Hugh sonrio.
– Tu amiga.
Cuando el sonreia y se le iluminaban los ojos de esa manera, Mae podia entender por que algunas mujeres lo encontraban tan atractivo.
– ?Georgeanne?
– Si. -Rodeo el cuello de la botella con los dedos-. A el le gustan las mujeres como ella. Siempre ha sido asi. Si no fuera asi, no lo estaria pasando tan mal. Lo ha dejado destrozado.
Mae casi se atraganto con la bebida. Se lamio el licor de cafe del labio y murmuro:
– ?Que lo ha dejado destrozado? Georgeanne es una persona estupenda y el ha convertido su vida en un infierno.
– Yo de eso no se nada. Solo conozco la version de John, bueno, la verdad es que el no habla de su vida con nadie, pero se que cuando se entero de la existencia de Lexie se quedo helado. Estuvo unos dias tenso y con los nervios de punta. Solo hablaba de ella. Cancelo un viaje a Cancun que llevaba meses preparando y paso tambien de la Copa Mundial. En vez de eso invito a Lexie y a Georgeanne a su casa de Oregon.
– Solo porque queria conseguir con mentiras que Georgeanne confiara en el para joderla bien jodida, en los dos sentidos.
El se encogio de hombros.
– No se lo que sucedio en Oregon, pero tiene sentido lo que tu estas insinuando.
– Y sobre eso de que el esta herid…
– ?Mae? -Les interrumpio una voz masculina. Ella se giro a la izquierda y alzo la mirada para encontrarse a Ted que estaba de pie al lado de la mesa-. Siento el retraso, pero he tenido problemas para llegar a tiempo.
Ted era bajo y delgado y Mae se fijo por primera vez que llevaba los pantalones muy subidos. Parecia muy enclenque al lado del pedazo de hombre sentado al otro lado de la mesa.
– Hola, Ted -lo saludo Mae y luego le presento a Hugh-. Este es Hugh Miner.
Ted sonrio y le tendio la mano al conocido portero.
Hugh ni sonrio ni le dio la mano a Ted. Se levanto y miro fijamente al hombre de menor tamano.
– Solo voy a decirtelo una vez -dijo con voz calmada-. Vete al infierno o te dare una paliza.
La sonrisa de Ted y su mano cayeron al mismo tiempo.
– ?Que?
– Si te acercas a Mae otra vez, te golpeare hasta que no seas mas que un munon ensangrentado.
– ?Hugh! -jadeo Mae.
– Luego cuando tu esposa vaya al hospital para identificar tu cuerpo -continuo-, le contare por que tuve que patearte el culo.
– ?Ted! -Mae se puso de pie colocandose entre los dos hombres-. Esta mintiendo. No te va a hacer dano.
Ted paso la mirada de Hugh a Mae, luego sin decir ni una palabra se giro sobre los talones y practicamente corrio calle abajo. Mae solto la chaqueta de Hugh en la mesa y se acerco a el. Cerrando el puno comenzo a darle punetazos en el pecho.
– ?Eres un maton! -Las personas que estaban sentadas cerca comenzaron a mirarla, pero no le importo.
– Ay. -El levanto la mano y se froto el pecho-. Para ser tan poca cosa, pegas bastante fuerte.
– ?Que te pasa? Era mi cita -se enfurecio Mae.
– Si, y deberias estarme agradecida. Que gusano.
Ella sabia que Ted era un poco gusano, pero era un gusano atractivo. Ademas habia tardado tres meses en encontrarlo y ni siquiera lo habia catado. Cogio el bolso de la mesa y miro al final de la calle. Si se apuraba, aun podria alcanzarlo. Cuando se estaba marchando, sintio que unos dedos le apretaban el brazo con fuerza.
– Deja que se vaya.
– No. -Mae trato de liberar el brazo, pero no pudo-. Maldito seas -juro mientras veia desvanecerse la ultima posibilidad de alcanzar a Ted-. Seguro que ya no me llamara mas.
– Seguro que no.
Ella fruncio el ceno ante la cara de risa de Hugh.
– ?Por que lo has hecho?
El se encogio de hombros.
– No me gusto.
– ?Que? -Mae se rio sin humor-. ?Y a quien le importa si te gusta a ti o no? No necesito tu aprobacion.
– No es el hombre que necesitas.
– ?Como lo sabes?
El le sonrio.
– Porque te aseguro que ese hombre soy yo.
Esta vez la risa de Mae sono divertida.
– Debes de estar bromeando.
– Estoy hablando en serio.
No lo creyo.
– Eres exactamente el tipo de tio con el que no salgo nunca.
– ?Que tipo?
Ella se miro el brazo que el sujetaba con fuerza.
– El de los machotes musculosos y egocentricos. Hombres que creen que pueden mangonear a los que son mas pequenos y debiles que ellos.
Hugh le solto el brazo y cogio la chaqueta de la mesa.
– No soy un egocentrico y no trato mal a la gente.
– ?En serio? ?Y que es lo que acaba de pasar con Ted?
– Ted no cuenta -puso la chaqueta sobre los hombros de Mae otra vez-, pero seguro que el si tiene el sindrome ese de los que mangonean a los debiles y pequenos. Seguro que golpea a su mujer.
Mae lo miro cenudamente ante tan escandalosa suposicion.
– ?Y que pasa conmigo?
– ?Contigo?
– A mi me tratas mal.
– Carino, tu si que me tratas como si fueras un martillo de demolicion.
Le subio el cuello de su cazadora hasta la barbilla y le puso las manos sobre los hombros.
– Y creo que te gusto mas de lo que quieres admitir.
Mae le recorrio con la mirada y cerro los ojos. Esto no podia estar pasando.
– Ni siquiera me conoces.
– Se que eres hermosa y que pienso todo el tiempo en ti. Me siento muy atraido por ti, Mae.
Sus ojos se abrieron de par en par.
– ?Por mi? -Los hombres como Hugh no se sentian atraidos por mujeres como ella. Era un as del deporte. Y ella era una chica de pecho plano demasiado flaca que no habia tenido ni una cita hasta despues del bachillerato-. No tiene gracia.
– No creo que la tenga. Me gustaste desde la primera vez que te vi en el parque. ?Por que crees que te he estado llamando?
– Pense que te iba eso de acosar a las mujeres.
El se rio.
– No. Solo a ti. Tu eres especial.
Por un momento Mae se permitio creerlo. Por un momento se sintio halagada por las atenciones de ese gran deportista, pero no tenia intencion de salir con el. El momento duro hasta que recordo como se habia metido con ella la primera vez que se habian visto.
– Eres realmente imbecil -dijo ella.
– Espero que me des la oportunidad de hacerte cambiar de idea.
Ella le agarro la muneca.
– Te aseguro que no tiene gracia.
– Nunca pense que fuera gracioso. Normalmente soy yo quien rechazo a las tias. Nunca me habia sentido atraido por alguien que me odiara.
