frente cuando nego con la cabeza.

– Escucha, carino, no me importa si te acostaste con Virgil.

– ?Entonces por que sigues dandole vueltas al tema? -pregunto, y se recordo a si misma que no importaba lo exasperante que John se mostrara, no podia perder los estribos con el otra vez.

– Porque creo que no te das cuenta de lo que has hecho. Virgil es un hombre muy rico y poderoso. Y lo has humillado.

– Lo se. -Ella bajo la mirada a la pechera de su camiseta sin mangas-. Pensaba llamarle manana y disculparme.

– Mala idea

Ella lo miro a los ojos.

– ?Demasiado pronto?

– Oh, si. Y el ano que viene tambien sera muy pronto. Si yo fuera tu, sacaria el culo de este estado. Y tan pronto como fuera posible.

Georgeanne dio un paso adelante, deteniendose a varios centimetros del pecho de John y lo miro como si estuviera asustada, cuando la verdad era que Virgil Duffy no la asustaba ni un poquito. Lamentaba lo que le habia hecho ese dia, pero sabia que lo superaria. No la amaba. Solo queria poseerla y no pretendia enfrentarse a el esa noche. En especial cuando tenia una preocupacion mas urgente: como conseguir una invitacion de John antes de que se hiciera vieja.

– ?Que es lo que va a hacer? -pregunto, arrastrando la voz-. ?Contratar a alguien para matarme?

– Dudo que llegara a esos extremos -respondio, bajando la mirada a la boca de Georgeanne-. Pero podria hacer que fueras una nina muy infeliz.

– No soy una nina -susurro y se le acerco lentamente-. ?O no lo has notado?

John se aparto de la encimera y la miro a la cara.

– No soy ni ciego, ni retrasado. Claro que lo he notado -dijo, deslizandole la mano alrededor de la cintura hacia el hueco de la espalda-. He notado muchas cosas de ti y si te quitas esa bata, estoy seguro de que me harias un hombre sonriente y feliz. -Le deslizo los dedos por la espalda, rozandola entre los hombros.

Aunque John estaba cerca, Georgeanne no se sentia amenazada. Su ancho pecho y sus grandes brazos le recordaban su fuerza, pero sabia instintivamente que podria echarse para atras en cualquier momento.

– Bomboncito, si dejo caer la bata, la sonrisa que se te pondria en la cara no se borraria ni con cirugia - bromeo, exudando seduccion surena en la voz.

El le bajo la mano al trasero y le ahueco una nalga. La estaba desafiando con la mirada a que lo detuviera. La estaba retando, tanteandola para saber hasta donde le dejaba llegar.

– Caramba, bien podrias valer un poco de cirugia -dijo al final, aliviando la tension.

Georgeanne se quedo paralizada durante un instante al sentir la suavidad de la caricia. A pesar de que le acariciaba el trasero y las puntas de sus senos le rozaban el torax, ella no se sentia ni manoseada ni presionada. Se relajo un poco y le apreto las palmas de las manos contra el pecho.

Sintio bajo las manos sus definidos musculos.

– Pero no vales mi carrera -dijo el, soltandola.

– ?Tu carrera? -Georgeanne se puso de puntillas y le prodigo unos besos suaves en la comisura de sus labios-. ?De que estas hablando? -pregunto disponiendose a escapar si el hacia algo que no queria.

– De ti -contesto contra sus labios-. Me harias pasar un buen rato, nena, pero eres perjudicial para un hombre como yo.

– ?Eso crees?

– Me cuesta mucho decir que no a cualquier cosa desmedida, satinada, o pecaminosa.

Georgeanne sonrio.

– ?Y cual de ellas va por mi?

John se rio entre dientes contra su boca.

– Georgie nena, creo que eres las tres cosas a la vez y me gustaria enterarme de lo mala que puedes llegar a ser, pero no va a pasar.

– ?Que es lo que no va a pasar? -pregunto intrigada.

Se echo hacia atras lo suficiente como para verle la cara.

– Algo salvaje y pecaminoso.

– ?Que?

– Sexo.

Un enorme alivio la atraveso.

– Creo que hoy no es mi dia de suerte -dijo en un tono insinuante a la vez que intentaba ocultar una gran sonrisa, aunque fracaso estrepitosamente.

Capitulo 4

John miro la servilleta doblada al lado del tenedor y nego con la cabeza. No sabia que se suponia que era, si un sombrero, un barco o algun tipo de gorro. Pero como Georgeanne le habia informado que habia decorado la mesa basandose en la guerra de secesion suponia que seria un sombrero. Tambien habia colocado flores amarillas y blancas en dos botellas de cerveza vacias. En medio de la mesa habia extendido una fina capa de arena y conchas rotas entre las cuatro herraduras de la suerte que Ernie solia tener colgadas en la chimenea de piedra. John no creia que a Ernie le importara, pero por que Georgeanne habia puesto toda esa mierda encima de la mesa escapaba a su comprension.

– ?Quieres un poco de mantequilla?

El miro a los seductores ojos verdes del otro lado de la mesa y se metio un bocado de tortitas con caramelo en la boca. Georgeanne Howard seria una coqueta incorregible, pero era una magnifica cocinera.

– No.

– ?Que tal la ducha? -le pregunto, dirigiendole una sonrisa tan blanda como las tortitas que le habia hecho.

Desde que el se habia sentado a la mesa diez minutos antes, ella habia hecho un gran esfuerzo para entablar conversacion, pero el no estaba precisamente de un humor complaciente.

– Muy bien -contesto.

– ?Viven tus padres en Seattle?

– No.

– ?En Canada?

– Solo mi madre.

– ?Estan divorciados?

– No. -El profundo escote de la bata negra atrajo su mirada como un iman.

– ?Donde esta tu padre? -le pregunto, mientras alcanzaba el zumo de naranja. El escote se abrio todavia mas, exponiendo el borde verde del sujetador y el suave monticulo de piel blanca y satinada.

– Murio cuando yo tenia cinco anos.

– Lo siento. Se cuanto duele perder a un padre. Perdi a los mios cuando era muy joven.

John levanto la mirada a su cara, imperterrito. Era bellisima. Curvilinea y suave, voluptuosa, hecha para hacer suspirar. Tenia las largas piernas bellamente formadas; era exactamente el tipo de mujer que le gustaba tener desnuda y en la cama. Ya habia aceptado el hecho de que no podria acostarse con Georgeanne. Eso no le molestaria si no fuera porque ella solo «fingia» que no podia mantener alejadas de el sus pequenas y calidas manos. Cuando le habia dicho que no podian hacer el amor, su boquita habia emitido un gemido de decepcion, pero sus ojos habian chispeado de alivio. De hecho, nunca habia visto tal alivio en la cara de una mujer.

– Fue en un accidente de barco -lo informo como si el le hubiera preguntado. Bebio un sorbo de zumo de naranja y despues anadio-: en la costa de Florida.

John tomo un poco de bacon, despues se sirvio el cafe. Gustaba a las mujeres. Se morian por darle sus numeros de telefono y meterle la ropa interior en los bolsillos. Las mujeres no miraban a John como si mantener relaciones sexuales con el fuera algo similar a que las abrieran en canal.

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