– Fue un milagro que no estuviera con ellos. Mis padres odiaban no llevarme con ellos, por supuesto, pero yo tenia la varicela. Me habian dejado a reganadientes con mi abuela, Clarissa June. Recuerdo…
Desconectando de sus palabras, John bajo la vista al suave hueco de la garganta. No era un hombre engreido, o al menos no creia serlo. Pero que Georgeanne lo encontrara tan completamente «resistible», lo irritaba mas de lo que le gustaba admitir. Coloco la taza de cafe sobre la mesa y cruzo los brazos. Despues de ducharse, se habia puesto unos vaqueros limpios y una camiseta blanca. Todavia pensaba salir. Todo lo que le faltaba era ponerse los zapatos y pirarse.
– Pero la senora Lovett estaba tan fria como un congelador de esos de Frigidaire… -Georgeanne continuaba con la chachara, John se pregunto como habia pasado del tema de sus padres a los refrigeradores-… y lloraba de una manera muy vulgar… durante toda la noche, hizo cosas la mar de tontas. Cuando LouAnn White se caso, le regalo… -Georgeanne hizo una pausa, su ojos verdes centelleaban con animacion-… ?una sandwichera Hot Dogger! ?Te lo puedes creer? ?No solo le regalo un electrodomestico, sino que encima servia para cocinar salchichas!
John reclino la silla y estiro las dos piernas. Recordaba con claridad la conversacion que habia tenido con ella sobre su costumbre de divagar. Se dio cuenta de que ella no podia evitarlo. Era una coqueta y una charlatana incorregible.
Georgeanne empujo el plato a un lado y se inclino hacia delante. La bata se le abrio un poco mas mientras le confiaba:
– Mi abuela solia decir que Margaret Lovett era tan vulgar como la tele en tecnicolor.
– ?Lo haces aposta? -le pregunto.
Los ojos de Georgeanne se agrandaron, curiosos.
– ?El que?
– Exhibir tus senos delante de mis narices.
Ella miro hacia abajo, se enderezo y agarrando firmemente la bata se la cerro hasta la garganta.
– No.
Las patas delanteras de la silla de John golpearon el suelo cuando se puso de pie. La miro fijamente a los ojos y cedio a la locura. Tendiendole la mano, le pidio:
– Ven aqui. -Cuando ella se levanto y se detuvo delante de el, el le deslizo los brazos alrededor de la cintura y la apreto contra su pecho-. Voy a salir -le dijo, presionando sus curvas suaves-. Dame un beso de despedida.
– ?Cuanto tardaras?
– Un rato -contesto, sintiendo como su miembro aumentaba de tamano.
Como una gata desperezandose sobre el alfeizar de la ventana, Georgeanne se arqueo contra el y le rodeo el cuello con los brazos.
– Podrias llevarme contigo -ronroneo.
John nego con la cabeza.
– Besame y entenderas por que.
Ella se puso de puntillas para hacer lo que le pedia. Lo beso como una mujer que sabia lo que estaba haciendo. Sus labios abiertos presionaban suavemente los de el. Ella sabia a zumo de naranja y a la promesa de algo mas dulce. Lo acaricio con la lengua, lo provoco y jugueteo con el. Le paso los dedos por el pelo mientras le frotaba el pie contra la pantorrilla. Un ramalazo de pura lujuria recorrio el cuerpo de John, calentandole las entranas y poniendolo tan duro como una piedra.
Ella era una autentica provocadora y el la aparto lo suficiente como para poder mirarla a la cara. Tenia los labios brillantes, su respiracion era ligeramente irregular y si sus ojos hubieran mostrado el mas leve indicio de la excitacion que el sentia, se hubiera girado para salir por la puerta. Satisfecho.
La mirada de John se detuvo en los suaves rizos caoba que le rodeaban la cara. La luz brillaba en cada rizo sedoso y quiso enterrar los dedos en ellos. Sabia que deberia irse. Darse la vuelta y marcharse. Pero volvio a mirarla a los ojos.
Lo que vio no lo satisfizo. Aun no. La agarro por la nuca, ladeo la cabeza y la beso con toda su alma, a conciencia. Mientras su boca se recreaba en la de ella, la llevo hacia atras hasta que el trasero de Georgeanne tropezo con el borde de la vitrina de trofeos. El beso continuo imparable, John le deslizo la boca por la mejilla y la barbilla. Sus labios se recrearon en el cuello, mientras le retiraba el pelo hacia la espalda. Olia a flores y la piel femenina era calida y suave cuando le deslizo la bata de seda por el hombro. El la sintio tensarse entre sus brazos y se dijo que deberia detenerse.
– Hueles bien -susurro en su cuello.
– Huelo a hombre. -Georgeanne solto una risita nerviosa.
John sonrio.
– Me paso mucho tiempo rodeado de hombres y creeme, carino, no hueles a hombre. -Le deslizo la yema de los dedos bajo el borde esmeralda del sujetador y la beso en la piel suave de la garganta.
Automaticamente ella le cubrio la mano con la suya.
– Pensaba que no ibamos a hacer el amor.
– Y no lo vamos a hacer.
– ?Entonces que estamos haciendo, John?
– Estamos metiendonos mano.
– ?Y eso no conduce a hacer el amor? -Ella le solto los hombros y cruzo los brazos.
– Esta vez no. Asi que relajate.
John movio las manos a la parte posterior de sus muslos suaves y la izo con fuerza, levantandola del suelo. Antes de que ella pudiera objetar nada, la sento sobre el borde de la vitrina, luego se metio entre sus muslos.
– ?John?
– ?Hum?
– Prometeme que no me lastimaras.
El levanto la cabeza y le escruto la cara. Estaba muy seria.
– No te lastimare, Georgie.
– Ni haras nada que no me guste.
– Desde luego que no.
Ella sonrio y le volvio a colocar las palmas de las manos en los hombros.
– ?Te gusta esto? -pregunto, subiendo las manos por la parte posterior de sus muslos y levantando la bata a su paso.
– Mmm-hum -contesto, entonces le lamio la oreja suavemente y le deslizo la punta de la lengua por el cuello-. ?Y a ti te gusta esto? -pregunto ella contra su garganta. Luego le lamio la sensible piel con la lengua.
– Me encanta. -El se rio quedamente. Le deslizo las manos hasta las rodillas, luego volvio a subirlas hasta que sus dedos tropezaron con el borde elastico de la ropa interior-. Todo en ti es estupendo. -John ladeo la cabeza y cerro los ojos. No podia recordar haber tocado a una mujer tan suave como Georgeanne. Le hundio los dedos en los calidos muslos y se los abrio todavia mas. Mientras la boca de Georgeanne le hacia cosas increibles en la garganta, el deslizo las manos bajo la bata y la izo por las nalgas-. Tienes la piel suave, las piernas largas y un trasero precioso -dijo mientras la atraia contra su pelvis. El calor inundo su ingle y supo que si no tenia cuidado, podia hundirse en Georgeanne y quedarse alli un buen rato.
Georgeanne levanto la mirada.
– ?Estas burlandote de mi?
John miro sus ojos claros.
– No -contesto, buscando el reflejo del deseo que el sentia sin encontrarlo-. Nunca me burlaria de una mujer semidesnuda.
– ?No crees que este gorda?
– No me gustan las mujeres flacas -contesto con rotundidad, y movio la mano de la cadera a las rodillas y luego la subio otra vez. Una chispa de interes brillo en los ojos de Georgeanne y, por fin, un poco de deseo.
Georgeanne busco en los ojos entrecerrados de John alguna senal de que el le mentia. Desde el principio de la pubertad, habia batallado constantemente contra su peso y habia probado mas dietas de las que podia recordar. Le tomo la cara entre las manos y lo beso. No era el beso mecanico y perfecto que le habia dado antes, aquel coqueto beso con el que habia intentado tentarlo. Esta vez ella queria tragarlo por entero. Tenia intencion
