– ?Cual? ?Hipnotizarte?
Estaba siendo sarcastica, pero no andaba desencaminada.
– Tal vez no hipnotizarme, pero estaba alli para que cualquier hombre que la viese pensase en desengancharla.
Jane enarco una ceja y le miro como si Luc fuese idiota. Realmente parecia serlo.
– Te lo digo en serio -anadio el-. Todos los hombres pensaban anoche en quitarte el vestido.
Nadie se lo habia dicho, pero Luc suponia que lo habian pensado; tenian que haberlo hecho.
– ?Esta es tu idea de lo que supone pedir disculpas o tu manera de racionalizar lo que sucedio? -Se quito la toalla de la cabeza y la arrojo sobre la cama.
– Es un hecho.
Jane se peino un poco con los dedos.
– Que frustrante.
Si ella hubiese sido un chico, habria captado la logica del asunto.
– Aparte de ser una estupidez. -Sus humedos rizos se le enredaron entre los dedos al apartarlos de la cara-. Eso me hace responsable de todo, pero no fui yo la que anoche se metio en tu apartamento y te beso. Fuiste tu el que me beso a mi.
– No protestaste. -Luc no sabia que era lo que le contrariaba mas, si el hecho de haberla besado o el que ella le correspondiese. Jamas habria imaginado toda la pasion que podia contener aquel cuerpo menudo.
Ella dejo escapar un largo suspiro, como si todo aquel asunto la aburriera.
– No queria herir tus sentimientos.
El se echo a reir, aunque lo que deseaba era acercarse a ella y besarla en la boca. Deslizar la mano dentro del albornoz y abarcar su pecho, a pesar de saber que era algo peor que una mala idea. Apoyo la cadera en el escritorio mientras apartaba la mirada de sus labios, recordando como sabian la noche anterior. Miro hacia un lugar seguro: el ordenador portatil de Jane.
– Por el modo en que besabas, crei que querias meterte dentro de mi.
La agenda estaba abierta a un lado del ordenador. Tenia pegadas un monton de notas adhesivas. Un par de esas notas hablaban de cuestiones relacionadas con el hockey y con preguntas que queria formular para su cronica.
– Otra vez resultas frustrante.
Una de las notas rosas decia: «16 de febrero: entrega 'Soltera en la ciudad'», en tanto que en otra podia leerse: «'Bomboncito de Miel': tomar decision el viernes como muy tarde». ?Bomboncito de Miel? ?Leia Jane las aventuras de esa ninfomana que hacia que los hombres entrasen en estado de coma? No podia imaginarsela leyendo historias pornograficas.
– Estabas muy excitada -dijo arrastrando las palabras de manera lenta y deliberada al tiempo que volvia a mirarla a los ojos-. Podria haberte desnudado en un segundo.
– No solo eres engreido y decepcionante, sino que… ?eres un perturbado mental! -le espeto.
– Probablemente -admitio el mientras pasaba por su lado camino de la puerta. Se sentia un perturbado mental, en efecto.
– Espera un segundo. ?Cuando vas a concederme la entrevista que me prometiste?
Con la mano ya en el pomo de la puerta, Luc se volvio hacia ella.
– Ahora, no -respondio.
– ?Cuando?
– Algun dia.
– ?Algun dia como manana? -Jane se coloco el pelo detras de las orejas.
– Te lo hare saber.
– No puedes dejarme colgada.
Luc no tenia intencion de hacerlo. Sencillamente no queria que lo entrevistase en ese momento. Ahi. En una habitacion de hotel con una enorme cama de matrimonio y ella cubierta tan solo con un albornoz, pidiendole que demostrase lo perturbado que estaba.
– Si, ?y eso quien lo dice?
Ella fruncio el entrecejo y le clavo la mirada.
– Yo.
El rio otra vez. No podia evitarlo. Daba la impresion de que Jane estaba dispuesta a darle una patada en el culo.
– Me lo prometiste.
Por un segundo Luc barajo la posibilidad de hacerla callar con un beso. Besarla hasta que se ablandase y volviese a ponerse dulce. Hasta hacerla gemir de aquel modo tan especial, como lo habia hecho la noche anterior; llevarla incluso mas lejos. Tocarla alli donde su mente no habia dejado de pensar desde que, aquella misma manana, en el avion en que viajaba el equipo, la habia visto de nuevo.
– ?Cuando, Luc? -insistio ella.
En lugar de responder de inmediato, el abrio la puerta y dijo por encima del hombro:
– Cuando lleves puesto sujetador, Jane.
Luc se subio la cremallera de la cazadora mientras recorria el pasillo. No podia repetirse algo como lo de la noche anterior. Habia sido besarla y sentir que le hervia la sangre, y algo asi no le habia sucedido desde hacia mucho tiempo. Si Marie no hubiese estado esperando en el coche, no sabia si habria podido contenerse. Le gustaba pensar que podria haberlo hecho. Le gustaba pensar que era una persona madura y lo bastante experimentada para detenerse antes de hacer algo de lo que se arrepentiria, algo completamente estupido, pero no estaba seguro. Habia besado a muchas mujeres en sus treinta y dos anos de vida. Tambien un monton de mujeres lo habian besado a el, pero nunca como lo habia hecho Jane. No sabia que era lo que le pasaba con aquella mujer, y tampoco queria dedicar tiempo a descubrirlo. Ella ya ocupaba demasiado sus pensamientos.
Lo ultimo que necesitaba en su vida en esos momentos era una mujer. Cualquier mujer. Y, en particular, aquella. La periodista que viajaba con el equipo. Tiburoncito, su amuleto de la buena suerte.
Solo habia una solucion para su problema con Jane. Tenia que rehuirla en la medida de lo posible. Pero no iba a ser tan sencillo como parecia. Ella viajaba con el equipo, hacia la cronica de todos los partidos, y tenia que llamarle «pedazo de tonto» antes de cada partido para darle suerte.
A lo largo de su carrera, Luc habia aprendido a concentrarse bajo la presion que suponia una prorroga o cuando se enfrentaba cara a cara a un delantero. Tenia previsto hacer uso de esa capacidad durante los siguientes dias para no apartar la atencion de la victoria. Necesitaba concentrarse en los partidos y hacer lo que tenia que hacer.
Aquella noche, contra Colorado, detuvo veintiocho de los treinta disparos a puerta, y los Chinooks subieron al avion con una victoria por tres a dos contra uno de sus grandes rivales para ganar la liga. En cuanto el BAC-111 alzo el vuelo, Jane encendio el ordenador portatil y el brillo de la pantalla ilumino tres filas de asientos. Luc no necesitaba aquella luz para saber donde estaba sentada… Pero que lo supiese no significaba que no tuviese que hacer nada al respecto. Durante el vuelo entre Denver y Filadelfia, comprobo que algunos de los muchachos hablaron con ella. Daniel le dijo algo que la hizo reir, y Luc se pregunto que comentario podria haberle hecho el joven sueco para que lo encontrase tan gracioso. Luc cogio una almohada y se abrazo a ella durante el resto del viaje.
Rehuir a Jane parecia mas sencillo de lo que habia supuesto, pero no pensar en ella resultaba imposible. Al parecer, cuanto mas dispuesto se mostraba a rehuirla, mas pensaba en ella, y cuanto mas intentaba no pensar en ella, mas se preguntaba que estaria haciendo y en compania de quien. Probablemente se tratara de Darby Hogue.
En Filadelfia solo vio a Jane una vez, pero en el momento en que entro en el vestuario del First Union Center, se fijo en que llevaba los labios pintados de rojo, y supo que lo hacia con el unico proposito de trastornarlo. Les dio su discurso de buena suerte, despues camino hacia donde el estaba sentado, frente a una taquilla abierta.
– Buena suerte, pedazo de tonto -dijo, y en un susurro anadio-: Y para tu informacion, tengo un monton de sujetadores.
Mientras Luc la observaba salir del vestuario, se sintio preocupado por que aquellos labios tan rojos hubieran alterado su concentracion. Durante unos tensos segundos, centro su atencion en la boca de Jane y en el
