mano y ya no le importo que significaba aquella pregunta sobre el frio. Recorrio con la palma de su mano la parte frontal de la chaqueta de Luc hasta llegar al cuello. Aquello no podia estar sucediendo. No a ella. No con el.

Los labios de Luc apretaron con mas fuerza hasta que ella abrio la boca. Su lengua se deslizo dentro y toco la suya, humeda y tan esperada.

Para un hombre que se pasaba el tiempo trabando a otras personas y dandole golpes a un disco con su stick, sus caricias eran sorprendentemente suaves. Jane se sintio arrastrada por la pasion que recorria su piel, aferrandose en su pecho, y provocandole dolor entre los muslos. Se dejo caer en la lujuria que habia estado intentando contener. La gran mano de Luc abarco uno de sus pechos a traves de la tela de su vestido y del abrigo, al tiempo que Jane se pegaba a su cuerpo. Rozo su pezon con el pulgar y este crecio entre sus dedos. No habia mas pensamiento que dejarse llevar, que hacer lo que habia que hacer. Lo beso como si quisiese devorarlo. Su lengua se enrosco a la de Luc como si desease emborracharse de el.

Luc se aparto y la miro a los ojos y dijo con voz aspera:

– Haces que me den ganas de chuparte mas que de besarte.

Jane se lamio los labios humedos y asintio. Ella tambien lo preferia.

– Maldita sea -dijo Luc entre jadeos.

Despues se dio la vuelta y se fue. Dejo a Jane aturdida y desconcertada. Conmocionada por cuarta vez aquella noche.

10. El punto ciego

Jane cerro su ordenador portatil y dejo lo que estaba escribiendo: la historia de Bomboncito de Miel y su ultima victima, un jugador de hockey al que habia conocido en el mirador del Space Needle. Un jugador de hockey que se parecia muchisimo a Luc Martineau.

Se levanto de la silla y miro por la ventana del hotel hacia el centro urbano de Denver, Colorado. Definitivamente, estaba cada vez mas colada por Luc. Sin duda era una insensatez. En el pasado, se habia basado a veces en personas reales para describir a las victimas de Bomboncito de Miel. Cambiaba los nombres, pero los lectores podian imaginar de quien se trataba. Hacia unos meses, por ejemplo, habia utilizado a Brendan Fraser, para que lo reconociesen quienes habian visto peliculas como «En busca de Eva», «George de la jungla» o «Al diablo con el diablo». Pero esa era la primera vez que escribia sobre alguien a quien conocia personalmente.

La gente reconoceria a Luc cuando saliese el numero de marzo. Los lectores de Seattle, como minimo, lo harian. El escucharia los comentarios. Jane se pregunto si le importaria. A la mayoria de hombres les daria igual, pero Luc no era como la mayoria. No le gustaba leer lo que se decia de el en los libros, en los periodicos o en las revistas. Le tenian sin cuidado los halagos. Aunque el relato de Bomboncito de Miel era extremadamente halagador. Mas sexy y apasionado de lo que habia escrito hasta entonces. De hecho, era lo mejor que habia escrito nunca. Todavia no tenia claro si iba a enviarlo o no. Disponia de unos cuantos dias antes de tomar una decision.

Solto las cortinas y se volvio hacia la habitacion. Habian pasado dieciseis horas desde que Luc la habia besado dejandola sin aliento. Dieciseis horas de alivio y de analisis de cada palabra y cada accion. Dieciseis horas y ella seguia sin saber que pensar. El la habia besado y todo habia cambiado radicalmente. Bueno, a decir verdad no solo la habia besado. Le habia tocado un pecho y le habia dicho que lo estaba volviendo loco, y si su hermana no hubiese estado esperandole en el coche, Jane podria haberlo tumbado en el suelo para echarle un vistazo a su tatuaje, que la enloquecia desde que lo vio por primera vez en el vestuario. Y eso no habria estado bien. Nada bien. Por un monton de razones.

Se quito los zapatos de una patada y el jersey. Lo dejo sobre la cama y se dirigio al cuarto de bano. Le escocian los ojos y se sentia confusa. En lugar de permanecer encerrada en su habitacion trabajando en el relato de Bomboncito de Miel tendria que haber acudido al Pepsi Center para hablar con los jugadores y los entrenadores antes del partido de la noche siguiente. Darby le habia dicho que el momento mas adecuado para hablar con los entrenadores o con los directivos era durante el entrenamiento, y Jane queria hacerles varias preguntas acerca del nuevo fichaje, Pierre Dion.

Se metio en la ducha y dejo que el agua caliente le cayese sobre la cabeza. Aquella manana, cuando Luc subio al avion, con gafas de sol, traje azul y la corbata floja, habia sentido un retortijon en el estomago como si volviese a tener trece anos y se tratase de su primera aventura en el instituto. Fue horrible, pues era lo bastante mayor para saber que una aventura con el chico mas popular del instituto acabaria rompiendole el corazon.

Pasados quince minutos, salio de la ducha y cogio dos toallas. Siendo sincera consigo misma, algo que habia intentado evitar, no podia seguir enganandose pensando que lo que sentia por el no era mas que el deseo de tener una aventura. Se trataba de algo mas. Mucho mas, de hecho, y por eso estaba asustada. Tenia treinta anos. No era una nina. Habia estado enamorada, tambien habia sentido deseo y tambien algo que era una mezcla de ambas cosas. Pero nunca se habia permitido perder la cabeza por un tipo como Luc. Nunca. Y menos teniendo tanto que perder. No cuando tenia mucho mas en juego que su contrario. Algo mas importante: su trabajo.

Un corazon roto podia superarse; ya lo habia logrado antes. Pero no creia que estuviese en disposicion de echar por la borda la mejor oportunidad de que habia dispuesto en mucho tiempo. Y menos debido a un hombre. Seria una estupidez, y ella no era estupida.

Llamaron a la puerta, interrumpiendo sus pensamientos, y fue a abrir. Miro por la mirilla y vio a Luc, bien peinado y compuesto. Estaba mirando al suelo, por lo que se permitio unos segundos para estudiarlo. Llevaba cazadora de cuero y jersey gris, y debia de llegar de la calle porque sus mejillas estaban rosadas. Alzo la vista y sus ojos azules la miraron a traves de la mirilla como si pudiese verla.

– Abre, Jane.

– Un segundo -dijo ella, sintiendose tonta. Fue hasta el armario y saco el albornoz, se lo puso y abrio la puerta.

Luc la estudio, miro su boca y a continuacion, sin prisa, descendio hasta sus pies desnudos.

– Al parecer, te he pillado otra vez en la ducha.

– Asi es.

Luc contemplo sus piernas y despues la miro a la cara, inexpresivo. O no le interesaban o fingia muy bien su desinteres.

– ?Tienes un minuto?

– Claro. -Jane se hizo a un lado y lo dejo pasar-. ?Que quieres?

Una vez en el centro de la habitacion, Luc se volvio para mirarla.

– Esta manana parecias incomoda. No quiero que te sientas incomoda a mi lado, Jane. -Tomo aliento y se metio las manos en los bolsillos de la cazadora-. Asi que he pensado que tal vez debia disculparme.

– ?Disculparte, por que…? -dijo ella, pero sabia y esperaba que el no supiese el motivo.

– Por besarte anoche. Todavia no se con certeza que fue lo que sucedio. -Luc miro por encima de la cabeza de Jane, como si la respuesta estuviese escrita en la pared-. Si no te hubieses cortado el pelo, si no hubieses estado tan guapa, creo que no habria ocurrido.

– Aguarda un segundo -dijo ella, alzando una mano-. ?Estas echandole la culpa a mi peinado? -pregunto, solo para asegurarse de que habia oido bien. Esperaba haberse equivocado.

– Seguramente, tuvo mas que ver con el vestido. Ese vestido fue disenado con una motivacion oculta.

La habia besado, y ella habia caido presa de sus encantos hasta tal punto que ya no sabia si se trataba sin mas de sus encantos. Y en aquel momento estaba alli, responsabilizando a su peinado y a su vestido como si hubiese sido una maquinacion suya. Saber como se sentia Luc le dolio mas de lo previsto. Era un gilipollas, pero ella era una tonta y esto ultimo le resultaba mas duro de asumir.

El dolor y la rabia le oprimian el corazon, pero estaba decidida a no revelar sus sentimientos.

– No era mas que un vestido rojo cualquiera.

– Te dejaba la espalda al descubierto y solo tenia dos tiras por delante. -Luc se balanceo sobre sus talones y bajo la mirada para recorrer a Jane desde la toalla que recogia su pelo hasta los pies desnudos. Llevaba desde la noche anterior pensando en aquel beso en su apartamento, y no sabia a ciencia cierta que lo habia llevado a besarla. El vestido. Los labios. La curiosidad. Todo junto-. Y la cadenita de oro que colgaba de tu espalda solo tenia una razon de ser.

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