de mostrarle lo que esas palabras significaban para una chica que siempre se habia considerado rellenita. Se dejo llevar, sintiendo como la iba invadiendo el deseo ardiente y vertiginoso. El beso se volvio tan hambriento como las manos que la tocaban, acariciaban, moldeaban para hacerla estremecer hasta las puntas de los pies. Ella sintio como se soltaba el cinturon de seda y como se abria la bata. El le deslizo las manos por el estomago y la cintura. Luego le deslizo las calidas palmas por encima de las costillas y con los pulgares rozo la parte inferior de sus abundantes senos. Un pequeno temblor, inesperado e intenso, la estremecio de pies a cabeza. Por primera vez en su vida, las caricias de un hombre en sus senos no le producian repulsion. Suspiro con sorpresa contra la boca de John.

John levanto la cabeza y escruto sus ojos. Sonrio complacido ante lo que alli vio y le deslizo la bata por los hombros.

Georgeanne bajo los brazos y dejo que la seda negra se le deslizara hasta los muslos. Antes de que ella pudiese darse cuenta de sus intenciones, John movio las manos por su espalda y le desabrocho el sujetador. Alarmada por su rapidez, ella levanto las manos y mantuvo las copas verdes de encaje en su sitio.

– Soy grande -indico en un impulso, luego creyo morir de verguenza por decir algo tan estupido y obvio.

– Tambien yo lo soy -bromeo John con una sonrisa provocativa.

Se le escapo una risita nerviosa cuando uno de los tirantes del sujetador se le deslizo por el brazo.

– ?Vas a tener esto puesto toda la noche? -pregunto el, deslizando los nudillos por el borde de encaje del sujetador.

Su ligera caricia le provoco un hormigueo en la piel. Le gustaban las cosas que decia y la forma en que la hacia sentir y no queria que se detuviera todavia. Le agradaba John y queria gustarle. Lo miro a los ojos mientras bajaba las manos. El sujetador le cayo lentamente en el regazo y ella contuvo el aliento temiendo que el hiciera algun comentario lascivo sobre sus senos, aunque esperaba que no lo hiciera.

– Jesus, Georgie -dijo-. Me dijiste que eras grande, pero te falto decirme que eras perfecta. -Le ahueco un pecho y la beso en los labios, dura y profundamente. Acaricio lentamente el pezon con el pulgar de un lado a otro, rodeandolo y pasando por encima. Nadie la habia acariciado jamas como John lo estaba haciendo en ese momento. La suave caricia la hacia sentir como si fuera delicada y fragil. El no tiraba, ni retorcia, ni pellizcaba. No la agarraba con manos rudas esperando que lo disfrutara.

El deseo, la gratitud y el amor le surcaron las venas hasta el corazon, para acabar palpitando entre sus piernas. Mientras lo besaba, cerro los muslos alrededor de sus caderas, atrayendolo mas hacia su cuerpo, hasta que percibio la protuberancia dura contra la entrepierna. Las manos de Georgeanne tiraron de la camiseta, apartando la boca el tiempo suficiente para pasarla bruscamente sobre su cabeza. Una mata de vello oscuro cubria ese gran pecho, bajandole por el abdomen plano, rodeando el ombligo y desapareciendo por la cinturilla de los vaqueros. Dejo caer a un lado la camiseta, subiendo y bajando las manos por el pecho. Los dedos de Georgeanne se deslizaban por el vello fino, los musculos duros y la piel caliente. Podia sentir el latido del corazon de John y su respiracion agitada.

El gimio su nombre antes de que su boca capturase la de ella en otro beso ardiente. Las puntas de sus senos le rozaron el pecho y un dolor sordo se propago por todo su cuerpo. Cada lugar que el tocaba, pulsaba con una pasion ardiente que ella nunca habia sentido. Era como si su cuerpo siempre lo hubiera sabido, como si hubiera esperado durante toda su vida a que John la amase. Ella recorrio con las manos los duros planos de su espalda, recorriendo su columna vertebral para regresar a su torax. El contuvo el aliento cuando ella engancho los dedos en la cinturilla de los vaqueros. Cuando le saco el boton metalico del ojal, John la tomo de las munecas. Aparto su boca de la de ella, dio un paso atras y la miro con los ojos entrecerrados. Una arruga le surcaba la frente y sus mejillas morenas estaban ruborizadas. Parecia un hombre hambriento ante su plato favorito, pero no parecia muy contento. La miraba como si estuviera a punto de rechazarla.

– Joder, a la mierda con todo -juro al final, buscando las bragas de Georgeanne-. Soy hombre muerto de todas maneras.

Georgeanne planto las manos detras, sobre la vitrina, y levanto el trasero mientras el le bajaba las bragas por las piernas. Cuando el se coloco entre sus muslos otra vez, estaba desnudo. Y era grande. No habia bromeado sobre eso. Ella extendio la mano y cerro el puno alrededor del poderoso eje de su pene. John cerro la mano alrededor de la de ella y se la subio hasta el grueso glande, despues retrocedio. Estaba increiblemente duro y caliente dentro de su mano.

El miro sus manos unidas y los muslos abiertos de Georgeanne.

– ?Estas tomando algun anticonceptivo? -pregunto mientras movia la mano libre a la parte superior de su pelvis.

– Si -y suspiro cuando sus dedos profundizaron en el vello pubico para acariciarle la carne resbaladiza, estimulandola hasta que penso que se romperia en mil pedazos.

– Coloca las piernas alrededor de mi cintura -le pidio, y cuando ella lo hizo, el se zambullo dentro de ella. Levanto la cabeza y su mirada busco la de ella-. Oh Dios, Georgie -exclamo desde lo mas hondo de su pecho. Se retiro ligeramente, luego empujo hasta asentarse por completo, profundamente. La agarro por las caderas y se movio en su interior, lentamente al principio, despues con rapidez. Los trofeos de la vitrina traquetearon y, con cada envite, Georgeanne sintio como si la empujara hacia un profundo abismo. Con cada empuje, su piel se calentaba unos grados mas y su deseo por el se volvia mas hambriento. Cada envite de su cuerpo era al mismo tiempo una tortura y una dulce dicha.

Ella pronuncio su nombre varias veces mientras su cabeza caia hacia atras contra la vitrina y cerraba los ojos.

– No te detengas -grito mientras se sentia como si estuviera a punto de caer por un precipicio. El fuego se extendio a traves de su piel, y sus musculos se tensaron involuntariamente mientras se abandonaba a un orgasmo largo y ardiente. Dijo cosas que normalmente la habrian conmocionado. No le importo. John la hacia sentir cosas -cosas increibles- que nunca habia sentido antes, y cada uno de sus pensamientos y sentimientos se centraban en el hombre que la sostenia tan estrechamente.

– Jesus -siseo John, enterrando el rostro en el hueco del cuello de Georgeanne. Le apreto con fuerza las caderas y, con un gemido profundo y gutural, empujo en ella una ultima vez.

La oscuridad envolvia la figura desnuda de John, tan oscura como su sombrio estado de animo. La casa estaba silenciosa. Demasiado silenciosa. Si escuchaba atentamente, casi podia oir la suave respiracion de Georgeanne. Pero ella estaba durmiendo en el dormitorio y sabia que oirla era imposible.

Era la noche. La oscuridad. El silencio. Conspiraban contra el, susurrandole en el oido e invadiendo sus recuerdos.

Se llevo la botella de Bud a la boca bebiendose con rapidez la mitad. Se puso delante de la ventana panoramica y contemplo la gran luna amarilla y el rastro plateado de las olas. Todo lo que podia ver de su propio reflejo en el cristal era una silueta nebulosa. El contorno indefinido de un hombre que habia perdido su alma y que no estaba demasiado interesado en encontrarla otra vez.

Inesperadamente, la imagen de su esposa, Linda, surgio ante el en la oscuridad. La imagen de la ultima vez que la habia visto, dentro de una banera de agua ensangrentada; alli su aspecto era muy diferente al de la chica saludable que habia conocido en la escuela secundaria.

Sus pensamientos regresaron a aquella epoca en la escuela cuando habia salido con ella. Pero despues de graduarse, el se habia ido lejos para jugar al hockey en las ligas menores. Toda su vida habia girado en torno a ese deporte. Habia jugado duro y, a la edad de veinte anos, habia sido el primer jugador fichado por los Toronto MapleLeafs en 1982. Su tamano lo convertia en un jugador claramente dominante y se habia ganado con rapidez el apodo de «Muro». Su destreza sobre el hielo lo habia convertido en una estrella de la noche a la manana. Su pericia social, sin embargo, lo habia convertido en un idolo de las groupies, quienes lo consideraban como un Mark Spitz de las pistas. John jugo para los Maple Leafs durante cuatro temporadas, hasta que los Rangers de Nueva York le ofrecieron un contrato mas elevado, convirtiendose en uno de los jugadores mejor pagados de la NHL. Habia llegado a olvidarse por completo de Linda.

Cuando la volvio a ver, habian pasado seis anos. Tenian la misma edad, pero distintas experiencias. John habia visto mundo. Era joven, rico y habia hecho cosas con las que otros hombres solo podian sonar. Durante todos esos anos, el habia cambiado mucho mientras que Linda apenas lo habia hecho. Era casi la misma chica con la que habia retozado en el Chevy de Ernie. La misma chica que habia usado el espejo retrovisor para repintarse el carmin que el se habia comido a besos.

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