– ?Y que tiene eso que ver contigo?

– Darby cree que debia hablar contigo y convencerte de que lo aceptes.

– ?Tu? Tu piensas que soy el angel de la muerte y la oscuridad.

– Eres un angel de la muerte muy mono.

Oh, Senor.

– Ha sido una mala eleccion. A mi no… -Jane se detuvo porque no podia mentirle diciendo que a ella no le gustaba el. Porque le gustaba. Incluso contra su propia voluntad. Asi que compuso una media verdad-: No se siquiera si me gustas.

Luc rio entre dientes, como si supiese que mentia.

– Es lo que le dije a Darby. -Esbozo una sonrisa encantadora, y se echo hacia atras sobre sus tacones-. Pero el cree que yo puedo hacerte cambiar de opinion.

– Lo dudo.

– Supuse que dirias eso. -Luc camino hasta el sofa y saco algo del bolsillo de su cazadora de cuero-. Asi que voy a darte una ofrenda de paz.

Le tendio un pequeno libro de bolsillo con una cinta rosa alrededor. «El lenguaje del hockey: la jerga, el saber popular, todo lo que nunca aprendera en television».

Sorprendida, lo acepto.

– ?Lo has comprado tu?

– Si. Y pedi a la chica de la libreria que pusiera el lazo.

Le estaba haciendo un regalo. Una ofrenda de paz. Algo que podria utilizar. No algo tipicamente masculino, como flores o chocolate o ropa interior barata. Habia pensado en ella. Le habia prestado atencion. A ella.

– No tenian cinta negra, asi que elegi la rosa.

Jane sintio que su corazon empezaba a dar brincos en su pecho, y supo que estaba metida en un buen lio.

– Gracias.

– No hay de que.

Miro la cara de Luc, dejando atras la sonrisa camino de sus ojos azules. Un lio grande y terrible, del tipo que visten camisas blancas y vaqueros. Del tipo que quedaba con chicas estilo Barbie porque podia hacerlo,

7. Menuda pinta

Luc bajo la mirada para encontrarse con los ojos verdes de Jane, y supo que su regalo habia surtido efecto. La habia ablandado, llevandola justo a donde el queria. Pero antes de tenerla atrapada por completo, dispuesta a ponerse en sus manos como un disco caido del cielo, su mirada se hizo recelosa. Dio un paso atras y el escepticismo le hizo fruncir el entrecejo.

– ?Te ha pedido Darby que vinieses a hacerme la pelota? -pregunto al tiempo que cogia el libro.

Mierda.

– No -respondio Luc. La verdad era que Darby le habia sugerido que le llevase flores, pero el libro habia sido idea de el-. Fue idea mia, pero todos queremos que vuelvas.

– Me resulta dificil de creer que todo el mundo lo quiera, especialmente los entrenadores.

Tenia razon. No todo el mundo queria que volviese, especialmente los directivos. Tras la derrota ante San Jose, el equipo habia buscado a alguien a quien culpar. Algo en el aire o en la alineacion de los planetas. Algo mas que la penosa actuacion del equipo. Ese algo habia sido Jane. Habian maldecido y echado pestes sobre ella en el vestuario, pero nadie habia llegado a pensar que la despedirian. En particular, Luc. Tras decirle que necesitaba el trabajo, no habia podido quitarse de la cabeza la imagen de Jane viviendo en la calle por culpa de algo que el habia dicho. Dado el tamano de su apartamento, con toda probabilidad necesitaba el dinero. Estaba limpio y, para su sorpresa, no todo alli era de color negro, pero todas sus pertenencias cabian en el salon. Se alegraba de haber ido a verla.

– Les dije a los directivos que eras nuestro amuleto de la buena suerte -dijo, lo cual era cierto. Despues de llamarle pedazo de bobo, entre otras cosas, jugo uno de los mejores partidos de su vida. Y Bressler metio su primer hat-trick de la temporada, tres tantos nada menos, despues de que ella le diese la mano.

Jane sonrio.

– ?En serio lo crees?

Luc nunca dudaba de los amuletos.

– Por supuesto, pero si estoy aqui es porque se lo que supone necesitar un trabajo y que te nieguen esa oportunidad.

Jane bajo la vista hacia sus pies desnudos. Luc aprovecho para estudiar su cabello humedo. Las puntas habian empezado a rizarse sobre los hombros. Se pregunto que se sentiria teniendo aquel pelo enredado entre los dedos. Advirtio lo bajita que era, lo pequenos que eran sus hombros y lo joven que parecia con aquella camiseta de la Universidad de Washington. No fue la primera vez que se fijo en la forma en que se le marcaban los pezones, y de nuevo se pregunto si tendria frio o si estaria excitada. Una corriente calida recorrio sus venas para asentarse en su entrepierna. Se sintio algo excitado y se sorprendio de que esa reaccion la hubiese provocado Jane Alcott. Era bajita y tenia unos pechos muy pequenos, y aun asi se oyo a si mismo decir:

– Tal vez podriamos empezar de cero, olvidarnos de lo que te dije la primera vez que hablamos, lo de mear en tu cafe.

Ella alzo la vista de nuevo. Su piel era suave, sus labios carnosos y rosados. Luc se pregunto si sus mejillas serian tan tersas como parecian, y a continuacion estudio su boca. No, no era su tipo de mujer, pero habia algo en ella que le intrigaba. Quiza fuese su sentido del humor y su firmeza de caracter. Quiza no se trataba mas que de sus pezones erizados y el repentino interes por sus suaves rizos.

– De hecho, esa no fue la primera vez que nos vimos -dijo Jane.

El la miro de nuevo a los ojos. Mierda. El recuerdo de un buen punado de meses en su vida habia desaparecido como por ensalmo. Habia hecho cosas de las que no habia sido consciente hasta que se lo dijeron tiempo despues. No vivia en Seattle por aquel entonces, pero habia acudido a la ciudad con el equipo de Detroit. Temia la respuesta, pero no tuvo mas remedio que preguntar:

– ?Cuando nos conocimos?

– El verano pasado, en una fiesta para la prensa.

Luc sintio un profundo alivio y casi se echo a reir. Si se hubiese acostado con Jane el verano anterior lo recordaria. Se trataba del verano posterior a su perdida de memoria.

– ?Una fiesta para la prensa en el Four Seasons?

– No, en el Key Arena.

Luc echo la cabeza hacia atras y la miro.

– Habia un monton de gente aquella noche, pero me sorprende no recordarte -dijo, a pesar de no estar sorprendido en absoluto.

Jane no era el tipo de mujer que el recordaria tras un primer encuentro. Y si, sabia lo que se decia de el, y seguia sin importarle. Vivia la vida a su manera. Hacia muchos anos que lo hacia y se sentia a gusto consigo mismo.

– Pero quiza no resulte tan sorprendente, pues debias de ir vestida de negro -anadio en tono de burla.

– Yo si recuerdo con total exactitud lo que llevabas -dijo Jane dirigiendose a la cocina-. Traje negro, corbata roja, reloj de oro y chica rubia.

El recreo su mirada en aquella espalda, descendiendo hasta centrarse en su prieto trasero. Todo en Jane era pequeno pero con caracter.

– ?Sentiste celos?

Ella le miro por encima del hombro.

– ?Por el reloj?

– Si, por eso tambien.

En lugar de responder, ella entro en la cocina y pregunto:

– ?Quieres un cafe?

Вы читаете Jane Juega Y Gana
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату