imaginario sujetador. Cerro los ojos y aclaro su mente, y gracias a una obstinada fuerza de voluntad, volvio a alcanzar la concentracion necesaria diez minutos antes de saltar a la pista de hielo.

Aquella noche, los Chinooks dejaron fuera de combate a los Flyers, pero antes de eso, los chicos de Filadelfia repartieron mamporros a diestro y siniestro, enviando a Sutter al hospital con conmocion cerebral. Rob seguia inscrito en la lista de lesionados cuando aterrizaron en Nueva York para jugar contra los Rangers. En el vestuario, antes del partido, Luc espero a que Jane le desease buena suerte y entonces le dijo:

– Si tienes unos cuantos sujetadores, deberias ponerte siquiera uno.

– ?Por que? -pregunto ella, mirandolo a los ojos.

?Por que? Podia decirle exactamente por que, pero no en un vestuario lleno de jugadores de hockey. A decir verdad, no era asunto suyo decirle que sus pezones estaban en posicion de firmes. Estaba intentando rehuirla. Se habia acabado lo de hablar con ella o pensar en ella, se dijo mientras patinaba hacia la porteria, centrando toda su energia y concentracion en ganar a los Rangers. Pero sin su mejor goleador, los Chinooks tuvieron que echar mano de la fuerza fisica luchando en las esquinas y, finalmente, perdieron el partido cuando el capitan de los Rangers se zafo de su marcador y le metio gol a Luc gracias a un tiro lejano.

Despues fueron a Tennessee, lugar de nacimiento de Elvis y de los Predators de Nashville. Aquella noche, en el vestuario, nadie dijo nada acerca de los sujetadores de Jane.

El joven equipo de Tennessee cayo facilmente a manos de los mas experimentados Chinooks, y cuando estos subieron al avion para el largo vuelo a Seattle, Luc se sentia contento de regresar a casa. Su rodilla derecha le preocupaba y estaba agotado fisicamente.

Una vez el BAC-111 hubo despegado, Luc se quito la chaqueta y levanto el brazo que separaba los asientos. Cogio una almohada, la coloco contra la pared del avion y apoyo la espalda en ella. Unio las manos cruzando los dedos, las coloco encima de su vientre y se sento en la oscuridad mirando hacia el pasillo, a Jane. La luz le caia justo encima de la cabeza y se filtraba entre sus rizos sueltos mientras escribia su cronica. Las puntas de sus dedos apenas rozaban las teclas del ordenador. Jane se detuvo, hizo retroceder el cursor y volvio a empezar. Luc penso en todos los lugares de su cuerpo sobre los que le gustaria sentir el roce de aquellos experimentados dedos.

Un mechon cayo sobre la mejilla de Jane y ella lo coloco tras la oreja, permitiendole observar detenidamente su mandibula y parte del cuello. Unas cuantas filas mas atras, algunos de los muchachos jugaban al poquer, pero la mayoria dormia, mezclando sus ronquidos con el sonido del teclear de Jane.

Durante los siete dias previos, Luc habia sabido mantenerse ocupado, pero en aquel momento, sin nada en que distraer su mente, se tomo algo de tiempo para estudiarla. Para descubrir de una vez por todas por que, de repente, encontraba a Jane Alcott tan atractiva. ?Que habia en ella que no le dejaba estar tranquilo? Era bajita, casi no tenia pecho, y era una listilla. De hecho, era una maldita listilla. A Luc nunca le habian atraido semejantes caracteristicas en una mujer. Y le gustaba Jane. Esa noche, vestia una de esas rebecas de lana propias de las ancianas o de las estudiantes de las universidades encopetadas. Negra. Sin joya alguna. Llevaba pantalones grises tambien de lana, y se habia quitado los zapatos.

En la oscuridad, Luc estudio su suave cabello y su perfecta y palida piel. La primera vez que la vio, penso que era demasiado sencilla. Una chica natural. Despues no dejaba de preguntarse por que las chicas naturales nunca le habian resultado atractivas. Por que deseaba acariciar con las manos su tersa piel. Por primera vez desde que estuvo en su habitacion del hotel en Denver, se permitio pensar como se sentiria abrazando su cuerpo desnudo. Dejarse llevar por el placer de tocarla. De besar su boca, sus pechos y sus deliciosos muslos.

Jane dejo de teclear y se llevo los dedos a la boca. Se pellizco el labio superior y dejo escapar un profundo y largo suspiro que tanto podia indicar frustracion como placer. Escuchar aquel gemido hizo que Luc agudizase dolorosamente su atencion, y decidio que imaginarse a Jane desnuda no habia sido una buena idea.

A traves de las sombras que los separaban, observo que ella retrocedia con el cursor y volvia a empezar. Luc cerro los ojos e intento pensar en el regreso a casa. Durante su ausencia, la senora Jackson no le habia contado ningun otro problema referente a Marie, y cuando habia hablado con esta, parecia tranquila y emocionalmente estable. Habia hecho amigos en el edificio, y no se habia echado a llorar ni se habia enfadado durante las conversaciones telefonicas. El todavia no habia desechado la idea de un internado, porque aun pensaba que a su hermana le beneficiaria un ambiente femenino. Pero creia que quiza Marie no estuviese preparada para hablar de ello, y por alguna razon que no podia explicar, habia una parte de si mismo que tampoco lo estaba. Todavia no.

En algun punto sobre Oklahoma se quedo dormido, y no desperto hasta que el avion estaba a punto de tomar tierra en el SeaTac. Una vez que aterrizaron y se detuvieron, Luc cogio sus bolsas y se encamino al aparcamiento principal. Jane iba por delante de el a cierta distancia, arrastrando una enorme maleta con ruedas y llevando a cuestas su ordenador portatil y el maletin. Luc no tardo en alcanzarla, por lo que entraron juntos en el ascensor. Apretaron el mismo boton para la misma planta del garaje y las puertas se cerraron. Luc se apoyo contra la pared y le echo un vistazo. Ella tenia la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. Parecia exhausta, pero se veia guapa.

– ?Que? -pregunto Luc.

– ?Vas a concederme la entrevista esta semana?

Tal vez estuviese cansada, pero seguia trabajando. Mientras el pensaba en lo guapa que era y en la suavidad de su piel y sus experimentados dedos, ella pensaba en su trabajo. Mierda.

– ?Llevas sujetador?

– ?Otra vez con lo mismo?

– Si. ?Por que no llevas sujetador como la mayoria de las mujeres?

– ?Y a ti que te importa?

Luc bajo la mirada hasta el pecho de Jane, pero, por supuesto, no consiguio ver nada.

– Siempre tienes los pezones erizados, y eso me distrae.

Cuando alzo la vista hasta su cara, Jane habia fruncido el entrecejo y su boca estaba abierta como si fuese a decir algo y hubiese olvidado las palabras para hacerlo. Las puertas del ascensor se abrieron.

– Parece que estes excitada todo el rato -anadio Luc manteniendo la puerta abierta para que ella pudiese sacar su maleta con ruedas. La confusion que evidenciaba su rostro era ya todo un clasico, por lo que el no pudo evitar reir-. No me digas que nunca te lo habian dicho.

– No. Tu has sido el primero. -Jane meneo la cabeza y se encaminaron juntos hacia el aparcamiento-. Otra vez te estas quedando conmigo. Como cuando te ofreciste para mear en mi taza de cafe o me dijiste que ibas a un local de strip-tease.

– Lo del cafe iba en serio, y tambien lo que acabo de decirte. -Luc se detuvo ante la parte trasera de su Land Cruiser.

– Vaya, muy bien -dijo Jane mientras seguia caminando hacia su Honda Prelude, aparcado unas cuantas plazas mas alla del todoterreno de Luc.

El dejo las bolsas en el asiento trasero de su todoterreno y la miro. Tenia el maletero de su coche abierto, y resoplaba intentando meter aquella enorme maleta. Luc recorrio el espacio que los separaba, haciendo que el taconeo de sus zapatos resonara en el aparcamiento casi vacio. Al oir el sonido de sus pasos, Jane alzo la vista. Las luces del garaje proyectaban profundas sombras en el rincon donde habia aparcado el coche. Un mechon de pelo le caia sobre un ojo y ella volvio a colocarlo en su sitio. Tenia los labios ligeramente separados y parecia algo agitada.

– ?Necesitas ayuda? -pregunto Luc.

Ella senalo la maleta, aun en el suelo.

– ?Puedes echarme una mano? Anoche compre unos libros y este trasto pesa demasiado.

Luc introdujo la maleta en el maletero sin dificultad.

– Gracias. -Jane metio tambien el ordenador portatil y el maletin, despues cerro el maletero.

– De nada.

– ?Te dijo Marie que hemos quedado el sabado? -pregunto Jane mientras se dirigia al asiento del conductor.

– Si. -El la siguio y le quito las llaves de la mano. Abrio la puerta y anadio-: Parecia muy ilusionada.

Ella estiro el brazo y el dejo caer las llaves en la palma de su mano.

– Me alegra que lo digas. No hemos hablado desde hace algun tiempo y no sabia si te pareceria bien el plan.

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