arquitecto de Seattle y a un disenador de interiores para redisenarla desde los flotadores hasta arriba. Cuando terminaron el trabajo, John poseia una casa flotante de tres dormitorios, con techo de cristal y varios balcones y ventanas alrededor. Hasta hacia dos horas, la casa flotante le parecia perfecta. Pero mientras metia la llave en la pesada puerta de madera para abrirla no se sentia seguro de que fuera el lugar adecuado para una nina.

«Lexie es mia. Espero que te vayas y te olvides de nosotras». Las palabras de Georgeanne retumbaban en su cabeza, espoleando su resentimiento y enardeciendo la colera que bullia en su interior.

Las suelas de los zapatos de John resonaron en la dura madera recien encerada del suelo de la entrada, pero se apagaron en cuanto atraveso las lujosas alfombras. Coloco la foto de Lexie en una mesita de roble para cafe que, al igual que el suelo, habia sido encerada el dia anterior por el servicio de limpieza que habia contratado. Uno de los tres telefonos que tenia en el escritorio del comedor comenzo a sonar y, despues de tres timbrazos, recogio la llamada uno de los tres contestadores automaticos. John se quedo inmovil, pero cuando oyo la voz de su agente recordandole el horario de vuelo del dia siguiente volvio a recordar otra vez los acontecimientos de las ultimas dos horas. Se movio hacia una puerta corredera y miro mas alla de la cubierta.

«Olvidate de Lexie». Ya que sabia de la existencia de su hija, no habia ninguna posibilidad de que pudiera olvidarla. «No la compartire contigo». John miro fijamente un par de kayaks que surcaban la brillante superficie del lago, luego, de repente, se giro y se encamino al comedor. Tomo uno de los telefonos, se sento tras el escritorio de caoba y marco el numero de telefono de la casa de su abogado, Richard Goldman. Cuando tuvo a Richard al telefono le explico la situacion.

– ?Estas seguro de que la nina es tuya? -pregunto el abogado.

– Si -atraveso con la mirada la sala de estar hasta la foto de Lexie que habia dejado sobre la mesita de cafe. Le habia dicho a Georgeanne que esperaria hasta el viernes para contactar con un abogado, pero no veia ninguna ventaja en esperar-. Estoy seguro.

– Es una autentica sorpresa.

El tenia que saber cual era su situacion legal.

– Exponme mis derechos.

– ?No crees que este dispuesta a dejarte ver otra vez a la nina?

– No. Fue muy clara al respecto. -John cogio un pisapapeles de piedra, lo lanzo al aire para atraparlo con la mano-. No quiero quitarle la nina a su madre. No quiero lastimar a Lexie, pero quiero poder verla. Quiero llegar a conocerla y quiero que ella me conozca.

Hubo una larga pausa antes de que Richard dijera:

– Yo estoy especializado en derecho mercantil, John. Lo unico que puedo hacer es darte el nombre de un buen abogado de familia.

– Para eso te llame. Quiero al mejor.

– Entonces te pondre en contacto con Kirk Schwartz. Esta especializado en custodias de ninos y es bueno. Es el mejor.

– Mami, Amy tene una Skipper de Pizza Hut como la mia, y jugamos a que las dos Skippers trabajaban en un Pizza Hut y se peleaban con Todd.

– Hum.

Georgeanne giro el mango de su tenedor Francis I, enroscando los espaguetis alrededor de los dientes. Dio varias vueltas a la pasta mientras clavaba los ojos en la panera que habia en el centro de la mesa. Como si fuera la superviviente de una batalla sangrienta estaba exhausta, pero a la vez inquieta.

– Hicimos vestidos a nuestras Skippers con kleenex, y la mia era una princesa, y conducia una caja vacia que encontre como si fuera un coche. Pero no deje que Todd condujera porque no tenia carnet, como mi Skipper y la de Amy.

– Hum. -Una y otra vez, Georgeanne volvia a recordar lo sucedido aquella manana. Trataba de recordar lo que habia dicho John exactamente y la forma en que lo habia hecho. Intentaba acordarse de que respuestas le habia dado, pero no podia recordarlas todas. Estaba cansada, confundida y asustada.

– Barbie era nuestra mama y Ken nuestro papa y fuimos al parque de atracciones Fun Forest y merendamos en el campo donde esta esa fuente tan grande. Y como teno zapatos magicos pude volar mas alto que aquel edificio. Vole hasta el techo.

Siete anos atras habia tomado la decision correcta. Estaba segura.

– Pero Ken se emborracho y Barbie tuvo que llevarlo a casa.

Georgeanne contemplo como Lexie succionaba un espagueti entre los labios. Tenia la cara lavada y los ojos azul oscuro brillaban por la excitacion con la que contaba su historia.

– ?Que? ?De que estas hablando? -pregunto Georgeanne.

Lexie se lamio las comisuras de los labios, y trago.

– Amy dice que su papa bebe cerveza en Seahawks y que por eso su mama tiene que llevarlo a casa. Deberian multarlo -anuncio Lexie mientras enroscaba mas espaguetis en el tenedor-. Amy dice que se pasea en ropa interior y se rasca el culo.

Georgeanne fruncio el ceno.

– Eso tambien lo haces tu -le recordo a su hija.

– Si, pero el es mayor y yo soy solo una nina. -Lexie encogio los hombros y tomo un poco de pasta. Un espagueti le colgaba encima de la barbilla, metio las mejillas hacia adentro y lo succiono entre los labios.

– ?Le has preguntado a Amy sobre su papa ultimamente? -pregunto Georgeanne con cautela. De vez en cuando, Lexie preguntaba cosas sobre papas e hijas, y Georgeanne trataba de contestarle. Pero Georgeanne se habia criado solo con su abuela y no tenia respuestas para todo.

– No -contesto Lexie despues de meterse mas espagueti en la boca-. Solo me dice algunas cosas.

– Por favor, no hables con la boca llena.

Lexie entorno los ojos, cogio el vaso de leche y se lo llevo a los labios. Despues dejo el vaso sobre el mantel.

– Vale, pero no me hagas preguntas cuando estoy comiendo.

– Ah, lo siento.

Georgeanne poso el tenedor sobre el plato y las manos sobre el mantel de lino beige. Volvio a pensar en John. No le habia mentido sobre las razones por las que no le habia dicho nada del nacimiento de Lexie. Era cierto que habia pensado que no querria saberlo ni que le hubiera importado. Pero que a el le hubiera importado o no, no habia sido su unica motivacion. La razon principal habia sido mucho mas egoista. Hacia siete anos ella se habia sentido muy sola. Luego tuvo a Lexie y de repente ya no estaba sola. Lexie habia llenado el vacio de su corazon. Tenia una hija que la amaba sin condiciones. Georgeanne queria conservar todo ese amor para ella sola. Habia sido egoista, pero no le habia importado. Habia querido ser la mama y el papa. Se bastaba ella sola.

– No hemos tenido ningun te «rosa» desde hace tiempo. Manana por la manana voy a estar en casa. ?Hacemos un te?

La sonrisa de Lexie curvo el bigote de leche que tenia sobre la boca y asintio con la cabeza vigorosamente, sacudiendo su coleta de arriba abajo.

Georgeanne devolvio la sonrisa a su hija que rozaba las migas del mantel con su dedo menique. Hacia siete anos habia mirado al futuro y no habia vuelto la vista hacia atras. Las cosas les habian ido bien. Era copropietaria de un prospero negocio, pagaba la hipoteca de su casa e incluso el mes anterior se habia comprado un coche nuevo. Lexie estaba sana y era feliz. No necesitaban un papa. No necesitaba a John.

– Cuando termines, ve a mirar si el vestido de chiffon rosa todavia te sirve -dijo Georgeanne mientras recogia el plato y lo llevaba al fregadero.

Ella nunca habia sabido nada de su padre y habia sobrevivido. Nunca habia sabido lo que era sentarse en el regazo de un padre y oir como le palpitaba el corazon bajo su oido. Nunca habia conocido la seguridad de los brazos paternos o el timbre reconfortante de su voz. Nunca habia conocido nada de eso y las cosas no le habian ido mal.

Georgeanne miro por la ventana de encima del fregadero y dirigio una mirada perdida al patio trasero. Nunca lo habia conocido, pero se lo habia imaginado muchas veces.

Recordo cuando se asomaba por encima de las vallas para observar las barbacoas de los vecinos. Recordaba llevar su bicicleta Schwinn azul con el sillin plateado a la gasolinera de Jack Leonard para observarlo cambiar las llantas, fascinada por esas manos grandes tan sucias que siempre limpiaba en una toalla grasienta que colgaba

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