– Fue hace mucho tiempo. Y ademas, quien este libre de pecado, que tire la primera piedra, ?no crees?
– ?Que se supone que quieres decir?
– Quiero decir que cualquier mujer que se haya acostado con Bruce Nelson no tiene derecho a juzgar a nadie.
Mae cruzo los brazos y se hundio mas en el sofa.
– No era tan malo -se quejo.
– ?En serio? Era el nino mimado de mama y solo saliste con el porque lo podias tratar mal, igual que al resto de los hombres con los que sales.
– Por lo menos yo tengo una vida sexual normal.
Habian tenido esa misma conversacion muchas veces. Mae consideraba que la falta de sexo de Georgeanne era algo enfermizo y Georgeanne consideraba que Mae deberia practicar y decir la palabra «no» mas a menudo.
– Sabes, Georgeanne, la abstinencia no es normal y un dia de estos vas a explotar -predijo-. Y Bruce no era un mimado, era un encanto.
– ?Encanto? Tenia treinta y ocho anos y aun vivia en casa de su madre. Me recordaba a mi primo tercero, Billy Earl de San Antonio. Billy Earl estuvo viviendo con su madre hasta que se murio, pero era tan retorcido como el que mas. Robaba gafas por si llegaba a tener astigmatismo. Lo que, claro esta, nunca paso porque todos mis parientes tienen la vista perfecta. Mi abuela solia decir que debiamos rezar por el. Debiamos rezar para que nunca tuviera caries o las personas con dentadura postiza no estarian a salvo de Billy Earl.
Mae se rio.
– Te lo estas inventando.
Georgeanne levanto la mano derecha.
– Es cierto, te lo juro. Billy Earl era asi. -Volvio la mirada al cojin que tenia en el regazo y paso los dedos sobre las flores blancas bordadas-. De cualquier manera, estaba claro que te gustaba Bruce o no te habrias acostado con el. Algunas veces nuestros corazones hacen la eleccion por nosotras.
– Oye. -Mae palmeo el respaldo del sofa con la mano para captar la atencion de Georgeanne. Cuando levanto la vista, Mae le dijo-: No me gustaba Bruce. Sentia lastima por el y llevaba sin sexo mucho tiempo, y si, lo reconozco, es una razon malisima para acostarse con un hombre. No la recomendaria. Si parecio que te estaba juzgando, lo siento. No queria hacerlo, te lo juro.
– Lo se -dijo Georgeanne suavemente.
– Bien. Ahora, dime. ?Como conociste a John Kowalsky?
– ?Quieres la historia completa?
– Si.
– De acuerdo. ?Recuerdas que cuando nos conocimos llevaba puesto un pequeno vestido rosa?
– Si. Suponia que te ibas a casar con Virgil Duffy con ese vestido.
– Eso es. -Hacia anos Georgeanne le habia contado a Mae todo lo referente a su boda con Virgil, pero se habia saltado toda la parte de John. Ahora se la conto. Todo. Todo, excepto los detalles privados. Nunca habia sido de ese tipo de personas que hablaba con franqueza y libertad sobre el sexo. Nunca se le hubiera ocurrido discutir de eso con su abuela y todo lo que sabia lo habia aprendido en la clase de salud del colegio o de novios ineptos que tampoco sabian nada del tema ni se preocuparon de si ella disfrutaba o no.
Luego habia conocido a John y le habia ensenado cosas que no habia pensado que fueran fisicamente posibles hasta esa noche. La habia hecho arder bajo sus manos y su boca hambrienta, devolviendole todas las caricias cuando se lo pidio al oido. El habia conseguido que lo deseara y, desde ese momento, habia hecho todo lo que le pidio y algunas cosas mas.
Incluso ahora no queria pensar en esa noche. Ya no reconocia a la joven que habia ofrecido su cuerpo y su amor tan facilmente. Esa mujer ya no existia y no tenia ninguna razon para recuperarla.
Pasando por alto los detalles morbosos, le conto a Mae la conversacion que habia tenido con John esa manana y el acuerdo al que habian llegado en su casa flotante.
– No se como van a salir las cosas, solo espero que Lexie no salga herida -concluyo, repentinamente agotada.
– ?Que le vas a decir a Charles? -pregunto Mae.
– No lo se -contesto, abrazandose al cojin y apoyando la cabeza contra el respaldo del sofa para mirar fijamente el techo-. Solo he salido con el dos veces.
– ?Vas a volver a salir con el?
Georgeanne penso en el hombre con el que habia salido el mes pasado. Lo habia conocido cuando contrato los servicios Catering Heron para el decimo cumpleanos de su hija. La habia llamado al dia siguiente y habian quedado para cenar en Las Cuatro Estaciones. Georgeanne sonrio.
– Espero que si.
– Entonces lo mejor es que se lo digas.
Charles Monroe estaba divorciado y era el hombre mas agradable con el que Georgeanne habia salido. Era propietario de una emisora de television por cable, tenia una posicion economica desahogada y una sonrisa maravillosa que iluminaba sus ojos grises. No vestia demasiado bien. No era un chico
Charles nunca la acorralaba ni presionaba, le daba tiempo, y Georgeanne creia que podia involucrarse en una relacion mas profunda con el. Le gustaba bastante y, lo mas importante, Lexie ya lo habia conocido y tambien le gustaba.
– Creo que se lo dire.
– Y yo creo que no le va a gustar la noticia -predijo Mae.
Georgeanne giro la cabeza de golpe y miro a su amiga.
– ?Por que?
– Porque aunque odio a los hombres violentos, John Kowalsky es un machote y Charles se morira de celos. Podria llegar a pensar que todavia hay algo entre tu y ese jugador de hockey.
Si Charles se enfadaba con ella, seria solo porque le habia contado la historia que se habia inventado sobre el padre de Lexie y no la verdad. No le preocupaba que se pusiera celoso.
– Charles no tiene de que preocuparse -dijo con la seguridad de una mujer que daba por hecho que no habia ni la mas remota posibilidad de que pudiera liarse con John otra vez-. Ademas, aunque yo fuera tan tonta para creer que podria volver a tener algo con John, este me odia. Ni siquiera soporta mirarme. -La idea de que ocurriera algo entre ella y John era tan absurda que ni siquiera malgasto el tiempo en pensarlo-. Le dire a Charles que ire el jueves a comer con el.
Cuando cuatro dias despues se encontro con Charles en un pequeno restaurante de la calle Madison, no surgio el momento de contarselo. Antes de que pudiera explicarle lo que sucedia con John, Charles le propuso algo que la dejo sin palabras.
– ?Que opinas de presentar un programa en la tele local? -le pregunto entre emparedados de pastrami y ensalada de col-. Una especie de Martha Stewart del noroeste. Lo hariamos el sabado entre las doce y media y la una. Poco despues del
– No puedo ponerme a ordenar la cocina -susurro, conmocionada de pies a cabeza.
– Era solo una idea. Confio en ti. Tienes un talento natural y quedarias genial en la television.
Georgeanne se llevo una mano al pecho, y le salio una voz chillona cuando contesto:
– ?Yo?
– Si, tu. Cuando lo discuti con mi gerente, penso que era una gran idea. -Charles le dirigio una sonrisa alentadora y ella casi se creyo que podria ponerse delante de una camara de television y presentar un programa. La oferta de Charles atraia su faceta mas creativa, pero se interpuso la realidad. Georgeanne era dislexica. Habia aprendido a compensarlo, pero si no se fijaba bien todavia leia mal. Y si estaba nerviosa, tenia que detenerse a pensar que era correcto y que no. Y ademas estaba lo de su peso. Sabia que una camara anadia cinco kilos. Y claro, Georgeanne, que consideraba que ya tenia varios kilos de mas, no queria imaginarse como quedaria con otros cinco, o sea que no podia aparecer en television leyendo palabras que no existian y pareciendo gorda. Y
