tenia que tener en cuenta a Lexie. Georgeanne ya se sentia demasiado mal por la cantidad de tiempo que su hija pasaba con canguros.

Miro los ojos grises de Charles y dijo:

– No, gracias.

– ?Ni siquiera vas a considerar la idea?

– Acabo de hacerlo -dijo, cogiendo su tenedor y pinchando en la ensalada de col. No queria pensar mas sobre eso. No queria pensar en las posibilidades ni en la oportunidad que estaba rechazando.

– ?Ni siquiera quieres saber cuanto te pagare?

– No. -Hacienda se quedaria con la mitad y ella no seria mas que una idiota gordita a la que solo le quedaria la mitad de lo que le pagaban.

– ?Pensaras en ello un poco mas?

Parecia tan decepcionado que le dijo:

– Lo pensare. -Pero sabia que no cambiaria de idea.

Despues del almuerzo la acompano a su coche y una vez que llegaron al Hyundai oscuro, el cogio su llave y la metio en la cerradura.

– ?Cuando nos volveremos a ver?

– Este fin de semana es imposible -dijo, sintiendose un poco culpable por no haber mencionado a John-. ?Por que no venis de visita Amber y tu el martes por la noche y cenais con Lexie y conmigo?

Charles la cogio de la muneca y le dejo las llaves en la palma de la mano.

– Eso suena bien -y alzando la mano, le acaricio el cuello-. Pero quiero verte a solas mas a menudo -luego rozo sus labios con los de el y el beso fue como un descanso en un dia ocupado. Un «ahh» relajante o un largo bano en un jacuzzi. ?Que importaba si sus besos no la volvian loca? No queria un hombre que la hiciera perder el control. No queria que las caricias de un hombre la convirtieran otra vez en una ninfomana delirante. Ya habia pasado por eso y habia salido escaldada.

Ella rozo su lengua con la suya y sintio su rapida inspiracion. La mano de Charles se desplazo a su cintura y la apreto contra su pecho. La envolvio entre sus brazos. El queria mas. Si no hubieran estado en un parking en el centro de Seattle, le podria haber dado lo que le pedia.

Sentia carino por Charles, y con el tiempo tal vez podria enamorarse de el. Habian pasado muchos anos desde que habia hecho el amor. Muchos anos desde que habia estado con un hombre. Cuando se aparto y miro los ojos graves de Charles, penso que ya era hora de cambiar todo eso. Habia llegado el momento de intentarlo de nuevo.

Capitulo 9

– ?Eh, miradme!

Mae levanto la mirada de las servilletas dobladas que tenia en la mano mientras Lexie pasaba corriendo y arrastrando una cometa rosa de Barbie tras ella. Su sombrero vaquero con un girasol enorme en la parte delantera le volo de la cabeza y aterrizo en la hierba.

– Lo haces muy bien -grito Mae. Dejo las servilletas sobre la mesa de picnic y volvio a mirarla con ojo critico. El mantel a rayas azules y blancas se agitaba por la suave brisa y el Pet Chia [4] de Lexie descansaba en el centro de la mesa. El cerdito cubierto de hierba llevaba puestas unas pequenas gafas de sol recortadas de una revista y una brillante bufanda rosa atada alrededor de su cuello-. ?Que tratas de probar? -le pregunto a Georgeanne.

– No trato de probar nada -contesto Georgeanne, colocando una bandeja con rollitos de salmon, pate ahumado y tostadas en un extremo de la mesa. Por alguna razon habia un pequeno gato de porcelana en medio de la bandeja lamiendose las patas. En la cabeza del gato habia un sombrero puntiagudo de fieltro amarillo. Mae, que conocia al dedillo a Georgeanne, sabia que ese picnic se basaba en algo. No sabia aun en que, pero acabaria averiguandolo.

Paso la mirada del gato a la variedad de comida que habia sobre la mesa entre la que vio algunas cosas que se habian servido en caterings la semana anterior. Reconocio los blintzes de queso y la barra de pan challah de la ceremonia del bar mitzva de Mitchell Wiseman. Los pasteles de cangrejo y los canapes ajedrezados provenian de la fiesta anual al aire libre de la senora Brody. Y el pollo asado con costillitas y salsa lo habia servido en la barbacoa de la noche anterior.

– En fin, parece que quieres demostrarle a alguien que sabes cocinar.

– Cogi lo que habia en el congelador del trabajo, eso es todo -contesto Georgeanne.

Pero no, no era cierto. La torre de fruta esmeradamente decorada no la habia traido del trabajo. Las manzanas, las peras y los platanos eran perfectos. Los melocotones y las cerezas habian sido dispuestos con suma meticulosidad y un pajaro de plumas azules con una capa de cachemira miraba hacia abajo desde la percha que descansaba sobre un monticulo de brillantes uvas verdes y purpuras.

– Georgeanne, no tienes que demostrar que eres una triunfadora ni una buena madre. Yo se que lo eres y tu tambien lo sabes. Y como tu y yo somos los unicos adultos de los alrededores que cuentan, ?por que te molestas en impresionar a un jugador de hockey cabezota?

Georgeanne miro el pato de cristal que habia colocado al lado de los canapes.

– Le dije a John que trajera a un amigo, asi que no creo que venga solo. Y no estoy tratando de impresionarle. En serio, no me importa lo que piense.

Mae no discutio. Cogio un monton de vasos de plastico transparente y los coloco en la mesa junto al te helado. Fuera o no su intencion, Georgeanne estaba intentando impresionar al hombre que se habia deshecho de ella en el Sea-Tac siete anos antes. Mae entendia la necesidad que sentia Georgeanne de demostrar que habia tenido exito en la vida. Aunque pensaba que los brownies que Georgeanne habia moldeado con forma de perros era ir demasiado lejos.

Y el aspecto de Georgeanne tambien era demasiado perfecto para un dia en el parque. Mae se preguntaba si estaria tratando de convencer a John Kowalsky de que era tan perfecta como June Cleaver. Tenia el pelo oscuro recogido a ambos lados de la cabeza con unas horquillas doradas. Unos aros dorados le brillaban en las orejas y el maquillaje era perfecto. El vestido verde esmeralda era del mismo color que sus ojos y el esmalte de las unas de las manos era exacto al de las unas de los pies. Se habia quitado las sandalias y el sol arrancaba brillos al fino anillo de oro que llevaba en el tercer dedo del pie.

Estaba demasiado perfecta para ser una mujer a la que no le importaba impresionar al padre de su hija.

Al principio, cuando contrato a Georgeanne, Mae se habia sentido inferior a ella, como un perro cruzado al lado de uno con pedigri. Pero esa sensacion no habia durado demasiado. Georgeanne no podia evitar ser una reina del glamour igual que Mae no podia evitar sentirse comoda con sus camisetas y vaqueros. O con un pantalon corto y un top, como ese mismo dia.

– ?Que hora es? -pregunto Georgeanne mientras se servia un vaso de te.

Mae miro el gran reloj de Mickey Mouse que llevaba en la muneca.

– Las doce menos veinte.

– Quedan veinte minutos. Quiza tengamos suerte y no venga.

– ?Que le has dicho a Lexie? -pregunto Mae, dejando caer unos cubitos de hielo en un vaso.

– Solo le dije que a lo mejor venia John al picnic -Georgeanne se llevo una mano a la frente y observo la carrera de Lexie con la cometa.

Mae cogio la jarra de te y se sirvio.

– ?Que a lo mejor venia al picnic?

Georgeanne encogio los hombros.

– No queria darle demasiadas esperanzas. Y ademas, no estoy convencida de que John quiera formar parte de la vida de Lexie para siempre. No puedo quitarme de la cabeza la idea de que tarde o temprano se cansara de jugar a ser papa. Espero que ocurra lo antes posible, porque si la abandona despues de que lo sepa todo se le rompera el corazon. Ya sabes lo protectora que soy y no dudes que una cosa asi sacaria a la luz mi mal genio. Y naturalmente me sentiria obligada a tomar represalias.

Mae consideraba a Georgeanne una de las mujeres mas bondadosas que conocia a no ser que perdiera los

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