facturacion y pillar el vuelo -la informo John mientras le daba su neceser de noche.
Sintio como si el panico le retorciera el estomago. El miedo hizo desaparecer el orgullo y abrio la boca para suplicarle que la llevara de regreso a la casa de la playa, donde se sentia segura. Sus siguientes palabras la detuvieron.
– Con ese vestido seguro que vas a obtener al menos dos propuestas de matrimonio antes de llegar a Dallas. No quiero darte consejos de como vivir tu vida, Dios sabe lo mucho que he enredado la mia, pero tal vez deberias usar algo mas la cabeza cuando elijas a tu proximo novio.
Lo amaba tanto que le dolia y a el no le importaba si se casaba con otro hombre. La noche que habian compartido no habia significado nada para el.
– Ha sido un placer conocerte, Georgie -habia anadido despreocupadamente, luego se habia dado la vuelta y se habia ido.
– ?John! -El nombre se le escapo de los labios, a pesar de su orgullo.
El se habia girado, y ella supo que su cara habia revelado lo que sentia. John habia suspirado con resignacion.
– Nunca quise lastimarte, pero te dije desde el principio que no me jugaria mi carrera con los Chinooks por ti. -Hizo una pausa y anadio-: No es nada personal.
Luego se dio la vuelta, bajo la acera y salio de su vida.
A Georgeanne comenzo a dolerle la mano y miro hacia abajo, al neceser que sujetaba con fuerza. Tenia los nudillos blancos y aflojo su presa.
El denso humo del tubo de escape le provoco nauseas y, finalmente, se dio la vuelta y entro en el aeropuerto. Tenia que salir de alli. Tenia que irse, pero no sabia a donde. Sentia todos sus circuitos sobrecargados e intento dejar la mente en blanco. Encontro el mostrador de facturacion y «no» le dijo al agente, «no tenia equipaje para facturar». Con la tarjeta de embarque en una mano y el neceser en la otra, abandono el mostrador.
Paso delante de las tiendas de regalos, los restaurantes y las ventanillas de informacion de vuelos. El sufrimiento la envolvia como una capa de niebla negra. Mantuvo la mirada baja, imaginaba que su pena se traslucia en su cara y que si la gente la miraba atentamente, sabria lo que le pasaba.
Se darian cuenta de que a nadie le importaba un bledo Georgeanne Howard. Ni en ese estado ni en otro. Habia plantado a su unica amiga, Sissy, y si Georgeanne se muriese en ese momento, no le importaria a nadie o por lo menos no de verdad. Bueno, su tia Lolly si haria como si le importara. Prepararia la gelatina O'Jell y lloraria como si no estuviera aliviada de no tener que ocuparse mas de Georgeanne. Por un instante, Georgeanne se pregunto si su madre se entristeceria, pero supo la respuesta antes de ni siquiera pensarlo: no. Billy Jean nunca se entristeceria por esa nina a la que nunca habia querido.
Entro en la zona de embarque cuando su fragil control comenzaba a quebrarse. Se sento de cara a las ventanas y tomo un ejemplar del Seattle Times del asiento de al lado dejando el neceser en la butaca de vinilo. Miro por la ventana a la pista de aterrizaje y una nitida imagen de la cara de su madre aparecio en su mente, recordandole la unica vez que se habia encontrado con Billy Jean.
Habia sido el dia del entierro de su abuela, habia levantado la mirada del ataud y habia visto la cara de una elegante mujer muy bien peinada con el pelo oscuro y los ojos verdes. No habria reconocido quien era la mujer si Lolly no se lo hubiera dicho. Durante un instante la pena por la muerte de su abuela se fusiono en su interior con aprension, alegria, esperanza y una miriada de emociones conflictivas. Durante toda su vida, Georgeanne habia recreado el momento en que finalmente conoceria a su madre.
Mientras crecia, le habian dicho que Billy Jean era demasiado joven y que cuando ella nacio no queria tener hijos todavia. Como consecuencia, Georgeanne llevaba toda su vida sonando con el dia en que su madre cambiaria de idea.
Pero cuando Georgeanne alcanzo la adolescencia, ya habia perdido las esperanzas de que se hicieran realidad sus suenos sobre un reencuentro con su madre. Habia descubierto que Billy Jean Howard era ahora Jean Obershaw, esposa de Leon Obershaw representante en Alabama, y madre de dos ninos pequenos. El dia que supo de la otra familia de su madre fue el dia en que tuvo que afrontar la cruda realidad. Su abuela habia mentido. Billy Jean si queria tener hijos. Simplemente, no la habia querido a ella.
En el entierro de su abuela, cuando Georgeanne por fin miro a Billy Jean, habia esperado no sentir nada. Le sorprendio profundamente encontrar algo en su corazon, todavia albergaba la fantasia de una madre carinosa. Se habia aferrado al sueno de que su madre podria llenar el vacio que tenia en su interior. A Georgeanne le temblaron las manos y las rodillas cuando se presento a la mujer que la habia abandonado poco despues de nacer. Habia contenido el aliento… esperando… anhelando. Pero Billy Jean apenas la miro cuando le dijo:
– Se quien eres. -Luego se volvio y se dirigio a la parte trasera de la iglesia. Despues del funeral desaparecio, probablemente de regreso con su marido y sus hijos. De regreso a su vida.
El anuncio de la llegada de un vuelo trajo a Georgeanne de vuelta a la realidad. Mas pasajeros comenzaron a llenar la zona de embarque y cogio el neceser para colocarselo sobre el regazo. Una mujer de mediana edad con rizos blancos y un vestido de poliester se dirigio al asiento vacio. Georgeanne cogio automaticamente el ejemplar del
Se habia enamorado de John Kowalsky en menos de veinticuatro horas. Sus sentimientos por el habian surgido tan deprisa que apenas podia creerlo. Pero sabia que eran reales. Pensaba en sus ojos azules y en el hoyuelo que aparecia en su mejilla derecha cada vez que sonreia. Pensaba en como la rodeaban esos fuertes brazos, haciendola sentir segura. Si cerraba los ojos, podia sentir sus manos en la espalda, levantandola contra la vitrina como si no pesara nada. No habia conocido a ningun otro hombre -ni siquiera algun antiguo novio al que habia creido amar-, que la hubiera hecho sentir de la misma manera que John.
«Deberias haberme dicho que eres perfecta», le habia dicho, haciendo que se sintiera como la Reina de las fiestas de San Antonio. Ningun hombre la habia hecho sentirse tan deseable. Ningun hombre la habia dejado destrozada.
Comenzaron a arderle los ojos de nuevo y se le nublo la vista. En los ultimos dias habia tomado algunas decisiones desafortunadas. Lo peor habia sido decidir casarse con un hombre lo suficientemente viejo como para ser su abuelo. Luego estaba el haber huido de la boda como una cobarde. Lo unico que no habia sido una eleccion habia sido enamorarse de John. Simplemente habia ocurrido.
Una solitaria lagrima le resbalo por la mejilla y se la enjugo con el panuelo. Ahora tenia que sobreponerse a lo de John. Tenia que retomar su vida.
«?Que vida?». No la esperaban ni en casa ni en el trabajo. No tenia ningun familiar con quien hablar y lo mas probable era que su unica amiga la odiara. Todas sus ropas estaban en poder de Virgil, quien -sin ningun genero de duda- la despreciaria. El hombre que amaba no le correspondia. Se habia deshecho de ella, dejandola en la acera sin mirar atras.
No tenia a nada ni a nadie salvo ella misma.
– Atencion -anuncio una voz femenina-, los pasajeros del vuelo 624, con destino a Dallas-Fort Worth, deberan embarcar en quince minutos.
Georgeanne miro la tarjeta de embarque. «Quince minutos», penso. Quedaban quince minutos para subirse a un avion que la llevaria de regreso a la nada. Nadie estaria alli para recogerla. No tenia a nadie. Nadie se iba a ocupar de ella. Nadie le diria que hacer.
Nadie excepto a si misma. Solo Georgeanne Howard.
El panico le atenazo el estomago y miro el ejemplar del Seattle Times que estaba encima del neceser de su regazo. Sentia la sobrecarga emocional a flor de piel. Para evitar estallar, se concentro en el periodico. Movio los labios mientras leia lentamente los anuncios clasificados.
El letrero de Catering Heron colgaba desmanadamente del lado derecho. La tormenta de la noche del jueves lo habia maltratado tanto que se habia roto una de las cadenas, con lo que el gran pajaro majestuoso pintado en el letrero parecia a punto de caer en picado sobre la acera. Los rododendros plantados a cada lado de la puerta habian sobrevivido a los fuertes vientos, pero los geranios rojos eran otra historia.
Sin embargo, dentro del pequeno edificio, todo estaba en perfecto orden. La oficina de la parte delantera del
