conmigo!

La mirada de Georgeanne se volvio hacia el.

– No tienes por que hacerlo, John.

– Quiero hacerlo -y coloco el zumo sobre la mesa.

Dejando sobre la mesa el plato de los pepinillos, Georgeanne dijo:

– Ire con vosotros.

– No. -Necesitaba y queria pasar un tiempo a solas con su hija-. Lexie y yo podremos arreglarnos solos.

– Pero no creo que sea una buena idea.

– Pues creetelo.

Con rapidez miro por encima del hombro a Lexie que estaba arrodillada desenredando la cuerda de la cometa. Agarro a John del brazo y lo alejo varios metros.

– Bueno, pero no demasiado lejos -dijo, deteniendose delante de el. Se puso de puntillas y miro por encima del hombro de John hacia los demas.

Le susurro algo acerca de Lexie, pero en realidad no la estaba escuchando. Estaba tan cerca que podia oler su perfume. Bajo la mirada a los delgados dedos posados sobre su biceps. Lo unico que separaba esos pechos plenos de su torax era un escaso centimetro.

– ?Que quieres? -le pregunto, levantando la mirada del brazo al pequeno hueco de su garganta. Ella era todavia una coqueta.

– Lo que te he dicho. -Bajo la mano y se dejo caer sobre los talones.

– Por que no me lo repites, pero manteniendo tus senos fuera de la conversacion.

Una arruga aparecio entre sus cejas.

– ?Mis que? ?De que estas hablando?

Parecia realmente perpleja, John casi se trago aquella expresion inocente. Casi.

– Si quieres hablar, no me distraigas con tu cuerpo. A menos que, claro este, quieras que acepte la invitacion.

Ella nego con la cabeza, disgustada.

– Estas enfermo, John Kowalsky. Si puedes apartar los ojos del escote de mi vestido y la mente de la bragueta, tenemos algo mas importante que discutir que esas absurdas fantasias tuyas.

John se balanceo sobre los talones y la miro a la cara. El no estaba enfermo. Al menos eso creia. No estaba tan enfermo como algunos tios que conocia.

Georgeanne ladeo la cabeza.

– Quiero que recuerdes lo que me prometiste.

– ?Que promesa?

– No decir a Lexie que eres su padre. Se lo tengo que decir yo.

– Vale -dijo el, quitandose las gafas de sol bruscamente para meter media patilla en el bolsillo delantero de los vaqueros y dejar que le colgaran sobre la cadera-. Quiero recordarte que Lexie y yo vamos a conocernos. A solas. La llevo a volar la cometa y no lo haremos en diez minutos.

Ella se lo penso un momento, luego dijo:

– Lexie es demasiado timida. Me necesitara.

John dudaba que Lexie tuviera ni una pizca de timidez en todo su pequeno cuerpo.

– No digas estupideces, Georgie.

Georgeanne entrecerro los ojos verdes.

– Pero no vayas donde no te pueda ver.

– Que crees que voy a hacer, ?secuestrarla?

– No -dijo ella, pero John sabia que ella no confiaba en el mas de lo que el confiaba en ella y podia comprender lo que sentia.

– No iremos demasiado lejos. -El se volvio hacia los demas. Le habia contado a Hugh todo sobre Georgeanne y Lexie, y sabia que podia contar con la discrecion de su amigo-. ?Estas lista, Lexie? -pregunto.

– Si. -Estaba parada con la cometa en la mano. Luego los dos se dirigieron hacia un extenso espacio cubierto de hierba donde estaba la gente que lanzaban los Frisbees. Despues de que Lexie enredara los pies en la cola de la cometa por segunda vez, John se la cogio. La coronilla de la nina apenas le llegaba a la cintura y se sintio enorme al andar a su lado. Por segunda vez ese dia no supo que decir y apenas abrio la boca. Pero en ese momento tampoco necesitaba hablar.

– El ano pasado, cuando era pequena y estaba en la guarderia… -Su hija empezo a hablar, y procedio a nombrarle cada nino de su clase, a contarle si poseian o no una mascota y a describir de que raza eran.

»Y tene tres perros. -Sostuvo en alto tres dedos-. Y eso no es justo.

John miro por encima del hombro, calculo que habian caminado unos cien metros y se detuvo.

– Creo que este es un buen sitio.

– ?Tene perro?

– No. No tengo perro. -El le cogio el carrete de la cometa y empezo a soltar cuerda.

Ella meneo la cabeza con tristeza.

– Yo tampoco teno, pero quiero un dalmata -dijo, sujetando cada lado del mango-. Uno grande con montones de lunares.

– Manten la cuerda tirante. -Sujeto la cometa rosa por encima de la cabeza y sintio el tiron suave de la brisa.

– ?No teno que correr?

– No, hoy no. -El movio la cometa a la izquierda y el viento la arrastro con mas fuerza-. Ahora camina hacia atras, pero no sueltes la cuerda hasta que te diga. -Ella asintio con la cabeza y parecia tan seria que casi se rio.

Despues de diez intentos, la cometa se levanto unos seis metros en el aire.

– Ayudeme. -Ella estaba asustada y levantaba la cara hacia el cielo-. Se va a caer otra vez.

– Esta vez no -le aseguro mientras iba hacia ella-. Y si lo hace, la volveremos a izar.

Ella sacudio la cabeza y se le cayo el sombrero vaquero al suelo.

– Se volvera a caer. Lo se. ?Cojala! -Le paso con brusquedad el carrete.

John se arrodillo sobre una pierna a su lado.

– Puedes hacerlo -le dijo, y cuando ella se recosto contra su pecho, el sintio que el corazon se le detenia unos momentos-. Tienes que ir soltando la cuerda lentamente. -John se quedo mirando su cara mientras ella miraba como la cometa se elevaba mas alto. Su expresion paso rapidamente del temor al deleite.

– Lo hice -susurro ella y lo miro por encima del hombro.

Su aliento suave le rozo la mejilla y se le metio rapidamente en lo mas profundo del alma. Un momento antes se le habia detenido el corazon. Ahora se le hincho. Sintio como si un globo se le estuviera inflando bajo el esternon haciendose cada vez mas grande, y tuvo que apartar la mirada. Miro a otras personas volando cometas a su alrededor. Miro a los padres, a las madres y a los ninos. Familias. De nuevo era padre. «Pero ?por cuanto tiempo esta vez?», era la cinica pregunta que le hacia el subconsciente.

– Lo hice, senor «Muro» -susurro, como si levantar la voz fuera a hacer que su cometa chocara con el suelo.

Volvio a mirar a su hija.

– Mi nombre es John.

– Lo hice, John.

– Si, lo hiciste.

Ella sonrio.

– Me gustas.

– Tu tambien me gustas, Lexie.

Ella contemplo su cometa.

– ?Tenes ninos?

La pregunta lo cogio por sorpresa y espero un momento antes de contestar:

– Si. -No iba a mentirle, pero no estaba preparada para oir la verdad y, por supuesto, se lo habia prometido a Georgeanne-. Tuve un ninito, pero murio cuando era un bebe.

– ?Por que?

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