conducir.
?Como iba a negarse a algo asi?
– ?A que hora?
– A las siete. -El telefono movil que colgaba del cinturon de Darby empezo a sonar y el respondio a la llamada-. ?Si? -dijo-. Aqui. -La miro- ?Ahora mismo? De acuerdo. -Colgo y volvio a colocar el aparato en el cinturon-. El entrenador Nystrom quiere que bajes al vestuario.
– ?Yo? ?Por que?
– No me lo ha dicho.
Jane metio el bloc de notas en el bolso y salio de la cabina de prensa. Llego con el ascensor a la planta baja y recorrio el pasillo hacia el vestuario, preguntandose todo el rato si iban a despedirla otra vez; de ser asi, en esa ocasion no se iba a morder la lengua.
Cuando entro en el vestuario, los jugadores estaban vestidos y ataviados con sus complementos de batalla. Se encontraban sentados frente a sus taquillas escuchando al entrenador. Jane se detuvo nada mas cruzar la puerta para escuchar como Larry Nystrom les hablaba de la debilidad de la segunda linea de Vancouver y del modo de encarar al portero. Miro al otro lado del vestuario, en direccion a Luc. Llevaba puestas sus protecciones de portero y su camiseta con el simbolo azul y verde de los Chinooks. Sus guantes y el casco descansaban a un lado, en tanto que el tenia la mirada clavada en algun punto entre sus patines. Entonces alzo la vista y sus miradas se cruzaron. La miro por un instante, despues su mirada azul descendio lentamente por su jersey gris, paso por su falda negra hasta llegar a sus baratos mocasines negros. Su interes no entranaba ningun matiz sexual, era simple curiosidad, pero hizo que a Jane se le acelerara el pulso.
– Jane -la llamo Larry Nystrom.
Jane aparto los ojos de Luc y miro al entrenador, que se acerco a ella y anadio:
– Vamos, diles a los chicos lo que les dijiste el otro dia.
Ella trago saliva.
– No puedo recordar lo que les dije, entrenador.
– Algo de que no se bajasen los calzoncillos -intervino Fish-. Y lo de que viajar con nosotros fue toda una experiencia.
Todos parecian tan serios que a Jane le dieron ganas de reir. Nunca habia creido que fuesen supersticiosos hasta ese punto.
– De acuerdo, vere si lo recuerdo. Dejaos los calzoncillos puestos, tengo algo que deciros y solo me tomara un minuto. Ya no viajare con vosotros, y quiero que sepais que hacerlo ha sido una experiencia que jamas olvidare.
Todos sonrieron y asintieron, a excepcion de Peter Peluso.
– Dijiste algo de sincronizar la bajada de los calzoncillos. Me acuerdo de esa parte.
– Es cierto, Tiburoncito -anadio Rob Sutter-. Yo tambien lo recuerdo.
– Y dijiste que esperabas que este ano ganasemos la liga -anadio Jack Lynch.
– Si, eso es importante.
?Acaso importaba realmente? ?Joder!
– ?Tengo que volver a empezar desde el principio?
Todos asintieron con la cabeza y ella puso los ojos en blanco.
– Dejaos los calzoncillos puestos, tengo algo que deciros, solo me tomara un minuto y no quiero que sincroniceis la bajada de vuestros calzoncillos. -O algo asi-. Ya no voy a seguir viajando con vosotros, pero quiero que sepais que hacerlo ha sido una experiencia que jamas olvidare. Espero que este ano ganeis la liga.
Todos parecian complacidos, y ella se dispuso a salir de alli antes de que la volviesen loca.
– Ahora tienes que venir y darme la mano -le informo el capitan, Mark Bressler.
– Oh, claro. -Ella se acerco a el y le dio la mano-. Buena suerte con el partido, Mark.
– No, dijiste Asesino.
La cosa era de locos
– Buena suerte en el partido de esa noche, Asesino.
El sonrio.
– Gracias, Jane.
– De nada.
Desde el exterior llegaban los sonidos previos al comienzo del partido, y ella, una vez mas, se encamino a la puerta.
– No has acabado, Jane.
Se volvio y miro hacia donde se encontraba Luc. Estaba, de pie y, con un dedo, le estaba indicando que se acercase.
– Ven aqui.
Ni hablar. No estaba dispuesta a llamarle «pedazo de tonto» delante de todos aquellos tipos.
– Vamos.
Observo las caras de los otros jugadores. Si Luc jugaba mal, la culparian a ella. Como si sus zapatos tuviesen vida propia, cruzo el suelo enmoquetado con el logotipo de los Chinooks en el centro.
– ?Que? -pregunto mientras se ponia frente a Luc.
Con los patines era mas alto, y ella tuvo que mirar hacia arriba.
– Tienes que decirme lo que me dijiste el otro dia. Para que me de suerte.
Se lo temia, pero intento librarse del mal trago.
– Eres tan bueno que no necesitas que te de suerte.
La agarro del brazo y, con cuidado, la atrajo hacia si.
– Vamos, dilo.
Jane noto la calidez de su mano a traves del jersey.
– No me hagas esto, Luc -dijo en voz baja para que solo el lo oyese. Sentia que estaba ruborizandose-. Es demasiado embarazoso.
– Susurramelo al oido.
El crujido de sus protecciones de cuero lleno el espacio entre ambos mientras se inclinaba sobre ella. El olor de su champu y de su locion para despues del afeitado le lleno la nariz junto al olor del cuero de las protecciones.
– Tonto -susurro en su oido.
– No fue asi. -Luc meneo la cabeza y sus mejillas se rozaron por unos segundos-. Te has olvidado el «pedazo de».
Dios del cielo. Antes de que todo eso pasase moriria de verguenza o bien consumida por la lujuria. Y no queria que sucediese ninguna de las dos cosas. Sobre todo la ultima, pero el nivel de testosterona de Luc era como un poderoso campo de fuerza que la atraia contra su voluntad.
– Pedazo de tonto.
– Gracias, carino. Te lo agradezco.
«Carino». Jane abrio los ojos como platos. El volvio la cara y, con los labios a escasos centimetros de los de Luc, ella sonrio.
– ?Voy a tener que hacer esto antes de cada partido? -pregunto aunque su voz sono casi como un suspiro.
El no dio la impresion de haber captado el matiz de su voz. La miro directamente y unas pequenas arrugas aparecieron en las comisuras de sus ojos
– Me temo que si -respondio.
Finalmente, ella sintio que recuperaba el aliento.
– Voy a pedir un aumento de sueldo.
Luc deslizo su enorme y caliente mano desde el brazo hasta el hombro de Jane, le acaricio la mejilla y despues aparto la mano.
– Pide tambien que te aumenten las dietas. En cuanto estemos de viaje voy a recuperar los cincuenta pavos que me ganaste a los dardos.
Jane meneo la cabeza y se volvio para salir.
– Ni lo suenes, Luc -dijo por encima del hombro.
