esposa por Alice Jones, Loch debia de estar enamorado de ella. Mick tambien comprendia aquello. El estaba enamorado de Maddie Jones. Odiaba tener que admitirlo ahora. Estaba avergonzado y abochornado, pero cuando ella le abrio la puerta la noche anterior y la vio alli de pie con la gata en los brazos, su corazon sintio como si el sol lo calentara por dentro. Y entonces lo supo. Supo como es para un hombre amar a una mujer. Lo supo en todas las celulas de su cuerpo, en cada latido de su corazon. Despues la llevo a la cama… Habia sido asombroso.
Luego ella le habia arrancado el corazon.
Mick echo la cabeza hacia atras y cerro los ojos. Habia visto y hecho cosas en su vida de las que se arrepentia. Habia experimentado un dolor desgarrador tras la muerte de sus camaradas soldados, pero las cosas que habia hecho y habia experimentado no eran tan malas como el arrepentimiento y el dolor que sentia por amar a Maddie.
Solo podia hacer una cosa. Le habia dicho que el no habia pensado en su madre y que no iba a pensar en ella ahora, y eso era exactamente lo que planeaba hacer. Iba a olvidarse de Maddie Jones.
Abrio la puerta principal y miro los ojos serenos de Steve Castle. Meg se habia dado una ducha y el habia llegado justo cuando acaba de secarse el pelo.
– No sabia a quien llamar.
– Me alegro de que me llamaras a mi.
Entro y la siguio hasta la cocina. Vestia unos tejanos y una camiseta con una cornucopia y las palabras: todo el mundo odia a los vegetarianos escritas en el pecho. Mientras preparaba el cafe, le explico lo que Mick le habia contado.
– Se enterara toda la ciudad, y yo no se que hacer.
Steve cogio la taza con su gran mano y se la acerco a la boca.
– No parece que puedas hacer nada salvo mantener la cabeza bien alta -dijo, y luego bebio.
– ?Y como voy a hacerlo? -La ultima vez que hablo con Steve sobre Maddie Dupree Jones, le dio un buen consejo y la hizo sentir mejor-. Esto solo va a hacer que todo el mundo siga hablando de lo que hizo mi madre y de los lios de mi padre.
– Es probable, pero no es culpa tuya.
Meg se levanto y se acerco a la cafetera.
– Lo se, pero eso no evitara que la gente hable de mi.
Cogio el cafe y relleno la taza de Steve y la suya.
– No, no lo evitara, pero mientras hablan, tu seguiras diciendote a ti misma que no has hecho nada malo.
Meg dejo la cafetera y apoyo una cadera en la encimera de la cocina.
– Puedo decirme eso a mi misma, pero no hara que me sienta mejor.
Steve coloco una mano en la mesa de la cocina y se levanto despacio.
– Si lo hara, creeme.
– Tu no lo entiendes, es tan humillante…
– ?Oh, entiendo mucho de humillaciones! Cuando volvi de Irak, mi esposa estaba embarazada y todo el mundo sabia que el nino no era mio. -Steve se acerco a ella con una cojera apenas apreciable-. No solo tuve que afrontar la perdida de una pierna y de mi esposa, sino que tambien tuve que aceptar que me habia sido infiel con un colega mio del ejercito.
– ?Oh, Dios mio, lo siento, Steve!
– No lo sientas. Mi vida fue un infierno durante un tiempo, pero ahora esta bien. A veces tienes que probar la hiel para apreciar el azucar.
Meg se pregunto si aquello era algun tipo de refran del ejercito.
Steve le cogio la mano.
– Pero no puedes apreciar el azucar hasta que sueltas toda la hiel. -Le acaricio la cara interna de la muneca con el pulgar y a Meg se le erizo el vello del brazo-. Lo que hicieron tus padres no tiene nada que ver contigo. Tu eras una nina. Lo mismo que el hecho de que mi esposa se acostara con mi colega no tiene nada que ver conmigo. En realidad, no. Si ella era infeliz porque me habia ido, existian maneras mas honestas de resolver la situacion. Si tu madre era infeliz porque tu padre tenia lios amorosos, tambien habia otras maneras de resolver eso. Lo que hizo mi esposa no fue culpa mia. Igual que lo que hizo tu madre no fue culpa tuya. No se tu, Meg, pero yo no pienso pagar los torpes errores de los demas durante el resto de mi vida.
– Yo tampoco quiero.
Le apreto la mano y de algun modo Meg sintio ese apreton en el corazon.
– Entonces no lo hagas. -La atrajo hacia el y le puso la mano en el cuello-. De una cosa estoy seguro: de que no puedes controlar lo que los demas dicen y hacen.
– Pareces Mick. El cree que no puedo superar el pasado porque habito en el. -Meg volvio la cara hacia la palma de la mano de Steve.
– Tal vez necesitas algo en tu vida que te aparte la mente del pasado.
Cuando estuvo casada con el padre de Travis, no dejaba que el pasado la importunara tanto como le molestaba aquellos dias.
– Tal vez necesites a alguien.
– Tengo a Travis.
– Ademas de tu hijo. -Bajo la cara y hablo muy cerca de los labios de ella-. Eres una mujer muy hermosa, Meg. Deberia haber un hombre en tu vida.
Ella abrio la boca para hablar, pero no pudo recordar lo que iba a decir. Hacia bastante tiempo que un hombre no le decia que era hermosa. Mucho tiempo que no besaba a nadie mas que a su hijo. Apreto la boca contra la de Steve y el la beso. Un beso calido y delicado que parecio durar eternamente banado por la luz del sol que se derramaba dentro de la cocina.
– Hace mucho tiempo que queria hacer esto -dijo Steve cuando acabo, cogiendole la cara entre las rudas manos.
Meg se lamio el labio superior y sonrio. La hacia sentir hermosa y deseada. Algo mas que una simple camarera, una madre y una mujer que rozaba los cuarenta.
– ?Cuantos anos tienes, Steve?
– Treinta y cuatro.
– Soy seis anos mayor que tu.
– ?Y eso es un problema?
Meg nego con la cabeza.
– Para mi no, pero podia serlo para ti.
– La edad no es un problema. -Deslizo las manos por la espalda de Meg y la atrajo hacia su pecho-. El problema sera pensar en el modo de decirle a Mick que quiero a su hermana.
Meg sonrio y le abrazo. Sabia que habia un monton de cosas que Mick se guardaba para si. La mas reciente: su relacion con Maddie Jones.
– Deja que lo adivine solo.
Capitulo 17
Maddie estaba acurrucada en la cama. No tenia energia para levantarse. Se sentia agotada y vacia de todo salvo de la bola de arrepentimiento que se le habia formado en el estomago. Se arrepentia de no haberselo dicho a Mick antes. Si le hubiera contado quien era en realidad la primera noche que entro en Mort, nunca habria aparecido en su puerta con trampas para ratones ni juguetes para gatos. Nunca le habria acariciado ni besado, y nunca se habria enamorado de el.
Bola de nieve subio a la cama y se acerco con mucho cuidado a la cara de Maddie.
– ?Que estas haciendo? -Le pregunto a la gata con la voz ronca de la emocion que la habia consumido toda la noche-. Ya sabes que no me gusta el pelo de gato. Esto va completamente contra las reglas.
