Georgeanne miro a los demas hombres de la habitacion otra vez.

– Creo que la cubierta seria lo mas conveniente.

– Estupendo. -John le senalo una de las puertas correderas que habia en la estancia-. Despues de ti -le dijo y cuando ella paso delante de el, la recorrio lentamente con la mirada. El vestido sin mangas que llevaba era rojo y estaba abotonado hasta la garganta, exponiendo sus hombros suaves y realzandole los pechos. El vestido le rozaba las rodillas y no era especialmente ajustado ni revelador. Pero aun asi lograba reunir todos sus pecados favoritos en un estupendo paquete.

Molesto porque no deberia haber reparado en todo eso, desvio la mirada de sus rizos grandes y suaves que le llegaban hasta los hombros para mirar hacia Hugh. El portero clavo los ojos en Georgeanne como si la conociera pero no pudiera recordar donde la habia visto. Y es que si bien Hugh algunas veces jugaba como si fuera tonto perdido, en realidad no lo era, y no tardaria en recordar que era la novia fugitiva de Virgil Duffy. Claude y Dmitri no jugaban en los Chinooks hacia siete anos y no habian estado en la boda, pero seguramente habian oido toda la historia.

John se movio hacia las puertas correderas y al abrir se echo a un lado para dejar pasar a Georgeanne. Cuando salio, se volvio a la habitacion.

– Estais en vuestra casa -dijo a sus companeros de equipo.

Claude siguio con la mirada a Georgeanne esbozando una sonrisa torcida.

– Tomate el tiempo que quieras -dijo.

Dmitri no dijo nada; no era necesario que lo hiciera. La ausencia de las cadenas de oro decia muchas mas cosas que su tonta sonrisa.

– No tardare demasiado -dijo John con el ceno fruncido, luego salio fuera y cerro la puerta.

Una ligera brisa hacia ondear la bandera azul y verde con una ballena que colgaba desde uno de los balcones mientras las olas mecian suavemente los siete metros y medio de eslora del barco de John. Hacia una tarde brillante y el sol se reflejaba tenuemente en las olas. Un velero surcaba pacificamente el agua. Las personas del barco saludaron a gritos a John y el les devolvio el saludo con la mano automaticamente, pero su atencion estaba centrada en la mujer que permanecia de pie cerca del borde de la cubierta con una mano levantada sobre la frente, contemplando el lago.

– ?Eso es Gas Works Park? -pregunto ella, senalando un punto de la costa de enfrente.

Georgeanne estaba tan bella y seductora que tuvo la maliciosa idea de tirarla al agua.

– ?Viniste a ver que vista tenia del lago?

Ella dejo caer la mano y lo miro por encima del hombro.

– No -contesto, volviendose hacia el-. Queria hablar contigo sobre Lexie.

– Sientate -senalo un par de sillas Adirondack. Cuando ella se sento, el giro la suya para quedar frente a ella.

Con los pies separados y las manos en los reposabrazos John espero que comenzase.

– La verdad es que te estuve llamando. -Lo miro brevemente, luego le deslizo la mirada por el pecho-. Pero saltaba el contestador y no quise dejar un mensaje. Lo que quiero decir es demasiado personal e importante para dejarlo en un contestador automatico y no queria esperar que volvieras del viaje para hablar contigo. Asi que, aun corriendo el riesgo de que no estuvieras en casa, conduje hasta aqui. -Volvio a mirarlo otra vez y luego desvio la mirada a las puertas correderas-. En realidad, lamentaria interrumpir algo importante.

En ese momento John no podia pensar que hubiera nada mas importante que lo que Georgeanne tenia que decirle. Porque le gustara o no lo que tenia que decirle, tendria grandes repercusiones en su vida.

– No estas interrumpiendo nada.

– Bien. -Finalmente ella lo miro con una leve sonrisa en los labios-. ?Y supongo que no reconsiderarias la idea de salir de mi vida y de la de Lexie?

– No -contesto el rotundamente.

– No crei que fueras a hacerlo.

– Entonces ?por que estas aqui?

– Porque quiero lo mejor para mi hija.

– Entonces queremos lo mismo. Aunque no se si coincidiremos exactamente en que es lo mejor para Lexie.

Georgeanne bajo la vista al regazo y aspiro profundamente. Estaba nerviosa, tan nerviosa como un gato mirando la mandibula de un doberman. Esperaba que John no hubiera notado su ansiedad. Necesitaba controlar no solo sus emociones sino la situacion. No podia permitir que John y sus abogados controlaran su vida o decidieran lo que era mas conveniente para Lexie. No podia dejar que las cosas llegaran hasta ahi. Era Georgeanne, no John, la que iba a dictar los terminos del acuerdo.

– Esta manana mencionaste que pensabas hablar con un abogado -comenzo, y deslizo la mirada sobre la camiseta Nike de John, por el fuerte menton oscurecido por la sombra de la barba, y por esos ojos azul oscuro-. Creo que podemos llegar a un acuerdo razonable sin que tengamos que meter a los abogados de por medio. Una batalla en el juzgado afectaria mucho a Lexie y no es eso lo que quiero. No quiero que haya abogados involucrados.

– Entonces dame una alternativa.

– De acuerdo -dijo Georgeanne lentamente-. Creo que Lexie deberia llegar a conocerte como un amigo cercano.

El arqueo una ceja.

– ?Y que mas?

– Y tu puedes llegar a conocerla tambien.

John la miro durante varios segundos antes de preguntar:

– ?Eso es todo? ?Ese es tu «acuerdo razonable»?

Georgeanne no queria hacer esto. No queria decirlo y odiaba que John la estuviera forzando.

– Cuando Lexie te conozca bien y este comoda contigo, y cuando yo crea que es el momento adecuado, le dire que eres su padre -«y mi hija me odiara por haberle mentido», penso ella.

John ladeo la cabeza. No parecia demasiado contento con su proposicion.

– ?Entonces -dijo- se supone que tengo que esperar hasta que «tu» creas que es el momento adecuado para contarle a Lexie quien soy yo?

– Si.

– Dime por que debo esperar, Georgie.

– Ya nadie me llama Georgie -y ya no bromeaba ni coqueteaba para conseguir lo que queria. Ya no era Georgie Howard-. Preferiria que me llamaras Georgeanne.

– No me importa lo que prefieras. -Cruzo los brazos sobre el pecho-. Ahora, dime por que deberia esperar, Georgeanne.

– Va a ser una gran impresion para ella y creo que deberia hacerse tan suavemente como sea posible. Mi hija solo tiene seis anos y estoy segura de que con una batalla legal solo conseguiriamos lastimarla y confundirla. No quiero hacer dano a mi hija pasando por un tribunal…

– Ante todo -la interrumpio John-, la nina a la que te refirieres como «tu hija» es de hecho tan hija mia como tuya. Segundo, yo no soy aqui el chico malo. No habria mencionado a los abogados si tu no me hubieses dejado muy claro que no me ibas a dejar ver a Lexie de nuevo.

Georgeanne sintio el resentimiento que destilaba su voz y aspiro profundamente.

– Vale, pues he cambiado de idea. -No se podia permitir discutir con el, aun no. No hasta que obtuviera lo que queria.

John se repantigo en la silla y se metio los pulgares en los bolsillos delanteros de los vaqueros. Entrecerro los ojos y la desconfianza que sentia se le noto claramente en la boca.

– ?No me crees?

– Francamente, no.

Mientras esa tarde iba hacia alli en el coche, habia imaginado varios «si el dice eso, entonces yo dire esto» y tenia todos los contraargumentos preparados en su mente, pero nunca habia imaginado que no la creeria.

– ?No confias en mi?

La miro como si estuviera chiflada.

– En absoluto.

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