comportarse.

– ?Ensenar a quien? A Pongo o a tu papa.

– Eso no tiene gracia, Georgie.

– Lo se. Devuelvelo, John.

– Ojala pudiera. Pero la vendedora dijo que no puede devolverse. No puedo devolver a Pongo. -Veia a Georgeanne alli de pie tan guapa como siempre y muy, muy enfadada. Pero por primera vez desde Cannon Beach no queria pelearse con ella. No queria provocarla mas-. Lo siento, pero Lexie empezo a llorar y no pude decir que no. Le puso nombre y lloro en mi cuello y cuando me quise dar cuenta, ya le habia dado a la dependienta mi tarjeta de credito.

– Alexandra Mae, entra en casa.

– Aja -dijo Lexie, luego abrazo a su perro, agacho la cabeza y paso corriendo delante de su madre.

John se movio para seguirla, pero Georgeanne le corto el paso.

– Le he dicho a esa nina durante cinco anos que no puede tener a una mascota hasta que cumpla diez. Te la llevas unas horas y vuelve a casa con un perro sin pelo.

El levanto su mano derecha.

– Lo se y lo siento. Prometo que comprare toda su comida y Lexie y yo lo llevaremos a adiestrar.

– ?Puedo pagar su maldita comida! -Georgeanne levanto las manos y se presiono la frente con los dedos. Sentia como si fuera a estallarle la cabeza-. Estoy tan enfadada que no puedo pensar.

– ?Ayudaria que te dijera que compre un libro sobre esa raza?

– No, John -suspiro ella, dejando caer las manos-. No ayudaria.

– Tambien tengo un transportin. -La tomo de la muneca y la arrastro con el-. Le compre un monton de cosas.

Georgeanne trato de ignorar la aceleracion de su pulso cuando la cogio.

– ?Que clase de cosas?

El abrio una de las puertas traseras del Range Rover y le paso un pequeno transportin para perros.

– Supongo que se pasara la noche ahi y asi no se hara pis en el suelo -dijo, y luego metio la cabeza dentro del vehiculo otra vez-. Aqui hay un libro de entrenamiento, otro de chihuahuas y otro mas, hizo una pausa para leer el titulo, Como educar un perro para vivir con el. Comida, galletitas para perros, juguetes para masticar, collar y correa y un sueter pequeno.

– ?Sueter? ?Compraste todo esto en la tienda?

– Voy a cerrar. -Dio la vuelta y metio la cabeza por el otro lado.

Por encima del transportin, Georgeanne recorrio con la mirada los bolsillos traseros del pantalon de John. Sus vaqueros estaban descoloridos en algunos lugares y estaban sujetos por un cinturon de cuero.

– Se que esta por aqui en alguna parte -le dijo, y ella rapidamente miro al maletero del todoterreno. Estaba lleno de grandes bolsas de juguetes y una caja donde ponia Ultimate Hockey.

– ?Que es todo eso? -pregunto, senalandolo con la cabeza.

John la miro por encima del hombro.

– Son cosas que he comprado para Lexie. No tengo nada para ella cuando esta en mi casa, asi que hemos comprado algo. No puedo creer cuanto cuestan las Barbies. No sabia que valian sesenta dolares cada una. -Se enderezo y le dio un tubo-. Es la pasta dentifrica de Pongo.

Georgeanne estaba consternada.

– ?Has pagado sesenta dolares por una Barbie?

El se encogio de hombros.

– Bueno, piensa que una venia con un perro de lanas, otra con una chaqueta estampada de cebra y una boina a juego, creo que no me timaron demasiado.

Lo habian embaucado. A los pocos dias de abrir las cajas, Lexie tendria esas munecas desnudas por la casa y pareceria que las habia recogido de una tienda de segunda mano. Georgeanne raramente compraba juguetes caros a Lexie. Su hija no los trataba mejor porque hubieran costado mas y, ademas, habia muchos meses en los que Georgeanne no podria permitirse el lujo de gastarse ciento veinte dolares en unas munecas

Tenia tendencia a volverse un poco loca y gastar bastante en navidades y en los cumpleanos, pero tenia que hacer calculos y ahorrar dinero para esas ocasiones. John no lo hacia. El mes pasado, cuando su abogado habia elaborado el acuerdo de custodia, se habia enterado de que John ganaba seis millones de dolares al ano jugando al hockey e invirtiendo. Ella nunca podria competir con eso.

Miro la cara sonriente de John y se pregunto que estaria tramando. Si no tenia cuidado, el lo tomaria todo y ella se quedaria sin nada excepto ese perro sin pelo.

Capitulo 17

– ?Como quieres el cafe? ?Solo o con leche? -le pregunto Georgeanne a Mae mientras llenaba el filtro metalico con cafe expres.

– Con leche -respondio Mae sin dejar de mirar a Pongo que estaba tumbado mordisqueando una galleta para perros-. ?Demonios!, que perro mas patetico. Hasta mi gato es mas grande que ese chucho. Bootsie se lo comeria de un bocado.

– Lexie -grito Georgeanne-. Mae esta insultando a Pongo otra vez.

Lexie se dirigio hacia la cocina, haciendo aspavientos con las manos ocultas por las mangas del chubasquero.

– No insultes a mi perro. -Frunciendo el ceno cogio la mochila de la mesa-. Es muy sensible. -Se arrodillo y acerco su cara a la del perro-. Ahora teno que irme al cole, te vere mas tarde. -La mascota dejo de comerse la galleta el tiempo suficiente para darle un lametazo a Lexie en la boca

– Oye, ya hemos hablado de que no puedes hacer eso -la regano Georgeanne mientras cogia un carton de leche desnatada de la nevera-. Los perros tienen habitos poco saludables.

Lexie se encogio de hombros y se levanto.

– No me importa. Le quiero.

– Ya, pero a mi si que me importa. Ahora sera mejor que te apresures a recoger a Amy o perdereis el autobus.

Lexie fruncio los labios para darle un beso de despedida.

Georgeanne meneo la cabeza y acompano a Lexie a la puerta principal.

– Yo no beso a las ninas que se dedican a besar perros que se lamen el culo. -Desde la entrada observo como Lexie cruzaba la calle y despues regreso a la cocina-. Esta loca por ese perro -le comento a Mae mientras echaba un vistazo a la cafetera-. Lo tiene desde hace cinco dias y ya esta totalmente integrado en nuestras vidas. Deberias ver la camisetita vaquera que le hizo.

– Tengo que decirte algo -farfullo Mae con rapidez.

Georgeanne miro a su amiga por encima del hombro. Sospechaba que a Mae le pasaba algo. Por lo general no iba tan temprano a su casa para tomar cafe y hacia dias que la encontraba algo distante.

– ?Que pasa?

– Le quiero.

Georgeanne sonrio mientras llenaba la cafetera con una jarra.

– Yo tambien te quiero.

– No. -Mae meneo la cabeza-. No, me refiero a Hugh. Le quiero a el, quiero a Hugh, el portero.

– ?A quien? -Las manos de Georgeanne se detuvieron en el aire y arrugo el ceno-. ?Al amigo de John?

– Si.

Georgeanne coloco la jarra de cristal en la cafetera, pero se olvido de encenderla.

– Creia que lo odiabas.

– Lo hacia. Pero ya no lo hago.

– ?Que ha pasado?

Mae parecia tan confusa como Georgeanne.

– ?No lo se! Me llevo a casa desde un pub el viernes pasado por la noche y ya no se fue.

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