Caroline, que esa noche llevaba un jersey Tommy Hilfiger con una bandera estadounidense en la pechera y unos tejanos muy cenidos, miro a Jane, puso los ojos en blanco y dijo:
– Al menos ponte las lentillas.
– ?Porque?
– Bueno, no queria decirte nada porque te quiero y todo eso, y porque siempre te estoy diciendo como deberias vestirte y no me gustaria que te sintieses mal, pero los indeseables de la optica Eye Care te mintieron.
Jane no opinaba que sus gafas estuviesen tan mal.
– ?Estas segura de que no me quedan bien?
– Si. Si te digo esto es porque no quiero que la gente piense que yo soy la chica y tu el chico.
?Tu tambien, Caroline?
– ?Que te hace creer que la gente daria por supuesto que tu eres la chica y yo el chico? -pregunto Jane al tiempo que se ponia en pie y se dirigia al lavabo-. Cabe la posibilidad de que la gente pensase que tu eres el chico. -Se produjo un silencio en la otra habitacion y Jane saco la cabeza por la puerta-. ?Y bien?
Caroline se acerco a la chimenea para pintarse los labios mirandose en el espejo que colgaba encima de la repisa.
– ?Y bien, que?
Volvio a meter la barra de labios en su pequeno bolso de mano.
– ?Que te hace creer que la gente daria por supuesto que tu eres la chica y yo el chico? -volvio a preguntar.
– Oh, ?estas hablando en serio? Supongo que te haces la graciosa.
A la manana siguiente, a las nueve en punto, el telefono de Jane empezo a sonar. Era Leonard. La llamaba para decirle que Virgil y el, junto al equipo de direccion de los Chinooks, habian reconsiderado su «precipitada decision». Querian que volviese a ocupar su puesto como cronista deportiva. Lo que venia a decir que querian que estuviese en la cabina de prensa durante el partido de la noche siguiente contra St. Louis. Al oir aquello Jane no supo que responder. Se tumbo en la cama y se limito a escuchar lo que Leonard decia.
Al parecer, tras su visita al vestuario, el equipo habia jugado de maravilla. Bressler anoto tres tantos despues de que ella le diese la mano, y Luc volvio a ser el excelente portero de siempre. El resultado fue seis a cero, y Luc supero en paradas a su rival, Patrick Roy.
De la noche a la manana, la suerte de Jane Alcott habia cambiado.
– No se, Leonard -dijo mientras apartaba el edredon amarillo y se sentaba en un extremo de la cama. Tenia resaca debido a la juerguecita de la noche anterior y le costaba pensar con claridad-. No puedo volver a ocupar el puesto y preguntarme una y otra vez si voy a ser despedida cada vez que los Chinooks pierdan un partido.
– No tendras que volver a preocuparte por eso.
No le creyo, y si decidia ocupar de nuevo el puesto, no iba a lanzarse de cabeza como la vez anterior. A decir verdad, aun estaba muy afectada.
– Me lo pensare -dijo.
Tras colgar el auricular, se preparo una taza de cafe y comio un par de galletas para acabar con la sensacion de vacio. No se habia metido en la cama hasta las dos de la manana, y estaba arrepentida de haber malgastado su tiempo y su dinero saliendo de copas. Habia sido incapaz de pensar en algo que no fuese su despido.
Mientras comia, reflexiono sobre la nueva oferta de Leonard. Los Chinooks la habian tratado como a una leprosa y la habian culpado de sus derrotas, ?y ahora, de repente, pensaban que les daba buena suerte? ?Acaso queria someterse a los caprichos de aquel atajo de supersticiosos que se quitaban los calzoncillos delante de ella y la molestaban con llamadas nocturnas?
Cuando acabo de comer, se metio en la ducha y cerro los ojos mientras el agua caliente caia sobre su cuerpo. ?Realmente queria viajar con un portero capaz de atravesarla con la mirada? ?A pesar de que le acelerase el pulso, sin importar si eso era o no lo que ella deseaba? Se dijo que no. Aunque Luc y ella se gustasen, lo cual a todas luces no era cierto, pues el solo tenia ojos para mujeres altas y preciosas.
Se cubrio la cabeza con una toalla y se puso las gafas mientras se secaba. Despues escogio un sujetador transparente, una camiseta blanca de la universidad de Washington, y unos viejos vaqueros con agujeros en las rodillas.
Sono el timbre de la puerta y, cuando miro por la mirilla, vio a un hombre con gafas de sol Oakley, bien peinado y de buen aspecto, identico a Luc Martineau. Abrio la puerta porque acababa de pensar en el, y no estaba segura de que no se trataba de una mala pasada de su imaginacion.
– Hola, Jane -la saludo Luc-. ?Puedo pasar?
Vaya novedad, Luc mostrandose amable. Ya no tenia duda alguna: era una mala pasada de su imaginacion.
– ?Por que?
– Queria hablar de lo que ha pasado.
Ocurrio de nuevo. Dijo hablag en lugar de «hablar», y supo que aquel era el autentico Luc.
– Quieres decir sobre mi despido, del que tu eres culpable.
Se quito las gafas de sol y las guardo en el bolsillo de su cazadora de piel. Tenia las mejillas sonrosadas y el pelo alborotado, y tras el estaba aparcada su motocicleta.
– Yo no he hecho que te despidieran. Al menos, no directamente. -Al ver que ella no respondia, pregunto-: ?Me vas a invitar a pasar o no?
Jane tenia el pelo envuelto en una toalla y el aire frio le habia puesto la piel de gallina. Opto por dejarle entrar.
– Sientate -dijo mientras el la seguia hasta el salon.
Le dejo a solas un momento para ir a quitarse la toalla y secarse el pelo. De todos los hombres del mundo, Luc era el ultimo que ella habria imaginado tener sentado en el salon de su casa.
Se peino y se seco el pelo lo mejor que pudo y, durante un par de segundos, penso en pintarse los ojos y los labios. Pero desestimo la idea de inmediato. Lo que si hizo fue cambiarse las gafas por las lentillas.
Con el pelo humedo, regreso al salon. Luc estaba de espaldas a ella, estudiando las pocas fotografias que habia sobre la repisa de la chimenea. Habia dejado la cazadora en el sofa. Vestia una camisa blanca, con los punos arremangados mostrando sus musculosos antebrazos. Una amplia arruga le recorria la espalda hasta adentrarse en los vaqueros Lucky Brand. Su billetera asomaba por uno de los bolsillos y las costuras enmarcaban su trasero. La miro de arriba abajo por encima del hombro.
– ?Quienes son estas dos? -pregunto Luc senalando la foto de en medio, en la que aparecia junto a Caroline, ambas de toga y birrete, en el porche de la casa de su padre, en Tacoma.
– Mi mejor amiga, Caroline, y yo la noche en que nos graduamos en el instituto Mt. Tahoma.
– ?O sea que has vivido por aqui toda tu vida?
– Si.
– No has cambiado mucho.
Ella se acerco a el.
– Aunque ahora soy mucho mayor -dijo.
Luc la miro de nuevo por encima del hombro.
– ?Cuantos anos tienes?
– Treinta.
El mostro sus dientes blancos con una sonrisa que vencio todas las defensas de Jane, llevandola a clavar los talones en la moqueta beige.
– ?Tan mayor eres? -pregunto-. Te conservas bien para tu edad.
Oh, Dios. No queria profundizar mas en ese tipo de declaraciones, pues sin duda no llevaban a ninguna parte. No queria que el la deslumbrara con su sonrisa. No queria sentir cosquilleos ni tener pensamientos pecaminosos.
– ?Por que has venido?
– Me ha llamado Darby Hogue. -Luc metio una mano en el bolsillo del pantalon y desplazo el peso del cuerpo de un pie a otro-. Me ha dicho que han vuelto a ofrecerte el trabajo y que lo has rechazado.
No lo habia rechazado. Solo habia dicho que tenia que pensarselo.
