Se reencontro con Linda otra vez durante unas vacaciones de la liga de hockey. La saco del pueblo. Se la llevo a un hotel y tres meses mas tarde, despues de decirle que estaba embarazada, la convirtio en su esposa. Su hijo, Toby, nacio a los cinco meses de embarazo. Las siguientes cuatro semanas se las paso observando como su hijo luchaba por vivir, mientras sonaba con ensenarle todas las cosas que sabia de la vida y el hockey. Pero sus suenos de un ninito revoltoso murieron dolorosamente con su hijo.

Mientras John sufria en silencio, la pena de Linda fue evidente para todos. Se pasaba los dias llorando y durante mucho tiempo estuvo obsesionada con tener otro nino. John sabia que el era la razon de su obsesion. Se habian casado porque estaba embarazada, no porque la amase.

Deberia haberla dejado en ese momento. Deberia haberse ido, pero no habia podido abandonarla. No mientras estuviera sumida en el dolor y el se sintiera responsable de su pena. Durante el ano siguiente se mantuvo a su lado mientras ella iba de doctor en doctor. Se mantuvo a su lado mientras sufria varios abortos. Permanecio con ella porque una parte de el tambien queria otro bebe. Y vio como se hundia en la mas profunda desesperacion.

Se quedo a su lado, pero no fue un buen marido. La obsesion por tener otro hijo la volvio loca. Los ultimos meses de su vida, no podia soportar ni siquiera tocarla. Cuanto mas se aferraba ella, mas ganas de escapar tenia el. En ningun momento oculto sus lios con otras mujeres. A un nivel subconsciente, queria que ella lo dejara.

Pero prefirio suicidarse.

John se llevo la botella de cerveza a los labios y tomo un largo trago. Linda habia querido que fuera el quien la encontrara, y asi fue. Un ano despues, todavia podia recordar el color exacto de su sangre mezclada con el agua del bano. Podia ver su palida cara y el humedo cabello rubio. Podia oler el champu que habia usado y ver los cortes que se habia infligido desde las munecas hasta los codos. Todavia podria sentir como se le revolvian las tripas.

Desde entonces, vivia con el peso de una horrible culpa. Todos los dias buscaba olvidar sus recuerdos mientras la culpa lo devoraba.

John entro en el dormitorio y miro a la preciosa chica enredada en sus sabanas. La luz del vestibulo iluminaba la cama y el oscuro pelo rizado. Tenia un brazo sobre el estomago y el otro estirado.

Suponia que deberia darle pena Virgil por haberlo sustituido en su noche de bodas. Pero no lo hacia. No lamentaba lo que habia hecho. Habia disfrutado demasiado y, total, si alguien se enteraba de que ella habia pasado la noche en su casa, daria por hecho que habian mantenido relaciones sexuales de todos modos. Asi que, ?que demonios?

El cuerpo de Georgeanne estaba hecho para el sexo, pero se habia dado cuenta de que no tenia tanta experiencia como habia parecido cuando coqueteaba con el. Habia tenido que ensenarle a dar y recibir placer. La habia besado y la habia recorrido con la lengua de pies a cabeza y, a su vez, la habia ensenado que hacer con esa boca tan exuberante que tenia. Ella era sensual e ingenua y el la encontraba increiblemente sexy.

John se tumbo a su lado en la cama y le deslizo la sabana blanca hasta la cintura. Parecia como si se hubiera dejado caer desnuda en un enorme charco de crema batida. El se sintio de nuevo excitado y la cubrio con su cuerpo. Apretandole los senos con las manos, hundio la cara en la hendidura que formaron y la beso alli tiernamente. En ese lugar, con esa carne suave y caliente bajo el, no tenia que pensar en nada mas. Todo lo que tenia que hacer era sentir placer. Al oir el profundo gemido de Georgeanne, levanto la vista hacia su cara. Lo miraba con ojos somnolientos.

– ?Te he despertado? -le pregunto.

Georgeanne observo el hoyuelo de la mejilla derecha de John y su corazon comenzo a palpitar.

– ?No ha sido esa tu intencion? -pregunto, tan conmovida por el que lo sentia hasta en el alma y, aunque el no le habia dicho que se ocuparia de ella, sabia que al menos tenia que sentir algo. Se habia arriesgado a la colera de Virgil para estar con ella. Habia puesto en peligro su carrera y Georgeanne encontraba excitante y terriblemente romantico el riesgo que habia corrido por ella.

– Podria controlar mis manos y dejarte dormir. Pero no sera facil -le dijo, moviendo la palma de la mano por la cara externa del muslo desnudo de Georgeanne.

– ?Tengo otra opcion? -pregunto ella mientras le acariciaba el pelo de las sienes.

El se deslizo hacia arriba hasta que tuvo el rostro encima del suyo.

– Me encantaria volver a hacerte gemir.

– Hum. -Georgeanne fingio considerar las posibilidades-. ?Cuanto tiempo tengo para tomar una decision?

– Ya no tienes tiempo.

John era joven y apuesto y, en sus brazos, se sentia segura y protegida. Era un amante maravilloso y podria ocuparse de ella. Y lo mas importante, ella estaba locamente enamorada de el.

Amoldo sus labios a los de ella y la beso con una dulce pasion, y ella se sintio como si estuviera oyendo esa vieja cancion de country. «She was… the happiest girl in the whole U.S.A.». [2]

Tambien queria hacer feliz a John. Desde que mantuvo las primeras relaciones con el sexo opuesto a los quince anos, Georgeanne se habia transformado como un camaleon para convertirse en lo que fuera que su novio de turno quisiera. En el pasado habia hecho de todo, desde tenirse el pelo de rojo a machacarse el cuerpo en un toro mecanico. Georgeanne siempre habia hecho un extraordinario esfuerzo por complacer a los hombres de su vida para que no les quedara otro remedio que amarla.

Puede que John no la amara en ese momento, pero terminaria haciendolo.

Capitulo 5

Georgeanne se llevo una mano a su corazon dolorido. Asio el lazo blanco del corpino mientras dentro de su pecho el amor y el odio colisionaban como un martillo de demolicion para destrozarle el corazon. Vestida de nuevo con el traje de novia rosa y las fragiles sandalias de tacon alto, lucho contra las lagrimas ardientes que le anegaban los ojos. Cuando vio como el Corvette rojo de John se perdia en el trafico, noto que perdia la batalla. Se le empano la vista, pero las lagrimas no le proporcionaron alivio alguno.

Ni siquiera al observar desaparecer a John, podia creer que se hubiera deshecho de ella en la acera del Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma. No era solo que la hubiera abandonado, es que ni siquiera habia mirado atras.

A su alrededor se arremolinaban ejecutivos trajeados o turistas con ropas ligeras de verano. Los taxistas descargaban equipajes mientras el tubo de escape de sus taxis expulsaba humo caliente. Los maleteros bromeaban con los clientes mientras una impersonal voz masculina avisaba por los altavoces de que el area reservada delante del aeropuerto era solo para carga y descarga. Los sonidos que se mezclaban caoticamente en torno a Georgeanne eran semejantes al confuso zumbido de su cabeza. La noche anterior John se habia comportado de manera muy distinta al hombre indiferente que la habia despertado esa manana con un Bloody Mary en la mano. La noche anterior habian hecho el amor una y otra vez; nunca se habia sentido mas cerca de un hombre. Y estaba segura de que John habia sentido lo mismo. Estaba segura de que el no hubiera corrido tal riesgo a menos que ella le importase. Si no hubiera sentido nada por ella, no habria puesto en peligro su carrera con los Chinooks. Pero esa manana se habia comportado como si se hubieran dedicado a ver reestrenos en la tele en lugar de a hacer el amor. Cuando le anuncio que le habia reservado un vuelo a Dallas, lo dijo como si estuviera haciendole un gran favor. Cuando la habia ayudado a ponerse de nuevo el corse y el vestido de novia rosa, su contacto habia sido impersonal. Muy diferente de las calidas caricias de la noche anterior. Cuando la ayudo a vestirse, Georgeanne habia luchado contra sus confusos sentimientos. Habia luchado por encontrar las palabras adecuadas para convencerle de que la dejara quedarse con el. Le insinuo su disposicion para hacer y ser cualquier cosa que el quisiera, pero el habia ignorado tan sutiles sugerencias.

Camino del aeropuerto, habia subido tanto el volumen de la musica que la conversacion habia sido imposible. Durante la hora que habia durado el trayecto en coche, ella se habia torturado con miles de preguntas. Se habia preguntado que habria hecho mal o que habria sucedido para cambiarlo todo. Solo su orgullo impidio que desconectara el casete y le exigiera una respuesta. Solo el orgullo le hizo contener las lagrimas cuando la ayudo a salir del coche.

– El avion sale dentro de una hora. Tienes tiempo de sobra para recoger la tarjeta de embarque en

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