del bolsillo trasero de su sucio mono gris. Recordo que algunas noches estaba sentada sobre el duro y viejo porche de casa de su abuela observando, intrigada y confundida, con una coleta y unos vaqueros rojos, como los hombres de su barrio volvian de trabajar mientras deseaba tener tambien un papa. Habia observado y esperado, y durante todo ese tiempo se habia preguntado que hacian los papas cuando volvian a casa. Se habia preguntado por que no lo sabia.

El sonido de las botas de Lexie sobre el linoleo de la cocina saco a Georgeanne de sus ensonaciones.

– ?Terminaste? -le pregunto, tomando el plato sucio y el vaso vacio de las manos de Lexie.

– Si. ?Puedo ayudarte manana con los pastelitos?

– Por supuesto -contesto Georgeanne colocando el plato y el vaso en el fregadero-. Y creo que eres lo suficientemente mayor para servir el te.

– ?Bien! -Lexie aplaudio con excitacion, luego rodeo con los delgados brazos los muslos de Georgeanne.

– Te quiero -dijo.

– Yo tambien te quiero. -Georgeanne miro hacia abajo, a la coronilla de su hija y coloco la mano sobre la cabeza de Lexie. Su abuela la habia querido, pero su amor no habia sido suficiente para llenar el vacio de su corazon. Nadie lo habia podido llenar hasta que llego Lexie.

Georgeanne acaricio con la mano la espalda de Lexie arriba y abajo. Estaba muy orgullosa de todo lo que habia logrado. Habia aprendido a vivir con la dislexia en vez de avergonzarse de ella. Habia trabajado muy duro para superarse a si misma, y todo lo que tenia, todo en lo que se habia convertido, lo habia conseguido por si misma. Y era feliz

Pero, queria mas para su hija. Queria lo mejor.

Capitulo 8

Cuando musculo, hueso y obstinada determinacion colisionaron y los palos de hockey golpearon el hielo, el rugido de miles de freneticos aficionados lleno el salon de John. En la television panoramica, Pavel «Torpedo ruso» Bure golpeo al defensa Jay Wells en la cara tirando al gran jugador de Nueva York al hielo.

– Demonios, ese Bure es una pasada. -Una sonrisa de admiracion curvo los labios de John cuando se dirigio a sus tres invitados: Hugh «Cavernicola» Miner, Dmitri «Tronco» Ulanov y Claude «Enterrador» Dupre.

Sus tres companeros de equipo se habian dejado caer en la casa flotante de John para ver el partido de los Dodgers contra los Atlanta Braves en su enorme television. Solo habian visto dos juegos antes de asentir colectivamente diciendo:

– ?Y ganan mas dinero que nosotros haciendo lo mismo! -y entonces habian metido el video de la Copa Stanley de 1994 en el reproductor.

– ?Viste las orejas de Bure? -pregunto Hugh-. En verdad tiene las orejas grandes.

Mientras la sangre de Jay Wells le corria por la nariz rota, Pavel, con los hombros caidos, salia de la pista de patinaje, expulsado por juego sucio.

– Y patina como una nina -agrego Claude con su suave acento francocanadiense-. Pero no es tan penoso como Jagr que es marica perdido.

Dmitri entrecerro los ojos delante del televisor mientras su compatriota, Pavel Bure, era escoltado al vestuario.

– ?Jaromir Jagr es marica? -pregunto, refiriendose al lateral estrella de los Pittsburgh Penguin.

Hugh sacudio la cabeza al tiempo que esbozaba una amplia sonrisa, luego hizo una pausa y miro a John.

– ?Que opinas tu, «Muro»?

– No, Jagr golpea demasiado fuerte para ser marica -contesto con indiferencia-. Solo lo parece.

– Ya, pero lleva puestas todas esas cadenas de oro al cuello -sostuvo Hugh, que tenia fama de decir disparates para llamar la atencion-. Puede ser que Jagr sea marica o fan de Mr. T.

Dmitri se dio por aludido y senalo los tres collares de oro que llevaba al cuello.

– Esto no quiere decir que se sea marica.

– ?Quien es Mr. T? -quiso saber Claude.

– ?No viste nunca El equipo A en la tele? Mr. T es el negro grandote con cresta mohawk y todas esas joyas de oro -explico Hugh-. George Peppard y el trabajaban para el gobierno haciendo explotar cosas.

– Llevar cadenas no significa que uno sea marica -insistio Dmitri.

– Tal vez no -concedio Hugh-. Pero se de buena tinta que llevar tantas cadenas tiene que ver con el tamano del pene de un tio.

– Chorradas -se mofo Dmitri.

John se rio entre dientes y estiro el brazo sobre el respaldo del sofa beige de cuero.

– ?Y tu como lo sabes, Hugh? ?Has mirado a escondidas?

Hugh se levanto en toda su altura y apunto con la lata de Coca Cola vacia a John. Entorno los ojos mientras curvaba los labios en una sonrisa. John conocia esa expresion. La habia visto centenares de veces antes de que «Cavernicola» saliera a aniquilar y patear literalmente las visceras de cualquier jugador contrario que le desafiara patinando demasiado cerca de la linea de gol de su porteria.

– Me he duchado con tios toda mi vida y no tengo que mirar a hurtadillas para saber que los tios que cargan con tanto oro estan compensando la falta de pene.

Claude se rio y Dmitri nego con la cabeza.

– No es verdad -dijo.

– Si que lo es, «Tronco» -le aseguro Hugh, caminando hacia la cocina-. En Rusia llevar kilos de cadenas de oro puede significar que eres un machote, pero ahora estas en America y no puedes pasearte por ahi haciendo ver que tienes un pene pequeno. Tienes que aprender estas cosas para no tener que avergonzarte luego.

– O si quieres tener citas con mujeres americanas -anadio John.

Sono el timbre de la puerta cuando Hugh pasaba por la entrada.

– ?Quieres que abra? -pregunto.

– Claro. Probablemente sea Heisler -contesto John, refiriendose a la mas reciente adquisicion de los Chenooks-. Dijo que a lo mejor se pasaba.

– John. -Dmitri atrajo su atencion y se inclino hacia delante sobre el borde de la silla de cuero-. ?Es verdad? ?Las mujeres americanas piensan que llevar muchas cadenas significa que tienes un pene pequeno?

John hizo un esfuerzo para no reirse.

– Si, «Tronco». Va en serio. ?Te cuesta tener citas?

Dmitri se quedo perplejo y se arrellano en la silla otra vez.

Sin poder aguantarse mas, John estallo en carcajadas. Miro a Claude, quien tambien encontraba hilarante la confusion de Dmitri.

– Eh…, «Muro». No es Heisler.

John miro por encima del hombro, y su risa murio cuando vio a Georgeanne parada en la entrada del salon.

– Si interrumpo algo, puedo venir mas tarde -paseo la vista de un hombre a otro y dio varios pasos hacia atras, hacia la puerta.

– No. -John se puso rapidamente en pie, sorprendido por su repentina aparicion. Alcanzo el mando de la mesita de cafe y apago el televisor-. No. No te vayas -dijo, lanzando el mando al sofa.

– Esta claro que estas ocupado y que deberia haber llamado. -Miro a Hugh parado a su lado, luego se volvio para mirar a John-. Bueno, en realidad llame, pero no contestaste. Luego recorde que me dijiste que nunca contestabas al telefono, asi que aproveche la oportunidad y conduje hasta aqui, y… bueno, lo que queria decir era… -Movio la mano en el aire y aspiro profundamente-. Ya se que aparecer sin avisar es increiblemente grosero pero, ?puedo robarte un minuto?

Era obvio que se sentia aturdida por ser el centro de atencion de cuatro grandes jugadores de hockey. John casi sintio lastima por Georgeanne. Casi. Pero no podia olvidar lo que le habia hecho.

– No hay ningun inconveniente -le dijo, rodeando el sofa y caminado hacia ella-. Podemos ir arriba al desvan o salir a la cubierta de delante.

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