– Lo se. -Ella bajo la vista-. Pero cuidar e interesarse no son la misma cosa.
– Para mi si lo son, Marie. Yo no cuido de nadie que no me interese.
Ella aparto su mano de la de Luc y se puso de pie. Se acerco a un tocador cubierto de pulseras, osos de peluche y un florero con cuatro rosas blancas secas. Luc sabia que aquellas rosas habian estado encima del ataud de su madre. Ignoraba por que las habia cogido o las conservaba, pues la hacian llorar.
– Se que quieres enviarme lejos de aqui -dijo dandole la espalda.
Vaya por Dios. ?Como se habia enterado? Sin embargo, eso no era lo importante.
– Pense que serias mas feliz viviendo con chicas de tu edad en lugar de conmigo.
– No mientas, Luc. Lo que quieres es deshacerte de mi.
?Era eso lo que queria? ?Habia sido la idea de librarse de ella lo que le habia llevado a buscar un internado para Marie? Tal vez mas de lo que estaba dispuesto a admitir. La culpa no tardo en hacer acto de presencia mientras se ponia en pie y caminaba hacia su hermana.
– No quiero mentirte. -Puso una mano en el hombro de Marie y la hizo volverse hacia el-. Lo cierto es que no se que hacer contigo. No se nada de chicas adolescentes, pero se que no eres feliz. Quiero hacer lo que sea mejor para ti, pero no se como hacerlo.
– No soy feliz porque mi madre ha muerto -musito ella-. Nada ni nadie puede cambiar eso.
– Lo se.
– Y nadie me quiere.
– Eh. -La agito por los hombros-. Te quiero, y sabes que la tia Jenny tambien te quiere. -En realidad, Jenny solo habia dicho que Marie podia visitarla en verano, pero Marie no tenia por que saber eso-. De hecho, intento quedarse con tu custodia. Creo que tiene visiones en las que las dos llevais las mismas batas de estar por casa.
Marie arrugo la nariz.
– ?Y como es que yo nunca he sabido nada de eso?
– En ese momento, ya tenias suficientes preocupaciones -repuso el de forma evasiva-. No me puso una demanda porque sabia que yo pagaria los mejores abogados.
Marie fruncio el entrecejo.
– Jenny vive en un complejo habitacional para jubilados.
– Si, pero de los buenos. Cada noche te prepararia su pudin de ciruelas especial.
– ?Que asco!
Luc sonrio y consulto la hora. El banquete estaba a punto de empezar.
– Tengo que irme -dijo, pero no podia pedirle que se quedase sola-. ?Por que no te pones tu vestido nuevo y te vienes conmigo?
– ?Adonde?
– A un banquete en el Space Needle.
– ?Con gente mayor?
– No tan mayor. Sera divertido.
– ?No tenias que irte ya?
– Te esperare.
Ella se encogio de hombros.
– No se…
– Venga. Habra muchos periodistas, y tal vez saquen una foto tuya en el periodico luciendo bien guapa, y ese tipejo de Zack tenga que darse una patada a si mismo en el culo.
Marie rio.
– Quieres decir trasero.
– Eso es. Trasero. -El la empujo hasta el armario-. Mete tu trasero en el vestido -le dijo mientras salia de la habitacion y cerraba la puerta. Cogio la chaqueta del esmoquin y fue al salon a esperar. Como solian hacer todas las mujeres que conocia, se tomo su tiempo hasta estar lista.
Luc se acerco al amplio ventanal y contemplo la ciudad. La lluvia habia cesado, pero las gotas resbalaban todavia por los cristales emborronando la imagen nocturna de Seattle, de los edificios mas altos y de la bahia de Elliot al fondo. Se habia quedado con aquel apartamento exclusivamente por las vistas, y si iba a la cocina o a su dormitorio, al otro lado del apartamento, podia salir al balcon, desde donde se tenia una perfecta panoramica del Space Needle y del norte de Seattle.
Mirar a traves de todas aquellas ventanas resultaba espectacular, pero Luc tenia que admitir que en aquel edificio nunca habia llegado a sentirse en casa. Quiza se debia a la moderna arquitectura, o quizas a que nunca habia vivido en un piso tan alto en una ciudad y eso le hacia sentir, en cierto sentido, como si estuviese en un hotel. Si abria las ventanas o salia al balcon, el sonido del trafico llegaba hasta la decimonovena planta, lo que tambien le recordaba un hotel. A pesar de que Seattle, y todo lo que la ciudad podia ofrecer, estaba empezando a gustarle, a veces sentia una vaga sensacion de nostalgia respecto a su hogar.
Cuando por fin salio Marie de su habitacion, llevaba un collar de diamantes de imitacion y una diadema a juego que mantenia el cabello apartado de su cara. Su cabello era bonito, pero el vestido… el vestido no le sentaba nada bien. Era unas dos tallas mas pequeno. El terciopelo negro apretaba demasiado el pecho y las mangas le llegaban hasta la mitad de brazo. A pesar de que Marie solia usar camisetas grandes y sudaderas, sabia que no estaba rellenita. Pero en aquel vestido daba la impresion de ir embutida.
– ?Que tal me queda? -pregunto girando ante el.
La costura que recorria la espalda del vestido se torcia hacia la izquierda en el trasero.
– Estas preciosa.
De los hombros hacia arriba, estaba muy guapa. Su sombra de ojos plateada, sin embargo, era un tanto extrana, reluciente como la brillantina que el utilizaba en el instituto.
– ?De que talla es ese vestido? -pregunto Luc y, por la reaccion del Marie, se dio cuenta inmediatamente de su error.
Sabia que no resultaba adecuado preguntarle a una mujer por la talla de su vestido. Pero Marie no era una mujer. Era una muchacha y, ademas, era su hermana.
– ?Por que?
El le ayudo a ponerse el abrigo de lana.
– Siempre llevas camisas holgadas y pantalones, y no se cual es tu talla -improviso.
– Oh, es un cero. ?Puedes creer que quepa en una cero?
– No. La cero no es ni siquiera una talla. Si tienes una cero, deberias engordar, tendrias que comer mas patatas asadas y carne. Acompanadas con algo de salsa.
Ella rio, pero el no estaba bromeando.
El trayecto hasta el Space Needle fue breve, pero cuando Luc le entrego las llaves del Land Cruiser al aparcacoches, advirtio que llegaban con mas de una hora de retraso. El restaurante Skyline se alzaba a treinta metros de altura dentro de la estructura de la torre. Ofrecia una vision panoramica de la ciudad de trescientos sesenta grados, y Luc y Marie llegaron justo cuando la cosa empezaba a animarse. Al salir del ascensor, un muro de ruido, formado por la combinacion de centenares de voces, el golpeteo de los platos y el trio de musicos fue a su encuentro. Un mar de esmoquines negros y brillantes vestidos fluia dentro de aquella estancia a media luz. Luc ya habia asistido a eventos similares. No en aquel lugar, no en una ocasion tan especial, pero si a centenares de otros banquetes desde que empezo a jugar en la NHL.
Cuando Luc fue a dejar el abrigo de Marie en la guardarropia, se encontro con Sutter, Fish y Grizzell y se los presento a su hermana. Le hicieron preguntas sobre la escuela, y cuanto mas le hablaban, mas se ocultaba ella tras Luc, hasta que solo medio cuerpo quedo visible. Luc no sabia si se sentia intimidada o solo era cuestion de verguenza.
– ?Has visto a Tiburoncito? -pregunto Fish.
– ?A Jane? No, no la he visto. ?Por que? -Hizo una pausa y pregunto-: ?Donde esta?
Fish estiro uno de los dedos con los que sujetaba su copa y senalo hacia una mujer que se hallaba a unos cuantos metros de distancia, de espaldas a Luc. Le caian unos cortos rizos oscuros por la nuca. Llevaba un vestido con la espalda descubierta y sin mangas, de un rojo profundo, y una fina cadena de oro pendia entre sus omoplatos, atrayendo la luz y lanzando reflejos dorados por su blanca piel. El vestido se cenia a sus caderas y a su trasero y caia hasta las pantorrillas. Calzaba un par de zapatos rojos con un tacon de unos ocho centimetros.
