– ?Joder! -Mick volvio la cabeza.

Maddie lo tiro todo sobre la comoda.

– Tu familia nos hizo esto a ella y a mi. ?Lo minimo que podias hacer es pronunciar su maldito nombre cuando hables de ella!

Mick la miro, frunciendo el ceno sobre los bellos ojos.

– Me he pasado la mayor parte de la vida sin hablar ni pensar en ella. Y voy a pasarme el resto de mi vida sin pensar en ti.

Cogio la cartera de la cama y salio de la habitacion.

Por encima de los latidos de su corazon, Maddie oyo la puerta principal cerrarse de un portazo y se estremecio. Habia sido peor de lo que se imaginaba. Imaginaba que se enfadaria, pero no que se asquearia. Aquello habia sido como un punetazo en el higado.

Se dirigio hacia la puerta y a traves de la mirilla observo como su camioneta se alejaba por el camino. Cerro el pestillo y se reclino contra la puerta maciza. Las lagrimas que habia estado conteniendo le anegaron los ojos. Un sonido que casi no reconocia como propio le rasgo el pecho. Como una marioneta a la que cortan los hilos, fue resbalando hasta sentarse en el suelo.

– Miau.

Bola de nieve se subio a su regazo y escalo por la bata. Con la minuscula lenguita rosa lamio las lagrimas de las mejillas de Maddie.

?Como era posible que le doliera tanto y se sintiera tan absolutamente vacia por dentro?

Capitulo 16

Meg se llevo los dedos a las sienes y apreto, como cuando era nina.

– Tendrian que impedir que se salga con la suya.

Los extremos de la bata rosada ondeaban alrededor de sus tobillos, mientras caminaba por la pequena cocina. Eran las nueve de la manana y por suerte era su dia libre. Travis habia pasado la noche en casa de Pete, felizmente ajeno al torbellino que se gestaba en su casa.

– No deberian permitir que viva aqui -despotrico Meg-. Todo iba bien en nuestras vidas hasta que aparecio ella. Es igual que su madre. Se muda a esta ciudad y arruina nuestras vidas.

Despues de salir de la casa de Maddie, Mick volvio al trabajo e intento ignorar la rabia y el caos de su alma. Cuando cerro el bar, se quedo y se concentro en sus cosas. Repaso las cuentas y preparo los cheques de las nominas. Comprobo el inventario y tomo nota de los pedidos que necesitaba, y cuando el reloj dio las ocho, fue a casa de su hermana.

– Alguien deberia hacer algo.

Mick dejo el cafe sobre la vieja mesa de roble donde habia cenado de nino y se sento en una silla.

– Dime que no vas a hacer nada.

Meg se detuvo y se quedo mirandole.

– Como ?que? ?Que puedo hacer yo?

– Prometeme que no te acercaras a ella.

– ?Que crees que voy a hacer?

Simplemente la miro y ella parecio desinflarse ante sus ojos.

– Yo no soy como mama. No voy a hacer dano a nadie.

No, solo se hacia dano a ella misma.

– Prometemelo -insistio Mick.

– De acuerdo. Si eso hace que te sientas mejor… Te prometo que no voy a quemarle la casa.

Meg rio en silencio y se sento en una silla a su lado.

– No tiene gracia, Meg.

– Tal vez no… Sin embargo, aquella noche nadie salio herido, Mick.

Solo porque el habia aparecido a tiempo para sacarla de la granja la noche en que le prendio fuego. Siempre insistia en que no intentaba suicidarse. Hasta la fecha aun no sabia si creerla.

– No estoy loca, ?sabes?

– Lo se -dijo de manera automatica.

Meg nego con la cabeza.

– No, no lo sabes. A veces me miras y creo que ves a mama.

Aquello se parecia tanto a la verdad que ni siquiera se molesto en negarlo.

– Solo creo que a veces tus emociones te superan.

– Para ti si, pero hay una gran diferencia entre ser una persona muy sentimental que despotrica y ser una persona que coge un arma y se suicida o mata a alguien.

A Mick le parecio que llamar a sus arrebatos «ser una persona muy emotiva» era un eufemismo, pero no tenia ganas de discutir. Se levanto y se acerco al fregadero.

– Estoy cansado y me voy a casa -dijo, y dejo el cafe en el fregadero.

– Duerme un poco -le ordeno su hermana.

Cogio las llaves de la mesa de la cocina y Meg se levanto para darle un abrazo de despedida.

– Gracias por venir y contarmelo todo.

No le habia contado a Meg todo. No habia mencionado que habia mantenido relaciones sexuales con Maddie, ni que se habia enamorado de ella.

– Dile a Travis que vendre manana por la manana y lo llevare a pescar.

– Le gustara. -Meg se levanto y lo acompano hasta la puerta-. Ultimamente has estado tan ocupado con el trabajo que no habeis pasado mucho tiempo juntos.

Habia estado ocupado, pero sobre todo persiguiendo a Maddie Dupree. No, a Maddie Jones.

– Duchate -le grito mientras se dirigia hacia la camioneta-. Estas hecho una mierda.

Penso que era muy apropiado, porque se sentia como una mierda. Entro en la camioneta de un salto y al cabo de diez minutos estaba en su dormitorio preguntandose como era posible que su vida se hubiera ido al infierno.

Se quito la camisa por la cabeza y noto el olor de Maddie. La noche anterior olia a coco y a lima y aquella manana era la primera vez desde que la conocio que no queria enterrar la cara en su cuello. No, lo que queria era retorcerle el pescuezo.

Tiro la camisa en la cesta de la ropa sucia y se quito los zapatos. La noche anterior, cuando estaba en la cocina de Maddie, el hecho de comprender quien era ella le habia impactado como un golpe en la cabeza. Como si eso no hubiera sido suficiente, le habia ensenado una foto de su madre, lo cual habia sido un punetazo en el higado. Le habia pegado donde mas dolia y el estaba tendido en la lona mientras empezaba la cuenta atras.

Se quito los zapatos y se desnudo. Era un idiota. Por primera vez en su vida estaba enamorado hasta los huesos de una mujer. Tan enamorado que le dolia el pecho como si lo carcomiera el acido. Solo que ella no era la persona que le habia hecho creer. Ella era Maddie Jones, hija de la ultima novia de su padre. No importaba que ella no viera a Loch cuando lo miraba a el ni que ella no se pareciera en nada a su madre. En realidad no importaba tanto que le hubiera mentido como el hecho de saber quien era Maddie en realidad. Se habia pasado la mayor parte de la vida luchando por liberarse del pasado, solo para enamorarse de una mujer profundamente implicada en el.

Mick entro en el bano y abrio el grifo de la ducha. Era evidente que se parecia mas a Loch de lo que pensaba, y eso lo sacaba de quicio. Casi desde el principio, el sabia que habia algo en Maddie, algo que le atraia. No sabia que era y no podia siquiera adivinarlo. Ahora lo comprendia, y lo tenia atravesado en las tripas como plomo candente. Comprendia que era la misma atraccion inquebrantable que su padre habia sentido por la madre de ella. La misma fascinacion que le hacia querer verla sonreir, verla reir y escucharla susurrar su nombre mientras le daba placer. El mismo tipo de calma que su padre debio de sentir cuando estaba cerca de su madre. Como si todo lo demas se desmoronase y su vision se aclarase, vio lo que queria incluso antes de saber que lo queria.

Entro en la ducha y dejo que el agua caliente corriera por su cabeza. Si su padre habia planeado dejar a su

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