John curvo los labios ligeramente.
Georgeanne tomo la leve sonrisa como la senal de que habian llegado a un acuerdo y se dirigio a la cocina. Para ser un deportista que admitia que no le gustaba cocinar, la cocina era sorprendentemente moderna. Abrio la nevera panelada en madera y reviso en silencio el contenido. Ernie habia mencionado que la cocina estaba bien surtida y no habia bromeado.
– ?Podrias hacer atun en salsa? -pregunto John desde la puerta.
Las recetas giraron en su cabeza como un Rolodex mientras abria una alacena donde se acumulaban varios tipos de pasta y un monton de especias. Miro a John que apoyaba el hombro contra el marco de la puerta.
– ?No me digas que quieres atun con salsa? A algunas personas les gusta mucho, pero si puedo no olerlo nunca mas, seria muy feliz.
– ?Podrias hacer un buen desayuno?
Georgeanne cerro la alacena y se giro hacia el. El cinturon negro de seda se solto.
– Por supuesto -dijo, volviendo a atarselo con fuerza-. Pero, ?por que querrias desayunar con todo ese marisco en la nevera?
– Como marisco cuando quiero -contesto el con un encogimiento de hombros.
Ella habia desarrollado unas magnificas habilidades culinarias durante los anos que habia recibido clases de cocina y tenia ganas de impresionarlo.
– ?Estas seguro de que solo quieres un desayuno? Hago un pesto de muerte y mis linguini con salsa de almeja estan para chuparse los dedos.
– ?Y sabes hacer tortitas con caramelo?
Decepcionada le pregunto:
– No estaras hablando en serio, ?verdad? -Georgeanne no podia recordar que le ensenaran a hacer tortitas, pero era algo que sabia hacer de siempre. Se habia criado haciendolas-. Pensaba que querias ostras.
El se encogio de hombros otra vez.
– Prefiero un desayuno grande y grasiento. Algo que haga subir el colesterol al estilo sureno.
Georgeanne sacudio la cabeza y volvio a abrir la nevera.
– Freiremos toda la carne de cerdo que podamos encontrar.
– ?Nosotros?
– Si -coloco el bacon en la encimera, luego abrio la nevera-. Necesito que cortes rodajas de bacon mientras hago las tortitas.
El hoyuelo reaparecio en la bronceada mejilla cuando sonrio y se impulso desde el marco de la puerta.
– Eso si que puedo hacerlo.
El placer de ver su sonrisa provoco un aleteo en el estomago de Georgeanne. Coloco el paquete de salchichas en el fregadero y abrio el agua caliente. Imaginaba que con una sonrisa como esa no tendria ningun problema en conseguir que las mujeres hicieran lo que el quisiera cuando quisiera.
– ?Tienes novia? -le pregunto, cerrando el agua y empezando a sacar la harina y los demas ingredientes de las alacenas.
– ?Cuantas rodajas corto? -pregunto en lugar de contestar a su pregunta.
Georgeanne lo miro por encima del hombro. El sujetaba el bacon con una mano y tenia un cuchillo en la otra.
– Tantas como pienses comer -respondio-. ?Vas a contestar a mi pregunta?
– No.
– ?Por que? -Ella mezclo harina, sal y levadura en un bol sin ni siquiera medirlos.
– Porque… -comenzo mientras cortaba un trozo de bacon-… no es asunto tuyo.
– Acuerdate de que somos amigos -le recordo, muriendose de ganas por conocer detalles de su vida personal. Mezclo aceite en spray con la harina y anadio-: Los amigos se lo cuentan todo.
Paro de cortar y la busco con sus ojos azules.
– Contestare a tu pregunta si tu contestas a una mia.
– De acuerdo -dijo, creyendo que siempre podria decir una mentirijilla inocente si se veia obligada.
– No. No tengo novia.
Por alguna razon su confesion hizo que el aleteo en su estomago se intensificara.
– Ahora es tu turno. -Se metio un pedazo de bacon en la boca antes de preguntar-: ?Cuanto tiempo hace que conoces a Virgil?
Georgeanne sopeso la pregunta moviendose por detras de John para coger la leche de la nevera. ?Deberia mentir?, ?deberia decir la verdad?, ?o quiza ninguna de las dos cosas?
– Casi un mes -contesto con sinceridad y agrego un chorrito de leche al bol.
– Ah -dijo el con una sonrisa laconica-. Amor a primera vista.
Al oir su tono suave y condescendiente, se dirigio hacia el senalandolo con la cuchara de madera.
– ?No crees en el amor a primera vista? -Apoyo el bol en su cadera izquierda y lo batio como habia visto hacer a su abuela miles de veces antes, como ella misma habia hecho mas veces de las que podia recordar.
– No. -John nego con la cabeza y comenzo a cortar rodajas de bacon otra vez-. Especialmente si se trata de una mujer como tu y un hombre tan viejo como Virgil.
– ?Una mujer como yo? ?Que se supone que quieres decir?
– Ya sabes lo que quiero decir.
– No -dijo, aunque se hacia una idea-. No se de que hablas.
– Vamos. -El fruncio el ceno y la miro-. Una chica joven y atractiva a la que le gusta… hum. -Se interrumpio y senalo con el cuchillo el dedo de Georgeanne-. Solo hay una razon por la que una chica como tu se casa con un hombre que se hace la raya del pelo por encima de la oreja.
– Me gustaba Virgil -se defendio y batio la masa hasta conseguir una pelota densa.
El arqueo una ceja con escepticismo.
– Quieres decir que te gustaba su dinero.
– Eso no es cierto. Puede ser encantador.
– Tambien puede ser un autentico hijo de puta, pero teniendo en cuenta que solo lo conoces desde hace un mes, puede que no lo sepas.
Procurando no perder los estribos y lanzarle otra vez algo, estropeando de paso la oportunidad de recibir la invitacion de quedarse unos dias mas, Georgeanne coloco el bol en la encimera.
– ?Por que saliste corriendo de la boda?
No estaba dispuesta a confesarle a el sus razones.
– Simplemente cambie de idea, eso es todo.
– ?O porque al final te diste cuenta de que ibas a tener que mantener relaciones sexuales con un hombre lo suficientemente viejo como para ser tu abuelo durante el resto de tu vida?
Georgeanne cruzo los brazos y lo miro con el ceno fruncido.
– Esta es la segunda vez que sacas el tema. ?Por que estas tan fascinado por la relacion que tengo con Virgil?
– No estoy fascinado. Solo siento curiosidad -la corrigio, y continuo cortando algunas lonchas de bacon mas, antes de soltar el cuchillo.
– ?Se te ha ocurrido pensar que quiza no he tenido relaciones sexuales con Virgil?
– No.
– Bueno, pues no las tuve.
– Gilipolleces.
Georgeanne dejo caer las manos a los costados y cerro los punos.
– Tienes una mente y una boca muy sucias.
Impasible, John se encogio de hombros y apoyo una cadera en el borde de la encimera.
– Virgil Duffy no se hizo millonario dejando nada al azar. No habria pagado por tener una simpatica joven en la cama sin catarla antes.
Georgeanne quiso gritarle a la cara que Virgil no habia pagado por ella, pero lo habia hecho. Solo que no habia recibido retribucion a cambio de su inversion. Si se hubiesen casado, si la habria tenido.
– No me acoste con el -insistio sin saber si sentirse enojada o dolida porque la hubiera juzgado tan mal.
John alzo ligeramente las comisuras de los labios y un mechon de su espeso pelo negro le cayo sobre la
