inmovil de Robby Martin a cinco metros. Sus Nike blancas resaltaban en la oscuridad. Nunca olvidaria los alocados pensamientos que se atropellaron en su mente cuando habia gritado al chico que ya no podia oirle.
No fue hasta mucho mas tarde, en la cama del hospital -con la pierna inmovilizada por una abrazadera de metal que parecia el juguete de un nino-, mientras su madre y sus hermanas lloraban sobre su cuello y su padre lo observaba desde los pies de la cama, que empezo a darle vueltas a todo lo sucedido, repasando mentalmente todos sus movimientos.
Tal vez no deberia haber perseguido a Robby hasta aquel callejon. Tal vez deberia haber dejado que escapara. Sabia donde vivia el chico, quiza deberia haber esperado refuerzos e ir directamente hacia su casa.
Quiza, pero su trabajo era perseguir a los malos. La comunidad queria las drogas fuera de las calles, ?no?
Bueno, en teoria.
Si el nombre de Robby hubiera sido Roberto Rodriguez, a nadie, salvo a la familia del chico, le hubiera importado. Ni siquiera habria sido noticia, pero Robby tenia todo el aspecto de un joven prometedor. Un chico tipico de Estados Unidos. Un chico caucasiano tipico de Estados Unidos con dientes perfectos y una sonrisa angelical. La manana despues del tiroteo, el
Y los lectores vieron esa cara y comenzaron a preguntarse si habia sido necesario que el agente infiltrado disparara a matar. No importaba que Robby hubiera huido de la policia, ni que hubiera disparado primero o que tuviera un largo historial por abuso de drogas. En una ciudad en auge -una ciudad que tendia a achacar todos sus problemas al flujo de extranjeros y gente de otros estados-, un camello de diecinueve anos de cosecha propia nacido en un hospital del centro, no coincidia en absoluto con la imagen que los ciudadanos tenian de si mismos y de su ciudad.
Por lo tanto, cuestionaron al cuerpo de policia. Se preguntaron si al Departamento de Policia no le haria falta una inspeccion de asuntos internos y si tenian entre ellos a un policia renegado al que le gustaba matar a sus jovenes.
El jefe de policia habia aparecido en las noticias locales recordando el historial delictivo de Robby. Toxicologia habia encontrado rastros significativos de metadona y marihuana en su sangre. El Departamento de Justicia y asuntos internos habian limpiado el nombre de Joe y habian determinado que el uso del arma habia sido necesario. Sin embargo, la gente seguia dandole vueltas al asunto cada vez que la foto de Robby aparecia en los periodicos o salia en la television.
Joe se habia visto obligado a ir al psicologo de la policia, pero le habia dicho poca cosa. ?Que podia decir en realidad? El habia matado a un chico que ni siquiera era hombre. Habia acabado con su vida. Tenia justificacion; se habia visto forzado a hacerlo. Sabia a ciencia cierta que habria sido el quien hubiese muerto si Robby hubiera apuntado mejor. No tenia otra opcion.
Eso es lo que se habia dicho a si mismo. Eso es lo que habia tenido que creer.
Despues de pasarse dos meses encerrado en casa sin poder hacer nada y cuatro meses mas de fisioterapia intensa, Joe habia sido dado de alta, listo para volver al trabajo. Pero no a narcoticos, sino a la brigada antirrobos. Asi era como lo habian llamado, un traslado. El, en cambio, lo llamaba degradacion, como si lo hubieran castigado por cumplir con su trabajo.
Aparco el Caprice a media manzana de Anomaly. Cogio una lata de pintura y una bolsa llena de pinceles y rodillos. A pesar de su traslado nunca considero un error lo sucedido con Robby en aquel callejon. Era triste y desafortunado, algo sobre lo que no queria pensar -sobre lo que se negaba a hablar-, pero no un error.
