Estaba tan serio que casi le creyo.

– Yo no te odio -confeso.

– Bueno, eso es un principio, creo. -El deslizo las manos de los hombros al cuello de Mae y le inclino la barbilla con los pulgares-. ?Todavia tienes frio?

– Un poco. -El calor de esas manos en la garganta se extendio hasta su vientre. Estaba sorprendida y algo pasmada ante esa reaccion.

– ?Quieres que cojamos las bebidas y entremos?

La sorpresa se transformo en confusion.

– Quiero ir a casa.

La decepcion asomo en la mueca que esbozo Hugh y movio las manos a la parte superior de sus brazos.

– Te acompanare al coche.

– Vine en taxi.

– Entonces te llevo a casa.

– De acuerdo, pero no te invitare a entrar -dijo ella. Habia mujeres que la podian considerar promiscua, pero todavia tenia sus reglas. Hugh Miner era guapo y tenia exito, pero, aunque se comportaba como un perfecto caballero, no era su tipo.

– Eso depende de ti.

– Te lo digo en serio. No puedes entrar.

– Vale. Si quieres, te prometo que ni siquiera me bajare de la moto.

– ?Moto?

– Bueno, vine en la Harley. Te va a encantar. -Le paso el brazo sobre los hombros y se dirigieron hacia la entrada del bar-. Antes tengo que buscar a Dmitri y a Stuart para decirles que me marcho.

– No puedo montar contigo en una moto.

Se detuvieron en la entrada y dejaron pasar a un grupo delante.

– Claro que puedes. No dejare que te caigas.

– No estoy preocupada por eso. -Ella lo miro a la cara iluminada por la luz anaranjada de la bombilla que habia encima de la puerta-. Es que no llevo ropa interior.

El se quedo helado durante unos segundos, luego sonrio.

– Bueno, quien lo iba a decir. Ya tenemos algo en comun. Yo tampoco.

John siguio a Caroline Foster Duffy a traves del pasillo de la gran casa de Virgil, en Bainbridge. Tenia el cabello rubio con hebras grises y unas pequenas arrugas habian aparecido en las comisuras de sus ojos. Era una de esas mujeres lo suficientemente afortunadas como para madurar con gracia y sabiduria. Tenia la sabiduria de no luchar contra la edad ni con un tinte azul ni con cirugia plastica y la gracia para mantenerse bella a los sesenta y cinco anos.

– Virgil te esta esperando -dijo mientras atravesaban el comedor. Se detuvo ante una puerta de doble hoja de caoba y miro a John con la preocupacion brillando en sus ojos azul claro-. Voy a tener que pedirte que tu visita sea lo mas corta posible. Se que Virgil te llamo para verte esta noche, pero lleva un par de dias trabajando mas duro de lo normal. Esta cansado, pero no descansa. Se que le pasa algo, aunque no me dice que es. ?Sabes que puede ser? ?Es algo del equipo?

– No lo se -contesto John. Estaba en el segundo ano de un contrato de tres y no tenia que preocuparse de las negociaciones hasta el ano siguiente, asi que dudaba que Virgil le hubiera llamado para discutir sobre su contrato. Y ademas, no se ocupaba de las negociaciones en persona, pagaba a una agencia de representantes deportivos para que se encargaran de sus asuntos profesionales.

– Crei que queria hablarme de los futuros fichajes -dijo, aunque pensaba que el deseo de Virgil de hablar con el en persona resultaba extrano, sobre todo, un viernes por la noche.

Caroline fruncio el ceno antes de darse la vuelta para abrir la puerta del estudio.

– Ha llegado John -le anuncio, entrando en el despacho de Virgil. John la siguio a una habitacion decorada con cuero y madera color cereza, esculturas de pescadores japoneses y litografias de Currier e Ives. Las diferentes texturas daban impresion de riqueza y buen gusto-. Pero solo le dejo quedarse media hora -continuo Caroline-. Luego lo acompanare a la puerta para que puedas descansar.

Virgil levanto la vista de los papeles dispersos por el escritorio.

– Cierra la puerta al salir -fue lo que le respondio a su esposa.

Ella no dijo nada, pero apreto los labios en una delgada linea al salir de la habitacion.

– ?Por que no te sientas? -Virgil le senalo una silla en el lado contrario del escritorio.

John escruto la cara del anciano, y supo por que lo habia llamado. La amargura y la fatiga habian hecho aparecer unas grandes ojeras bajo los ojos de Virgil. En ese momento aparentaba los setenta y cinco anos que tenia. John se sento en un sillon de cuero y espero.

– El otro dia parecias genuinamente sorprendido de ver a Georgeanne Howard en television.

– Lo estaba.

– ?No sabias que hacia un programa aqui en Seattle?

– No.

– ?Como es eso, John? Se de buena tinta que os conoceis bien.

– Parece que, por lo que se ve, no nos conocemos tanto -contesto John, preguntandose que sabia Virgil exactamente.

Virgil cogio una hoja de papel y se la paso por encima del escritorio.

– Este papel dice que estas mintiendo.

John tomo el documento y rapidamente examino la copia de la partida de nacimiento de Lexie. Aparecia como el padre de Lexie, algo que lo complacia, pero no le gustaba que husmearan en su vida personal. Lanzo el papel encima del escritorio y se enfrento a la mirada de Virgil.

– ?Donde has obtenido esto?

Virgil agito la mano para quitarle importancia a la pregunta de John.

– ?Es verdad?

– Si, lo es. ?Donde lo has conseguido?

Virgil encogio los hombros.

– Contrate a alguien para investigar un poco a Georgeanne e imagina mi sorpresa cuando vi tu nombre. - Sostuvo en alto varios documentos legales junto con la aceptacion de John de su paternidad. Virgil no se los entrego, pero no necesitaba hacerlo. John tenia una copia en casa-. Al parecer has tenido una nina con Georgeanne.

– Eso ya lo sabias, ?por que no te dejas de sandeces y vas al grano?

Virgil solto los papeles.

– Esa es una de las cosas que siempre me han gustado de ti, John. No te andas por las ramas. -Y sin apartar la mirada, pregunto-: ?Tuviste relaciones sexuales con mi novia antes o despues de que me dejara plantado en el altar haciendome parecer un viejo tonto y ridiculo?

Si bien a John no le gustaba que husmearan en su pasado o en su vida personal, en esa ocasion pensaba que la pregunta de Virgil era algo justo. Lo respetaba lo suficiente para creer que merecia una respuesta.

– Conoci a Georgeanne despues de que abandonara la boda. Nunca la habia visto antes; salia de la casa cuando yo me iba y me pidio que la llevara. No llevaba vestido de novia y no sabia quien era.

Virgil se recosto en la silla.

– Pero lo averiguarias en algun momento.

– Si.

– Y a pesar de saberlo, te acostaste con ella.

John fruncio el ceno.

– Obviamente. -Tal y como estaban las cosas, le habia hecho a Virgil un gran favor llevandose a Georgeanne de la boda. Ella podia ser muy mezquina y John no creia que Virgil se tomara nada bien que le dijeran que no era memorable en la cama. No como John. Virgil estaba mejor sin ella. Ella podia conseguir que un hombre se sintiera ardiente y duro para luego hacerlo avergonzarse de si mismo al recordarle con aquella voz dulce y afilada su segundo matrimonio con una stripper. Era muy cruel, de eso no tenia ninguna duda.

– ?Cuanto tiempo fuisteis amantes?

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