«hacer el amor» no besa como una reina del porno. Una mujer que quiere «hacer el amor» se toma su tiempo. No rodea la cintura de un hombre con la pierna mientras este la empuja contra una pared de hormigon.
Salio del aparcamiento y se dirigio a su casa. Alguien deberia ensenar a aquella mojigata un par de cosas. Pero no iba a ser el. Jane Alcott era agua pasada.
Esta vez lo tenia claro.
11. Como enganar al rival
Tres dias despues del incidente en el aparcamiento, Jane estaba sentada en la cabina de prensa del Key Arena, mirando hacia la pista.
– ?La comida y la bebida aqui son gratis? -le pregunto Caroline.
– Hay comida y bebida gratis en la sala de prensa. -Se habia llevado a Caroline consigo para tener alguien con quien hablar. Alguien que le ayudase a mantener la mente alejada de los problemas con los hombres-. Yo no voy hasta un poco mas tarde.
Caroline llevaba una camiseta de los Chinooks muy cenida y unos vaqueros igualmente cenidos. Ya habia llamado la atencion del operador de video del estadio y habia salido tres veces en la enorme pantalla del marcador.
Darby se reunio con ellas pocos minutos antes del espectaculo previo al partido. Llevaba el pelo engominado y la funda de plastico para los boligrafos en el bolsillo de su camisa negra de seda. Jane le presento a Caroline, y el abrio los ojos como platos y quedo boquiabierto cuando conocio a la hermosa amiga de Jane. A esta no le sorprendio la reaccion de Darby, pero si le sorprendio que Caroline sacase a relucir todo su encanto y le diese cuerda.
Empezo el espectaculo previo al partido y Jane supo que en quince minutos tendria que bajar al vestuario y desear suerte a los jugadores. Tendria que volver ver a Luc, a quien no veia desde que se habian besado en el aparcamiento y ella habia perdido los papeles. Afortunadamente, en el ultimo minuto habia recuperado el juicio y no se habia ido con el a un motel. Eso habria sido muy malo en todos los sentidos.
No podia negar, sin embargo, que habia perdido la chaveta por Luc. Estaba colada por el, como si fuese un gigantesco iman y ella un trozo de metal. Y al parecer no podia hacer nada al respecto.
Habia pasado la semana anterior viajando por el pais, evitandolo en la medida de lo posible. Evitando al hombre capaz de irritarla y enfadarla, y capaz de hacer tambien que se derritiese. Durante la mayor parte del tiempo habia conseguido mantenerse ocupada. Entrevisto a Darby para la columna «Soltera en la ciudad», y escribio un articulo sobre los chicos buenos que acababan llevandose el gato al agua. Recomendaba a sus lectoras que evitasen a los tipos que hacen que a una le lata con fuerza el corazon y se lo pensaran dos veces antes de salir con los chicos buenos. Cito a Darby y le dio lustre a sus palabras y, a cambio, se suponia que el hablaria con los entrenadores, pues seguian sin quererla cerca.
Hizo caso de su propio consejo y lo llevo a la practica con bastante eficacia, evitando al tipo que hacia latir con demasiada fuerza su corazon. Pero despues el la habia apoyado contra aquella pared y la habia besado. Tendria que haberse sentido sorprendida y conmocionada, pero acercarse, con los parpados entornados y un brillo de lujuria en sus ojos azules, la habia hecho sentir debil y excitada al mismo tiempo. En el momento en que sus labios la rozaron, sintio que las fuerzas la abandonaban y se dejo llevar por lo que con tanta desesperacion deseaba: Luc.
A pesar de que sus sentimientos hacia el eran poco mas que un caos, no podria ocultar por mucho tiempo la verdad. Deseaba a Luc. Deseaba estar con el, pero queria ser algo mas que otra mujer a la que llevar a un hotel.
Algo mas que una admiradora.
La habia llamado «estrecha». No era una estrecha en absoluto. No le importaba que los hombres utilizasen palabras fuertes mientras hacian el amor. Era la autora de «Bomboncito de Miel», por amor de Dios, pero tambien una mujer decidida a conservar la dignidad, a luchar por ella. A luchar por no enamorarse como una colegiala de un tipo indeseable.
Si algun dia el descubria que ella era Bomboncito de Miel, Jane suponia que no tendria que luchar nunca mas. Lo mas probable es que no volviese a hablarle, que la odiase incluso.
Despues de presentarse en su habitacion de hotel la semana anterior, en Denver, diciendole que la habia besado por culpa de aquel vestido rojo, ella envio el episodio que habia escrito describiendo a un guapo portero de hockey de Seattle para el numero de marzo. Habia sentido tanta rabia, se habia sentido tan herida, que apreto el boton de enviar y mando lo que habia escrito por el ciberespacio.
Si Luc topaba con la columna de marzo y la leia, sabria que habia sido la ultima victima de Bomboncito de Miel. Se dijo que deberia de sentirse halagado. Que quiza se sintiese halagado. No todos los hombres de Estados Unidos tenian el honor de entrar en coma a manos de Bomboncito de Miel. Pero, a decir verdad, no creia que Luc fuese a sentirse un privilegiado, y eso hacia que se sintiese un poco culpable. Por descontado, no habia modo de que el la relacionase con la autora de «Bomboncito». Nunca sabria que era ella la que escribia esas historias. Aun asi se sentia culpable.
Darby rio debido a algo que Caroline le dijo, sacando a Jane de sus elucubraciones. Por unos segundos Jane sopeso la posibilidad de decirle a Darby que no era la clase de chico que le gustaba a su amiga, que con toda probabilidad ella le daria calabazas, pero Darby parecia muy feliz de sentirse capturado por la sonrisa de Caroline. En lugar de advertirle, Jane dejo que llegase a suponerlo por su cuenta. Coloco su maletin cerca de su silla y se obligo a ir hacia el ascensor para descender a la planta baja.
Estudio la americana color azul marino que llevaba puesta sobre el jersey de cuello de cisne blanco. Se abotono la americana para asegurarse de que sus pechos quedaban a cubierto. Antes de que Luc le dijese que sus pezones siempre estaban erectos, ella nunca se habia parado a pensarlo. Nunca le habia prestado demasiada atencion a sus pechos. Eran tan pequenos que siempre habia dado por hecho que nadie los tenia en cuenta.
Nadie a excepcion de Luc.
Aminoro la marcha a medida que se aproximaba al vestuario, y se detuvo ante la puerta a escuchar el inspirador discurso del entrenador Nystrom. Cuando termino, alzo los hombros y entro en el vestuario. Evito mirar a Luc, pero no necesitaba verlo para saber que estaba alli. Podia sentir su mirada. Y no le transmitia buenas vibraciones.
– Hola, Tiburoncito -le dijo Bruce.
– Como va, Fishy -repuso ella volviendose hacia el resto del equipo. Ocupo su lugar en el centro de la estancia y comenzo con su ritual.
– Dejaos los calzoncillos puestos, tengo algo que deciros y solo me tomara un minuto y no quiero que sincroniceis la bajada de vuestros calzoncillos. -O algo asi-.Viajar con vosotros, muchachos, ha sido una experiencia que jamas olvidare. Espero que este ano ganeis la liga. -Se dirigio hacia el capitan, que en esos momentos estaba poniendose la camiseta-. Buena suerte con el partido, Asesino.
El le dio un apreton de manos. Aunque el corte de su labio sin duda dolia, sonrio.
– Gracias, Jane.
– De nada.
Rob se habia recuperado y podria jugar esa noche, por lo que Jane hasta su taquilla.
– ?Como te sientes, Martillo?
– De puta madre. -Se puso en pie y se alzo por encima de Jane con sus patines-. Es bueno estar de vuelta.
– Me gusta ver que es asi. -Se volvio y camino hacia Luc. Estaba sentado con el casco sobre una de sus rodillas, unos cuantos mechones rubios le caian por la frente. La observo acercarse con expresion gelida. Con cada paso, a Jane le crecia el nudo que se habia formado en su estomago. Casi preferia verlo furioso. Se detuvo frente a el y tomo aliento.
– Pedazo de tonto.
– Gracias -dijo Luc con voz neutra.
– De nada. -Jane penso que tenia que irse, pero no se pudo mover-. Entreviste a Dion la semana pasada.
