«Probablemente haya venido a traerme algo ahora», penso mientras abria la puerta. Luego miro hacia arriba, muy arriba.
John se quito las gafas de sol y las metio en el bolsillo de la camisa. La puerta estaba abierta y miro hacia abajo, muy abajo. Le sorprendio encontrar a una nina en casa de Georgeanne casi tanto como la pinta de la nina, y se quedo mirando fijamente unas botas vaqueras de color rosa de piel de serpiente, una minifalda rosa, una camiseta de puntos purpura y una descabellada boa verde alrededor de su cuello. Pero esa ropa tan chillona no era nada comparado con su cara.
– Ah, hola -le dijo, mirando asombrado la sombra de ojos azul, las brillantes mejillas rosadas y los labios rojos y brillantes-. Estoy buscando a Georgeanne Howard.
– Mi mama esta en la ducha, pero puede pasar. -Ella se giro y camino hacia el salon. La coleta de la parte posterior de la cabeza se balanceo al ritmo de las botas.
– ?Estas segura? -John no sabia mucho de ninos y menos de ninas, pero sabia que se suponia que no invitaban a los extranos a entrar en casa-. A Georgeanne podria no gustarle que me dejes entrar -dijo el, pero entonces, se dio cuenta de que a ella probablemente no le gustaria encontrarlo en su casa estuviera en la ducha o no.
La ninita lo miro por encima del hombro.
– No le importara. Voy a por mis cosas -dijo y desaparecio por una esquina, probablemente para coger «sus cosas». Fueran lo que fuesen.
John se metio la chequera de Georgeanne en el bolsillo de atras y entro en la casa. La chequera era una excusa. Era la curiosidad lo que lo habia llevado hasta alli. Despues de que Georgeanne se fuera de la cena la noche anterior no habia podido dejar de pensar en ella. Cerro la puerta y se dirigio a la sala, sintiendose enseguida fuera de su elemento como cuando habia comprado ropa interior para una antigua novia en Victoria’s Secret.
La casa estaba decorada en tonos pastel, los que mas temia un hombre heterosexual. El sofa floreado tenia cojines que hacian juego con las cortinas. Habia floreros de margaritas y rosas, y cestos de flores secas. Tambien habia algunas fotos en marcos de plata. Le gusto ese ambiente y se pregunto si deberia empezar a preocuparse por algo.
– Teno algunas cosas buenas -dijo la ninita empujando un anaranjado carrito de compras de plastico en el salon. Se sento en el sofa y luego palmeo el cojin de su lado.
Sintiendose aun mas fuera de lugar, se sento junto a la nina de Georgeanne. Escruto su cara y trato de adivinar su edad, pero no era bueno adivinando la edad de los ninos. Y el maquillaje que llevaba puesto no ayudaba en absoluto.
– Aqui -dijo ella, cogiendo una camiseta con un perro dalmata en el frente del cesto de la compra y ofreciendosela a el.
– ?Para que es esto?
– Tene que firmarla.
– ?Con que lo hago? -le pregunto, sintiendose enorme al lado de la ninita.
Ella ladeo la cabeza y le dio un rotulador verde.
John no queria firmar la camiseta de la nina.
– Tu mama podria enfadarse.
– Noooo. Esa es una de mis camisetas de los sabados.
– ?Estas segura?
– Si.
– De acuerdo. -El se encogio de hombros y le quito el capuchon al rotulador-. ?Como te llamas?
La nina arqueo las cejas que coronaban unos ojos muy azules y lo miro como si fuera las sobras de un picnic.
– Lexie -y volvio a pronunciarlo por si acaso no lo habia entendido bien la primera vez-. Leexxiiiie. Lexie Mae Howard.
«?Howard?». Georgeanne no se habia casado con el padre de la nina. Se pregunto con que clase de hombre se habria liado. ?Que clase de hombre abandonaba a su hija? Cogio la camiseta como si pensara escribir en ella.
– ?Por que quieres que te estropee la camiseta, Lexie Mae Howard?
– Porque los demas ninos cogieron las cosas que usted escribio y yo no cogi ninguna.
No estaba seguro de lo que queria decir, pero penso que seria mejor preguntarle a Georgeanne antes de firmar la camiseta de su hija.
– Brett Thomas
– Ahh… no. No tengo gato.
– Mae tene un gato -le confio como si el conociera a Mae-. Su nombre es Bootsie, porque
Si John no hubiera sabido antes que esa nina era la hija de Georgeanne, lo habria sabido nada mas oirla hablar. Le conto con rapidez lo mucho que queria un gato. Luego le hablo de los perros y despues de picaduras de mosquitos. Mientras ella hablaba, John la estudio. Pensaba que debia parecerse a su padre porque no veia que se pareciera a Georgeanne. Tal vez un poco en la boca, pero poco mas.
– Lexie -la interrumpio, ocurriendosele que podia estar hablando con la hija de Virgil Duffy. Nunca hubiera creido que Virgil era el tipo de hombre que abandonaba a su hijo. No obstante, Virgil podia ser un autentico cabron-. ?Cuantos anos tienes?
– Seis. Mi cumpleanos fue hace algunos meses. Vinieron mis amigos y comimos pastel. Amy me regalo la peli
«Seis anos», el habia visto a Georgie hacia siete anos. Lexie no podia ser hija de Virgil. Luego se dio cuenta de que habia olvidado los nueve meses de embarazo, por lo que si Lexie habia cumplido anos hacia algunos meses puede que fuera hija de Virgil. Pero no se parecia en nada a Virgil. La miro con mas atencion. En ese momento ella dejo de reirse, pero una sonrisa iluminaba su cara, apareciendo un hoyuelo en su mejilla derecha.
– Estoy loca por ese cerdito -sacudio la cabeza y comenzo a reir tontamente otra vez.
En otra parte de la casa, Georgeanne cerro el agua y a John dejo de latirle el corazon. Trago saliva.
– ?Mierda! -susurro.
La risa de Lexie se detuvo escandalizada.
– Esa es una palabra fea.
– Lo siento -mascullo el, observandola atentamente bajo el maquillaje. Sus largas pestanas se rizaban en los extremos. Cuando era nino, se habian burlado sin piedad de John por tener unas pestanas como esas. Luego miro fijamente los ojos azul oscuro. Unos ojos como los suyos. Una corriente electrica lo atraveso y sintio como si hubiera metido los dedos en un enchufe. Ya sabia por que Georgeanne se habia comportado de manera tan extrana la noche anterior. Habia tenido un hijo suyo. Una ninita.
«Su hija».
– Mierda.
Capitulo 7
Georgeanne se desenrollo la toalla de la cabeza y la lanzo sobre la cama. Iba a coger el cepillo del tocador,
