que le ofrecia mas que torrida pasion. Mas que una funcion de una sola noche.

El beso acabo y Charles le escruto los ojos.

– Sonabas preocupada por telefono.

– Es que lo estoy, un poco -confeso. Lo tomo de la mano y se sentaron juntos en el sofa-. ?Recuerdas que te dije que el padre de Lexie estaba muerto?

– Si, abatieron su F-16 durante la Guerra del Golfo.

– Bueno, puede que haya embellecido un poquito la historia, eh…, en realidad, la embelleci bastante -respiro hondo y le conto todo lo que concernia a John. Empezo con su encuentro hacia siete anos y acabo con el picnic de aquella tarde. Cuando termino, Charles no parecia contento y Georgeanne temio haber estropeado su relacion.

– Podias haberme dicho la verdad desde el principio -dijo.

– Puede, pero esa mentira ha pasado a formar parte de mi vida, ni siquiera me planteaba si era verdad o no. Ademas, cuando me encontre de nuevo con John, pense que se aburriria y se cansaria de jugar a ser papa, entonces no tendria que decirselo ni a Lexie ni a nadie.

– ?Y ahora no crees que se vaya a cansar de Lexie?

– No. Hoy en el parque estuvo muy atento con ella y quiso que quedaramos de nuevo para llevarla a la exhibicion de Central Science Pacific la semana que viene. -Ella sacudio la cabeza-. No, no creo que se vaya a aburrir.

– ?Y como te afectara eso?

– ?A mi? -pregunto, mirandole a los ojos grises.

– Forma parte de tu vida. Lo veras de vez en cuando.

– Claro. Tambien tu ex esposa forma parte de la tuya.

El bajo la mirada.

– No es lo mismo.

– ?Por que?

El esbozo una media sonrisa.

– Porque encuentro a Margaret muy poco atractiva. -No estaba enfadado. Estaba celoso, tal y como habia predicho Mae-. Y John Kowalsky es un tio muy guapo.

– Tu tambien lo eres.

Charles le cogio la mano.

– Tienes que decirme si voy a tener que competir con un jugador de hockey.

– No seas ridiculo. -Georgeanne se rio ante tal disparate-. John y yo nos odiamos mutuamente. En una escala del uno al diez, le pongo menos treinta. Es como la peste.

El sonrio y la acerco a su lado.

– Tienes una forma unica de expresarte. Es una de las cosas que mas me gustan de ti.

Georgeanne apoyo la frente en su hombro y suspiro aliviada.

– Tenia miedo de perder tu amistad.

– ?Es eso lo que soy para ti? ?Un amigo?

Lo miro.

– No.

– Bien. Quiero de ti algo mas que amistad. -Le rozo la frente con los labios-. Podria enamorarme de ti.

Georgeanne sonrio y deslizo la mano desde el pecho al cuello de Charles.

– Yo tambien podria enamorarme de ti -le dijo, luego lo beso. Charles era exactamente el tipo de hombre que necesitaba. Honesto y sensato. Aunque las freneticas carreras y las vidas ocupadas de ambos no les permitian estar tanto tiempo juntos y a solas como desearian. Georgeanne trabajaba los fines de semana y si tenia una noche libre se quedaba con Lexie. Charles no solia trabajar ni las tardes ni los fines de semana. Con aquellos horarios tan dificiles solo podian quedar para almorzar. Tal vez fuera el momento de cambiar eso. Tal vez fuera hora de quedar para desayunar. Solos. En el Hilton. En la suite 231.

Georgeanne cerro la puerta de su oficina, dejando fuera el zumbido de las batidoras y las voces de sus empleados. Al igual que su casa, la oficina que compartia con Mae estaba llena de flores y lazos. Y fotos. Habia docenas de fotos por toda la habitacion. La mayoria eran de Lexie, algunas de Mae y Georgeanne juntas en diferentes encargos de caterings. Tres eran de Ray Heron. El difunto hermano gemelo de Mae aparecia muy arreglado en dos de las fotos, mientras que en la tercera llevaba unos vaqueros y un sueter fucsia. Georgeanne sabia que Mae anoraba a su gemelo y que pensaba en el a diario, pero tambien sabia que el dolor de Mae ya no era tan profundo como habia sido. Lexie y ella habian llenado el lugar que habia quedado vacio tras la muerte de Ray, y Mae se habia convertido en una hermana para ella y una tia para Lexie. Las tres formaban una familia.

Se acerco a la ventana y levanto la persiana dejando entrar la luz del sol de la tarde. Coloco un contrato de tres paginas sobre el escritorio y se sento. No esperaba a Mae hasta mas tarde y Georgeanne aun tenia una hora libre antes de la comida con Charles. Se concentro en la lectura de las detalladas listas releyendolas varias veces para asegurarse de que no se perdia nada importante. Cuando llego al meollo del asunto, agrando los ojos con sorpresa y se corto un dedo con el borde del papel. Si la senora Fuller queria que su fiesta de cumpleanos de septiembre tuviera un aire medieval, no cabia duda de que iba a tener que pagar mucho dinero. Se chupo el dedo distraidamente y releyo el presupuesto de esa comida tan rara. Tendrian que contratar a la Sociedad Medieval y transformar el patio trasero de la senora Fuller en una feria medieval. Supondria un monton de dinero y trabajo.

Georgeanne bajo la mano y suspiro profundamente mientras ojeaba el menu especial. Normalmente le encantaban ese tipo de retos. Se divertia ideando acontecimientos extraordinarios y planificando menus inusuales. Amaba la sensacion de triunfo que obtenia al final cuando todo estaba recogido y guardado en las furgonetas. Pero en ese momento no se sentia asi. Estaba cansada y no estaba demasiado dispuesta a servir un catering para mas de cien personas. Esperaba estar a punto en septiembre. Tal vez entonces su vida estaria mas tranquila, ya que durante las ultimas dos semanas, desde el dia que John habia vuelto a su vida, se habia sentido como en una montana rusa. Desde el picnic en el parque, el las habia llevado al Acuario de Seattle y tambien al restaurante favorito de Lexie, el Iron Horse. En las dos ocasiones la tension habia sido palpable, pero al menos en las oscuras estancias del acuario, Georgeanne no habia tenido que pensar en nada mas agobiante que tiburones y focas. En el Iron Horse habia sido diferente. Mientras esperaban que les llevaran las hamburguesas -que llegaron a la mesa transportadas por un trenecito-, los intentos de una conversacion educada habian sido nefastos. Se paso todo el tiempo conteniendo el aliento y esperando todo tipo de pullas. La unica vez que sintio que podia respirar fue cuando unos admiradores se acercaron a la mesa para pedir el autografo de John.

Si las cosas estaban tensas entre Georgeanne y John, Lexie no parecia notarlo en absoluto. Lexie habia conectado de inmediato con su padre, lo que no extrano a Georgeanne. La nina era amistosa, extrovertida y le gustaba estar con la gente. Sonreia, se reia con facilidad y daba por supuesto que todo el mundo pensaba que ella era lo mas maravilloso que habia sucedido en el mundo desde la invencion del velero. Y era mas que evidente que John estaba de acuerdo con ella. La escuchaba con atencion, incluso cuando repetia las mismas historias sobre perros y gatos una y otra vez, y reia el chiste del elefante que ni era bueno ni, por supuesto, gracioso.

Georgeanne dejo a un lado el contrato y cogio la cuenta del electricista que habia estado arreglando durante dos dias la ventilacion de la cocina. Estaba decidida a que esa situacion con John no la alterara. Lexie se comportaba de igual manera con John que con Charles. Pero habia un riesgo con John que no existia con ningun otro hombre. John era el padre de Lexie y Georgeanne temia lo que implicaba esa relacion. Era una relacion que no podia compartir. Una relacion que nunca habia conocido, que nunca entenderia y que solo podia observar desde lejos. John era el unico hombre que podia amenazar el lazo de union entre Georgeanne y su hija.

Sono un golpe en la puerta al mismo tiempo que se abria. Georgeanne levanto la vista para ver como su cocinera jefe asomaba la cabeza por el quicio de la puerta. Sarah habia sido una buena estudiante universitaria y era una estupenda chef de reposteria.

– Ha llegado un hombre que quiere verte.

Georgeanne reconocio la chispa de excitacion en los ojos de Sarah. En las ultimas dos semanas la habia visto en multitud de mujeres. Seguida frecuentemente de risitas tontas, actuaciones ridiculas y peticiones de autografos. La puerta se abrio de par en par y pudo ver detras de Sarah al hombre que reducia a las mujeres a

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