– En realidad no fue tan malo -dijo ella-. Nada de latigos y cosas de esas. No me va el dolor.

Resultaba muy atractivo estar tan cerca de Luc y fingir que era la mujer capaz de satisfacer a un hombre como el. La clase de mujer que susurra marranadas y hace que los hombres supliquen. Para su siguiente articulo para la revista Him, habia pensado escribir sobre una fantasia compartida para Bomboncito de Miel. A los hombres les encantaban las fantasias compartidas.

– ?Te gusta mirar?

– Soy mas bien de los que participan -susurro el a su oido-. Me resulta mas interesante.

Pero no podia hacerlo. Sola en su apartamento era una cosa, pero alli entre los brazos de Luc era otra cosa totalmente diferente. No podia deja volar su imaginacion, y lo maximo que atino a decir fue:

– Darby es insaciable. Nadie lo habria supuesto. De hecho, creo que voy a sentarme. Estoy agotada.

Luc le apreto el brazo y la miro a la cara.

– No me digas que tienes tan poca resistencia.

– Hablemos de otra cosa -dijo ella, que temia que sus defensas empezaran a flaquear.

El se mantuvo inmovil durante un momento, despues dijo:

– Estas muy guapa esta noche.

– Gracias. Tu tambien lo estas.

Luc la atrajo una vez mas hacia si y ella puso de nuevo la mano en su hombro, sintiendo la suavidad de su chaqueta. Si se acercaba un poco mas el olor de su colonia impregnaria su nariz.

– Y estas muy elegante. Me gusta tu peinado.

– Me he cortado el pelo esta manana. Ahora esta bien, pero la prueba definitiva sera manana por la manana, cuando lo lave.

– Yo me lo lavo y lo dejo secar -susurro Luc.

Ella cerro los ojos. Bien, un tema seguro… y aburrido. El pelo.

– Me gusta tu vestido.

Otro tema seguro.

– Gracias. No es negro.

– Ya me he dado cuenta. -Luc deslizo la mano desde su cintura hacia su espalda, dejando los dedos y la palma calida sobre la piel desnuda- ?Crees que podrias ponerte alguna vez la parte de atras hacia delante?

– No. Creo que no -repuso ella, sintiendo el calor de su mano.

– Que lastima. No me importaria vertelo puesto de ese modo.

La musica fluia alrededor de Jane como si todo estuviese detenido. Luc Martineau, con su malvada sonrisa y su tatuaje de herradura, queria verla desnuda. Imposible. Bajo la superficie, su piel temblo, caliente y viva, plena de sensaciones. El deseo y la necesidad se apretaban en su abdomen y se preguntaba si el se habria dado cuenta de que se habia pegado a el justo para olerle el cuello. Justo por encima de su pajarita y del cuello de su camisa.

– ?Jane?

– ?Si?

– Marie ha vuelto. Manana tenemos que estar muy temprano en el aeropuerto, asi que es mejor que nos vayamos.

Jane alzo la vista hacia la cara de Luc. Su mente estaba ocupada en impuros pensamientos, pero el parecia ajeno y distante. «No me importaria vertelo puesto de ese modo», habia dicho. No cabia duda de que se estaba quedando con ella.

– Voy a buscar mi abrigo.

Aparto la mano de su espalda y el aire frio reemplazo el calor de su roce. La cogio por el brazo y, mientras abandonaban la pista de baile, le paso el pequeno bolso de Caroline.

– Dame tu tiquet. Voy a por el abrigo de Marie y tambien traere el tuyo.

Jane hurgo en el bolso y extrajo el tiquet. Mientras el retiraba los abrigos, Jane hablo con Marie, pero seguia pensando en Luc, y no queria dejar de hacerlo. Habia sentido que lo deseaba. Mala cosa. ?Lo habria advertido Luc? Esperaba de todo corazon que no. Esperaba que nunca se lo imaginase. Su vida podria desarrollarse con total felicidad si nadie llegaba a saber que Jane Alcott habia querido saltar encima del jugador de hockey Luc Martineau. Si el llegaba a sospecharlo, sin duda saldria corriendo en la direccion contraria.

Cuando estuvo de regreso, la ayudo a ponerse su abrigo negro. Los dedos de Luc rozaron su nuca mientras ajustaba el cuello del abrigo, y ella se pregunto a que se pareceria sentir sus brazos alrededor del cuerpo mientras se apretaba contra el. Pero aunque tuviese los arrestos para seguir sus impulsos, seria ya demasiado tarde; el se habia alejado y mantenia abierto el abrigo de su hermana para que se lo pusiese sin problemas.

Mientras esperaban en la base del Space Needle a que el aparcacoches les llevara el Land Cruiser blanco de Luc, este se abotono la chaqueta y metio las manos en los bolsillos, con los hombros encorvados debido al frio. Hablaron del tiempo y del vuelo que tenian que tomar casi de madrugada. Nada importante. Marie les hablo de las vistas desde el mirador, y Jane no dejo de echarle miraditas al oscuro perfil de Luc. La luz que llegaba de lo alto de la torre iluminaba un solo lado de su cara y sus anchos hombros, dibujando una alargada sombra en el hormigon.

Cuando regreso el aparcacoches, Luc abrio la puerta del acompanante para Jane y la trasera para su hermana. Se puso al volante, arranco y tomo Bellevue. Tras unas cuantas manzanas, rompio el silencio.

– La senora Jackson esta al corriente de que tiene que llegar antes de que te vayas al instituto -le dijo a su hermana-. ?Necesitas dinero o alguna otra cosa?

Jane lo miro de reojo. Su perfil era poco mas que una silueta negra dentro del interior oscuro del coche. La luz procedente del salpicadero rebotaba contra su reloj de pulsera lanzando destellos dorados sobre su chaqueta. Volvio la mirada hacia la ventanilla.

– Necesito dinero para comer y tengo que pagar la clase de ceramica.

– ?Cuanto necesitas?

Jane escucho su conversacion, sintiendose una intrusa, sentada en aquel asiento de cuero del todo terreno de Luc mientras este hablaba con su hermana acerca de cuestiones de su vida cotidiana. Una vida en la que no estaba incluida. Era la vida de ellos. No la suya. Ella tenia su propia vida. Una hecha a su medida, y no guardaba relacion con la de Luc. Cuando el vehiculo se detuvo frente a su piso, Jane fue a abrir la puerta.

– Muchas gracias por traerme a casa -dijo.

Luc estiro la mano y la cogio del brazo.

– No te muevas. -Miro hacia el asiento trasero-. Ahora mismo vuelvo, Marie -anadio al tiempo que se apeaba.

Las farolas apenas le iluminaron mientras rodeaba el Land Cruiser y abria la puerta del acompanante. Ayudo a Jane a salir y camino a su lado por la acera. En el porche iluminado, ella abrio el bolso y saco las llaves, pero al igual que la noche en que el la habia acompanado a su habitacion en San Jose, el le quito la llave y la introdujo en la cerradura.

Habia dejado encendida una de las lamparas de suelo, y la luz iluminaba la moqueta y la puerta de entrada.

– Gracias de nuevo -dijo al tiempo que se adentraba en el piso. Estiro la mano para que el le entregase las llaves y el le agarro la muneca, dejo caer las llaves en la palma de su mano y entro con ella.

– Esto no es una buena idea -dijo Luc, y con el pulgar le acaricio la muneca.

– ?El que? ?Traerme a casa?

– No. -La atrajo hacia el y le rozo una mejilla con la suya-. Has estado volviendome loco. No dejo de preguntarme que debe de sentirse al enredar los dedos en tu pelo. -Aumento la presion de sus manos contra la espalda de ella-. Tus labios rojos y tu vestido del color del fuego me han hecho pensar un monton de cosas disparatadas. No deberia tener esa clase de pensamientos contigo, pero los tengo. Deberia pasar de todo ello. - Sus ojos azules se clavaron en los de Jane, ardientes e intensos-. Pero no puedo -susurro contra su boca-. Dime una cosa, Jane, ?tienes frio? -Sus labios se rozaron y el anadio entre jadeos-: ?O estas excitada?

Entonces la beso, y el impacto la dejo conmocionada durante unos cuantos segundos. No podia hacer otra cosa mas que quedarse alli quieta mientras el la besaba.

?Que queria decir preguntandole si tenia frio o estaba excitada? A todas luces, no tenia frio.

El apreto su boca contra la de Jane y poso la mano libre en su cara, acariciandole la mejilla y enroscando los dedos en su pelo hasta rozar la sien. Un leve gemido escapo de la garganta de Jane, las llaves cayeron de su

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