– No, gracias. No debo tomar cafeina. -La siguio, pero se detuvo en la estrecha puerta que daba a la cocina-. ?Volveras a aceptar el trabajo?
Ella dejo sobre la encimera el libro que le habia llevado y vertio el cafe en una alta taza de Starbucks.
– Tal vez. -Abrio la nevera y saco la leche. La puerta estaba cubierta de notas adhesivas escritas para acordarse de comprar todo tipo de cosas, desde encurtidos y galletas saladas hasta detergente para la ropa-. ?Hasta que punto es conveniente que lo haga? -pregunto mientras dejaba la leche y cerraba la nevera.
– ?Para mi o para el resto del equipo?
Jane se llevo la taza a los labios y le miro por encima de ella.
– Para ti -respondio.
Estaba aprovechandose del giro que habian dado los acontecimientos. Tenia que presionar un poco mas. Luc no podia decir que el no hubiese hecho lo mismo en su situacion.
– Te estoy proponiendo que fumemos la pipa de la paz.
– Lo se, y aprecio el gesto.
Era muy buena en el trato directo. Tal vez deberia despedir a Howie y contratar a Jane para la negociacion de su proximo contrato.
– ?Que es lo que quieres?
– Una entrevista.
Luc se cruzo de brazos.
– ?Conmigo?
– Si.
– ?Cuando?
– Cuando haya hecho ciertas averiguaciones y tenga preparado el cuestionario.
– Sabes que odio las entrevistas.
– Si, lo se, pero hare que no te duela.
Luc bajo la vista hasta los pechos de Jane.
– ?A que te refieres con lo de que no me dolera?
– No te hare preguntas personales -respondio ella. Seguia sintiendo frio y lo mas adecuado habria sido que se pusiese un jersey.
– Define «personales».
– No te preocupes, no te preguntare sobre mujeres.
El dirigio su mirada hacia el delicado hueco que formaba su garganta, ascendio por sus labios y llego a los ojos.
– Algunas de las cosas que has leido sobre mi, probablemente no son ciertas -dijo sin saber siquiera por que o de que se estaba defendiendo.
Jane soplo su cafe.
– ?Algunas? -pregunto.
El dejo caer las manos a los lados y se encogio de hombros.
– Mas o menos un cincuenta por ciento se lo inventaron para vender periodicos o libros.
Jane esbozo una media sonrisa.
– ?Cual es el cincuenta por ciento verdadero?
Estaba tan mona mirandolo de aquel modo, sonriendo, que estuvo tentado de decirselo.
– ?Quedara entre nosotros?
– Por supuesto-. Casi.
– No es asunto tuyo. No hablo de las mujeres de mi pasado ni de mi temporada de rehabilitacion.
Ella bajo la taza.
– Es justo. No quiero hacerte preguntas sobre tu rehabilitacion ni sobre tu vida sexual. Ya se ha escrito mucho sobre eso, y es aburrido.
?Aburrido? Su vida sexual no era aburrida. En los ultimos tiempos no habia tenido mucha accion, pero lo que el habia hecho no era aburrido. Bueno… quizas un poco. No, «aburrido» no era la palabra adecuada. Era demasiado fuerte. Habia echado de menos algo en su vida sexual ultimamente. Aparte del sexo en si. No sabia de que se trataba, pero una vez que solucionase la situacion de Marie, tendria mas tiempo para pensar en ello.
– Y, ademas -anadio Jane-, no quiero que me cuentes nada que eche abajo la imagen que tengo de ti.
– ?Que imagen? -Luc apoyo un hombro contra el marco de la puerta-. ?Que me lo monto con dos tias a la vez cada noche?
– ?No es asi?
– No. -La miro. La expresion de Jane, alli en la cocina, venia a decirle que su vida sexual era aburrida, por lo que decidio sorprenderla un poco. Solo un poco, con algo sobre lo que ella, con toda probabilidad, no habria leido-. Lo intente una vez, pero las chicas estaban mas interesadas la una en la otra que en mi. Lo cual no hizo mucho a favor de mi amor propio.
Ella se echo a reir mientras el se esforzaba en recordar la ultima vez que habia estado a solas con una mujer en el apartamento de ella, riendo y hablando, y sin intentar camelarla para llevarsela a la cama. No dejaba de ser bonito.
La noche siguiente a la visita de Luc, Jane se sento junto a Darby en la cabina de prensa para presenciar el partido entre los Chinooks y Vancouver. Un marcador octogonal con cuatro pantallas de video colgaba del centro del techo en forma de piramide. Las luces alumbraban el enorme logotipo verde de los Chinooks en el centro de la pista de hielo, y las cabriolas del laser anunciaban que el partido estaba a punto de empezar. Faltaba media hora para que el disco se pusiese en movimiento, pero Jane estaba preparada con su bloc de notas y la grabadora en el bolso. Habia vuelto, y estaba mas excitada que el primer dia. A excepcion de Darby, los directivos aun no habian llegado, y se pregunto si la recibirian con una palmadita en la espalda.
Jane miro a Darby.
– Gracias por hacer que me devolviesen el trabajo.
El tenia los antebrazos apoyados en las rodillas y miraba hacia la pista. Se habia puesto algo menos de gomina de lo que tenia por costumbre, pero bajo su chaqueta azul seguia llevando los boligrafos metidos en una funda de plastico en el bolsillo de la camisa.
– No ha sido cosa mia. Los jugadores se sintieron mal despues de que los visitaras y les deseases suerte. Pensaron que alguien como tu merecia recuperar el trabajo.
– Quisieron que volviese porque creian que les daba suerte.
– Eso tambien -dijo sonriendo y sin dejar de mirar hacia la pista-. ?Tienes algo que hacer el proximo sabado?.
– ?No estaremos de viaje?
– No, salimos al dia siguiente.
– Entonces, nada -dijo Jane encogiendose de hombros-. ?Por que?
– Hugh Miner va a dar un banquete en el Space Needle para conmemorar su retirada.
El nombre le sonaba, pero no podia ubicarlo.
– ?Quien es Hugh Miner?
– Fue portero de los Chinooks desde 1996 hasta el ano pasado, en que se retiro. Me preguntaba si te gustaria ir.
– ?Contigo? ?Como si fuese una cita? -pregunto como si Darby se hubiese vuelto loco.
El se ruborizo y Jane se dio cuenta de que no habia sido un comentario amable.
– No tiene por que ser una cita -dijo Darby.
– Oye, se que ha sonado mal, pero no es lo que parece. -dijo Jane, dandole una palmada en el hombro-. Sabes que no puedo tener citas con gente involucrada con la organizacion de los Chinooks. Provocaria mas comentarios y chismorreos.
– Si, lo se.
Jane se sentia fatal. Probablemente el no habia planteado una cita en toda regla, y ella le habia ofendido.
– Supongo que tendre que vestirme de gala.
– Si, es una fiesta de etiqueta -dijo Darby, mirandola-. Te enviaria una limusina, asi no tendrias que
