En su vida se habia enfrentado a cientos de defensas de la NHL. Se habia roto la muneca y el tobillo, la clavicula dos veces, le habian dado cinco puntos en la ceja izquierda, seis en la cabeza y catorce en el interior de la boca. Y esas eran solo las lesiones que podia recordar en ese momento. Despues de recuperarse de cada una de ellas habia agarrado el stick y habia patinado de vuelta al hielo, sin miedo.
– Senor «Muro», ?le gustaria tomar un zumo? -pregunto Lexie mientras se subia al banco.
El miro la parte de atras de las rodillas y las flacas piernas mientras sentia como si alguien le hubiera dado un codazo en la barriga.
– ?De que es el zumo?
– Frambuesa o fresa.
– Frambuesa -contesto. Y Lexie se bajo de un salto y corrio alrededor de la mesa hacia la nevera.?
– Oye, «Muro», deberias probar estos rollitos de salmon -aconsejo Hugh, llenandose la boca mientras se colocaba frente a John y al lado de Georgeanne.
– Me alegro de que te gusten. -Georgeanne se giro hacia Hugh y sonrio, pero no con la sonrisa falsa que le habia dirigido a John-. No estaba segura de haber cortado las rodajas de salmon lo suficientemente finas. Ah, y espera a probar las costillitas. La salsa esta para morirse. -Miro a su amiga que permanecia al otro lado de la mesa-. ?No crees, Mae?
La pequena rubia se encogio de hombros con acritud.
– Claro
Los ojos de Georgeanne se agrandaron mientras clavaba la mirada en su amiga. Luego se volvio a Hugh.
– ?Por que no pruebas el pate mientras trincho un poco de pollo? -No espero la respuesta y cogio un cuchillo grande-. Mientras tanto, ?por que no observas la mesa? Si te fijas, veras una variada coleccion de animalitos vestidos para el picnic.
John cruzo los brazos sobre el pecho y clavo los ojos en un Chia Pig que llevaba gafas de sol y bufanda. Un extrano cosquilleo le bajo por la nuca.
– Lexie y yo pensamos que hoy seria la ocasion perfecta para que exhibiera la coleccion de verano de alta costura para animalitos.
– Ah, ya lo pillo -dijo Mae, cogiendo un pastel del cangrejo.
– ?Alta costura para animalitos? -Hugh sonaba tan incredulo como se sentia John.
– Si. A Lexie le gusta hacer ropa para todos los animales de cristal y porcelana que tenemos en casa. Se que puede sonar raro -Georgeanne continuo hablando al tiempo que cortaba las lonchas-, pero lo hace con interes. La bisabuela Chandler, por parte materna, disenaba ropa para pollos. Siendo del norte, quiza no sepais nada de eso, pero un pollo es una gallina joven. No suelen llegar a adultos… -Hizo una pausa y levanto el cuchillo a quince centimetros de su garganta e hizo el gesto de cortar-. Bueno, ya me entendeis. -Encogio los hombros y bajo el cuchillo otra vez-. Y se la hacia a las gallinas porque no hace falta decir que vestir a los gallos era desperdiciar tiempo y talento siendo como son tan temperamentales. De cualquier modo, la bisabuela solia hacer algunas capas con capuchas a juego para los pollos de la familia. Lexie ha heredado el ojo de la bisabuela para la moda y continua una tradicion familiar avalada por el tiempo.
– ?Estas hablando en serio? -pregunto Hugh mientras Georgeanne echaba las lonchas de pollo encima del plato.
Ella levanto la mano derecha.
– Te lo juro.
Algo se disparo dentro de la cabeza de John y sintio que lo envolvia una sensacion de deja vu.
– Oh, Dios mio.
Georgeanne lo miro por encima de la mesa y el la vio tal como era hacia siete anos, una bella joven que habia divagado sobre gelatina O'Jell y bautistas que se lavaban los pies. Miro los rompedores ojos verdes y esa boca excitante. Recordo aquel cuerpo de infarto con la bata de seda negra. Lo habia vuelto loco con aquellas miradas insinuantes y una voz tan dulce como la miel. Y, aunque odiaba admitirlo, no era inmune a ella.
– Senor «Muro».
John sintio un tiron en la cinturilla de los pantalones y miro hacia abajo, a Lexie.
– Aqui tiene su zumo, senor «Muro».
– Gracias -le dijo y tomo la pequena caja de carton azul de su mano.
– Ya le puse la pajita.
– Si, ya veo. -Se llevo el zumo a la boca y sorbio el jugo por la pajita.
– Esta bueno, ?verdad?
– Mmm -dijo, intentando no hacer una mueca.
– Yo tambien bebo asi.
Ella cogio rapidamente una servilleta de papel para el y John se la cogio con la mano libre. Estaba doblada con una forma que no reconocio.
– Es un conejo.
– Si. Ya lo veo -mintio.
– Teno una cometa.
– ?Si?
– Si, pero no puedo volarla. Mi mama lleva sujetador pero no puede correr. -Meneo la cabeza con tristeza-. Y Mae no puede correr porque no lleva puesto el sujetador.
El silencio cayo sobre la mesa de picnic como una cortina pesada. John levanto la mirada a las dos mujeres del otro lado de la mesa. Ambas estaban paralizadas. Mae sostenia una aceituna negra a medio camino de la boca, mientras, Georgeanne sujetaba el cuchillo en el aire con el trozo de pollo a medio cortar. Tenia los ojos enormes y un brillante rubor le tenia las mejillas.
John tosio en su servilleta-conejo intentando disimular la risa, pero nadie dijo una sola palabra.
Menos Hugh. El se inclino hacia adelante, miro a Georgeanne y luego a su pequena amiga.
– ?Es eso cierto, corazon? -le pregunto con una gran sonrisa.
Ambas mujeres bajaron las manos al mismo tiempo. Georgeanne siguio cortando con rigidez mientras Mae miraba a Hugh con el ceno fruncido.
Hugh o no vio el ceno de Mae o no quiso verlo. John, que conocia a su amigo bastante bien, apostaria por lo ultimo.
– Siempre habia tenido mis reservas sobre la liberacion de la mujer -continuo-. Pero mira, he estado pensando en adherirme al movimiento NOW.
– Los hombres no pueden pertenecer a NOW -le informo Mae secamente.
– Ahi es donde te equivocas. Creo que Phil Donahue es miembro.
– Eso no es cierto -contravino Mae.
– Pues mira, si no lo es, deberia serlo. Es mas feminista que cualquier mujer que conozco.
– Dudo que reconocieras a una feminista aunque te mordiera el culo.
«Cavernicola» sonrio.
– Nunca me ha mordido el culo ninguna mujer, feminista o no. Pero me ofrezco voluntario si lo haces tu.
Cruzando los brazos, Mae dijo:
– Por tu falta de modales, el tamano de tu cuello y el chichon de tu frente, es de suponer que juegas al hockey.
Hugh miro a John y se rio. Que le echaran mierda y que le resbalara era una de las cosas que mas le gustaban a John de Hugh.
– «El chichon de mi frente». -Hugh se rio entre dientes volviendo a mirar a Mae-. Eso ha estado bien.
– ?Juegas al hockey?
– Si. Soy el portero de los Chinooks. Y tu que haces, ?entrenas pitbulls?
– ?Pepinillos? -Georgeanne cogio el plato con el condimento y se lo tendio a Hugh-. ?Los hice yo!
De nuevo John sintio un tiron en el cinturon.
– ?Sabe volar una cometa, senor «Muro»?
El miro hacia abajo, a la cara levantada de Lexie. Tenia los ojos entornados por la luz del sol.
– Podria intentarlo.
Lexie sonrio y le aparecio un hoyuelo en la mejilla derecha.
– Mami -grito, girandose y corriendo a toda prisa al otro lado de la mesa-. ?El senor «Muro» volara la cometa
